Libros: Las bestias negras (+ entrevista a Jaime Mesa)

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| 27 May 2015

Libros: Las bestias negras (+ entrevista a Jaime Mesa)

| 27 May 2015

Todos sabemos de alguien que tiene un jefe controlador, capaz de manipular a sus empleados a tal grado de interferir en sus vidas privadas y convertirlos en sus lacayos más fieles. Patrones que ejercen sobre sus empleados tal dominio psicológico que éstos se ven obligados a serles leales y a cumplir cualquier tipo de orden.

¿Les suena? Pues así es Eliseo de la Sota, personaje central de Las bestias negras, la nueva novela del escritor mexicano Jaime Mesa, que nos trae una historia obscura pero adictiva sobre la ambición desmedida.

Describir a Eliseo no es fácil, ya que se trata de un hombre lleno de claroscuros y que es movido por pasiones que permanecen ocultas a la mayoría de las personas que se relacionan con él. Sin tener muchos méritos propios, es Director de Cultura de una entidad del país, lo que le da cierto poder, posición económica y el acceso a un presupuesto menor, aunque nada despreciable. Si bien su poder es límitado, le resulta suficiente para mover los hilos no sólo de la cultura sino también para controlar la vida de quienes trabajan para él, principalmente de sus cuatro colaboradores más cercanos.

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Por medio de una narrativa envolvente que nunca pierde ritmo y que nos mantiene todo el tiempo pegados a la historia, Mesa nos muestra lo triste que es la vida de estos subordinados, quienes en distintos niveles y por distintas causas, se encuentran bajo el yugo de Eliseo.

Así, es inevitable preguntarnos: ¿Qué lleva a un empleado a soportar tratos crueles y humillantes por parte de su jefe, y a pesar de todo serle fiel?

Las cosas se complican cuando en el cierre de un festival cultural, Eliseo es captado dandole un beso al actor internacional Marcelo Combs, quien se encuentra en la ciudad para participar en una obra de teatro. Cuando la foto es publicada en un diario de corto alcance, la vida de Eliseo se trastoca y las ondas expansivas del escándalo alcanzan a sus subordinados, complicando aún más esta relación admiración-temor-odio.

“El obscuro mundo de la cultura” es otro de los temas centrales en en este libro. Si alguno de nuestros lectores ha tenido la oportunidad de asistir a eventos culturales, entonces sabe que están llenos de poses e intereses burocráticos que relegan al arte y las expresiones humanas a un segundo plano. Pues bien, esta novela es un interesante tratado sobre lo miserable, triste y deprimente que puede llegar a ser la cultura cuando es manejada por alguien equivocado.

La trama, además, se ve enriquecida gracias a los toques de humor involuntario y muy sutil que aparecen en muchos pasajes y que le quitan pesadez y obscuridad a la historia.

Si se topan con esta novela no dejen de leerla, les aseguramos que una vez que comiencen no la querrán dejar.

Las bestias negras
Jaime Mesa
Editorial Alfaguara

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Hace más de un año, tuvimos la oportunidad de platicar con Jaime Mesa sobre su novela Los Predilectos. Ahora, nuevamente volvimos a encontrarnos con él y otra vez sostuvimos una charla muy agradable -esta vez sobre Las bestias negras- Misma que les compartimos a continuación:

Sopitas.com: Gracias por aceptar esta entrevista Jaime. Al leer el libro me preguntaba de dónde surgió la idea primaria de esta novela, esa que te hizo profundizar en un tema como la burocracia en la cultura. ¿Qué te llevó a escribir esta historia?

Jaime Mesa: Hay muchísimas historias de un jefe que ataca al subalterno, de broncas de subalternos con su jefe, de falta de liderazgo, o de instrucciones equivocadas. Todos conocemos casos así en donde la burocracia, no solamente cultural sino cualquiera, se convierte en un desorden.

La idea inicial partió de analizar el asunto del poder, es decir, yo tenía una premisa muy sencilla que era “Alguien, con un espíritu débil, recibe mucho poder ¿qué hace con él?”. Como no nos educan para ser líderes en este país, siempre es como ajustarse a una cadena de mando. Yo tenía la idea de que cualquiera de nosotros podría estar en esas circunstancias de que, de un día para otro, nos subamos a un ladrillo y se caiga el mundo o se destroce.

Esa era la construcción. No la conocía mucho, me había asustado o había sentido cierto temor hacia esas personas muy poderosas porque me aterrorizaban un poco sus desplantes, es decir, que por una neurosis pudieran negarte un cheque y no por tu trabajo, sino por esa poca estabilidad que a veces tenemos en cualquier ámbito de la sociedad. Eso es lo que quería rescatar, de ahí fui rascando. No conocía mucho los personajes, ni a los subalternos, ni a Eliseo de la Sota. Esta novela es una especie de tratado de psicología del burócrata o de alguien del poder, porque en cada pasito iba encontrándome un cierto desconocimiento y emprendí un diálogo con los personajes y ellos mismos me iban contando por qué hacían lo que hacían. Me preocupaba mucho por qué alguien puede estar diez años con una persona que lo está desgraciando emocionalmente, es decir, porque no puede renunciar ¿acaso no tiene otras perspectivas?

Al analizar la vida intima de los cuatro subalternos de Eliseo, y ver que aparentemente tienen una vida normal, vi ciertas carencias y ciertos vacíos que los hicieron agarrar una figura casi paterna que aunque los aplaste, se van con él. Entonces, primero quise analizar al poder y luego elegí al sector cultural porque hay muchas historias y es un lugar que en apariencia es un territorio pequeño con poco presupuesto donde los reflectores no están viendo todo el tiempo, un lugar donde en apariencia, Eliseo de la Sota podía hacer lo que quisiera. Entonces, esta novela fue una consecuencia de pensar el poder.

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Sopitas.com: Cuando leía el libro, al principio el personaje de Eliseo me cayó bien, luego mal, después lo odié e incluso lo compadecí. Si eso le pasa al lector, ¿cuál fue tu relación con este personaje y cómo terminaste llevándote con él cuando terminaste de escribir el libro?

Jaime Mesa: Al principio había mucho odio, quería escribir la novela para vengarme de Eliseo de la Sota, es decir, como un símbolo, como si fuera una pera de boxeo para estarle pegando a un objeto para liberar cierta frustración e impotencia que produce el enojo hacia esa gente que cree que es invencible. De alguna forma los primeros rounds o los primeros capítulos -donde dices que te cayó bien- era un tipo coherente que tenía sus miedos y nervios. Luego fue creciendo su ego y era un asunto de “yo no quiero conocer a este tipo, me cae muy mal, es un hijo de la chingada, quiero hacerle algo”, entonces el miedo iba escalando pero también el conocimiento de él, es decir, entre más lo odiaba más sentía un interés en conocerlo y como naranja le iba quitando las capas y me empezó a resultar una persona tremendamente ridícula. Es en ese momento cuando uno lo compadece, porque dices “híjole, pobrecito, esos gritos que les da a sus subalternos, esas acciones, ni siquiera él mismo sabe que es un payaso que ya pasó de ser un dictador o un rey, a ser un bufón en su misma corte”.

De alguna manera fue cambiando, y conforme fui conociéndolo, fui ridiculizándolo más, enviándole mensajes para que en un corto espacio el tipo se parara y se golpeara la cabeza. Como lo puse en un escenario pequeño era como una cabra en una cristalería, caminaba tantito y rompía algo, caminaba un poco más y rompía otra cosa. Así hasta esa imagen que no contaremos pero que es como una pelea de botargas que es maravillosa y que yo estaba carcajeándome diciendo “esta gente patética, esos movimientos ya ridiculizados en sí mismos y al final fue como salir tablas”. Después de esa escena épica de las botargas y luego con esa ola del final lo vi abandonado, medio triunfante y medio decadente, ya no sentía la necesidad de pisotearlo pues ya me había puesto a mano con él.

Cuando terminé la novela y la releí dije “bueno, ya, tú tuviste un golpe, yo tuve el mío, creo que quedaste expuesto y ese es sólo tu castigo”. Al final no era darnos la mano, porque quedé como enemigo de Eliseo, pero de alguna forma le apliqué una muerte civil, ni lo chingué ni le ayudé, lo dejé morirse solito.

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Sopitas.com: Ahondas mucho en la vida de los subalternos de Eliseo. ¿Cuál de estos personajes te costó más trabajo construir y a cuál le agarraste más cariño?

Jaime Mesa: Cariño a ninguno, es decir, aunque en apariencia son víctimas de este tipo, y mi primera intención sería salvarlos, entendí que ellos no querían ser salvados, que estaban ahí porque lo habían decidido, que no son niños, que de alguna forma les gustaba lo que el poder hacía y les podía prometer, y estaban yéndose al abismo ellos solitos, entonces de alguna forma los conocí y no hice ningún pacto para salvarlos. A lo mejor podría haberlos liberado y dejar a Eliseo, como sí pasa en un personaje que se va pero que es como la oveja negra, como la satanizada que nadie quiere, pero para ser honesto no me sentí cercano de ninguno de los subalternos, a todos los desprecié un poquito.

Entre Reza Martinez, Nydia, Osorno, Jimena… no sé, quizá Reza Martínez es la que más me interesaría porque pienso que es el personaje más fuerte que en un momento tiene el control y más poder que los otros subordinados. En un momento pensé que como ella sabía bien lo que quería en la vida, se iba a salvar a sí misma. Ella es la única que consigue el amor y puede ser su puerta de salvación, pero empiezo a aborrecerla cuando me doy cuenta que ni siquiera por eso quiere hacerlo y cancela toda su vida para seguir con Eliseo de la Sota. Ella es la que me atraería más por su carácter más duro y más profundo, aunque a los cuatro los desprecio.

Sopitas.com: ¿En qué momento decidiste darle a tu novela el título de Bestias Negras?

Jaime Mesa: Las Bestias Negras son como la paranoia de un egocéntrico que no se merece lo que tiene y piensa que en algún momento van a venir por él. Es un concepto que no se usa mucho en México pero que en España engloba muy bien a los enemigos políticos que siempre están al acecho. Es decir, “ese periodista va contra mí, es mi bestia negra”. Había una columna semanal en El País de Javier Marías donde él despotricaba por algo y de repente enfurecido menciona “entonces a ese político (no me acuerdo de quién estaba hablando) le van a caer las Bestias Negras con todo el peso de la moral”. Esa frase de “Las bestias negras” me interesó muchísimo y la traje a un concepto mexicano pero que embonaba perfectamente porque también tenía condición de rebaño, de lobos que van en una misma manada y de alguna forma luego lo definí como la neurosis y la paranoia de Eliseo de la Sota.

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Sopitas.com: He notado que te gusta interconectar tus novelas, por ejemplo, en Los Predilectos está el personaje de Lynda Combs, y en Las Bestias Negras, aunque ella nunca aparece físicamente, su sombra ronda a lo largo de toda la novela. ¿Por qué decidiste que fuera Lynda la que de alguna forma uniera estas dos historias?

Jaime Mesa: Lynda Combs, y en general todos los personajes de Los Predilectos, me parecían como mis juguetitos de niño. Como unos Playmobil que armé, les puse su ropita, y los puse a representar una historia que me interesaba. De alguna forma seguí los lineamientos del periodismo de espectáculos que hemos visto mucho en ciertos reportajes de MTV o de VH1, donde la cámara está sobre algún personaje famoso y vemos que tiene ramificaciones. Entonces pueden decir “Kurt Cobain ayer estuvo con Courtney Love, y Courtney Love estuvo con Slash, y Slash no sé qué…” Esa idea de que todo está conectado me interesaba mucho en Los Predilectos.

En Las Bestias Negras, aunque es un contexto mexicano y en términos cronológicos la historia se ubica 15 años después de Los Predilectos, yo estaba navegando con los personajes y necesitaba a uno mediocre que derribara a otro personaje mediocre, que es Eliseo de la Sota. Al principio Marcelo Combs existía como un cantante o escritor -no recuerdo bien- que tiene cierto bagaje en el extranjero y eso lo vende como si fuera oro. Cuando empecé a trabajar en Las Bestias Negras recordé que tenía a Marcelo Combs, que es el hijo de Lynda Combs, el cual no aparecía mucho en Los Predilectos y que al final de esa novela hay un enigma con su futuro pues todo parece indicar que Lynda logró su cometido, refugió a su hijo de las garras del poder y la fama, y de pronto, 15 años después, nos encontramos que Marcelo no es un predilecto, sino un actor mediocre que vive engañando a otros mediocres. De alguna forma fue “necesito un personaje, para qué invento otro si tengo a Marcelo Combs a quien no le di mucho juego en la primera novela”.

De alguna forma me reconocí ampliando el universo de Los Predilectos y eso me gustó. Primero fue una coincidencia y después como una curiosidad, un cameo que sólo reconocen los iniciados. Por eso, además del uso dramático que le di a Marcelo Combs, es como un guiño a los coleccionistas de pistas interesantes en la literatura.

Sopita.com: En Las Bestias Negras te adentraste mucho en el mundo de la política cultural y toda la burocracia que la rodea. ¿El panorama es tan desalentador como lo muestras en la novela?

Jaime Mesa: Yo pensaría que no, es decir, creo que conozco a más funcionarios leales que son buenas personas que a malos funcionarios. Aunque a raíz de la salida de Las Bestias Negras mucha gente se me acerca a decirme cosas como “Oye, Eliseo de la Sota es alguien del norte” o “ese personaje es como alguien del sur”. En apariencia, quienes la están leyendo encuentran a su propio Eliseo de la Sota en la vida real y eso me preocupa bastante.

Con esta novela toque esas fibras y la gente, como si estuviera alertada por la novela, los está reconociendo. Eso no me agrada porque significa que sí hay Eliseos de la Sota en todo México. Aunque también me gusta porque identificarlos y reconocerlos es el primer paso para perderles el miedo y quitarlos.

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Sopitas.com: Me gustó que la historia arranque linealmente y después comienzas a saltar en el tiempo, ¿qué nos puedes comentar al respecto?

Jaime Mesa: Fue una cosa que no fue a propósito porque Las Bestias Negras es mi novela menos literaria. Si en Rabia y Los Predilectos me había preocupado por un mapeo estructural y lograr ciertas cosas que pude o no conseguir, acá toda la estructura, el ritmo y la prosa, y la tercera persona en que está construida me lo dieron los personajes que fui construyendo y entendiendo.

Eso que dices de ir lineal y luego regresar me lo daba el desconocimiento de los personajes y las ganas de conocerlos. Entonces me sentaba a tomar un café con ellos y conocerlos, y en esa pausa, ellos me contaban una historia pasada que me ayudaba a entender algún asunto del presente o incluso del futuro. Entonces de forma circunstancial y basado totalmente en el deseo de conocimiento hacía los personajes, recibí el aliento para escribir esta novela. El pacto de conocernos e irnos diciendo cosas, esa “respiración y no” que por momentos parecería como el de dos boxeadores dando vueltas en el ring, que van golpeándose y midiéndose, y que cierra como un círculo, fue el gran regalo de recibí en Las Bestias Negras: Una estructura que funciona, que creo que hace dura, progresiva y fuerte la novela, y que fue idea e intuición de los personajes.

Sopitas.com: ¿Qué viene después de tus primeras tres novelas?

Jaime Mesa: Rabia es sobre la soledad, Los Predilectos sobre la fama y Las Bestias Negras sobre el poder, pero la columna vertebral que las unifica es la preocupación por el vacío existencial, ese que tanto le preocupaba a Konstantine y a Lynda Combs en Los Predilectos y que es “ajá, tengo una carrera espectacular, ganó un Premio Nobel ¿y me muero?”, es decir, me preocupa que no podamos comprar la eternidad y entonces, aunque cumplas todos los requisitos de la vida, te vas a morir.

De alguna forma, he rondado esos miedos que son muy infantiles, que evolucionan en la adolescencia y que aunque ahora me preocupan, son cosas que no me quitan el sueño pero eso sí, son buenos temas literarios. Después de mi cuarta novela, que ya la terminé, tengo otras tres en proyecto para los próximos años. La que ya acabé es sobre la lucha generacional entre una pareja conformada por una fotógrafa joven y un escritor maduro, la propuesta es que resulta imposible reconciliar dos tipos de generaciones que se llevan únicamente 10 o 15 años, pero que gracias a la era digital, los gustos y la educación, hace que entre los dos surjan muchísimos problemas. Esa novela me gusta bastante porque trabajo mucho el asunto de la cultura popular.

Sopitas.com: En Las Bestias Negras vemos un panorama sombrío, pero te sigo en Twitter (@jmesa77) y me doy cuenta que eres una persona con un gran sentido del humor ¿cómo le haces para entrar en la oscuridad de las historias que escribes y después salir y vivir tu vida de un modo totalmente diferente?

Jaime Mesa: Es buenísima pregunta. Creo que es una posición vital de “mi literatura no es mi vida, ni mi vida es mi literatura”. Mi literatura sí son mis obsesiones, esas que tenemos todos pero que no son “Diarios de campo” ni quejas de lo que me pasa. Si tengo una vida feliz no voy a escribir una novela feliz porque la estoy viviendo. De alguna forma lo que escribo son cosas que me gustaría entender o hacer, y que las voy persiguiendo. Alguna vez, en una de mis dos primeras novelas alguien me criticaba porque decía que mi novela no estaba escrita como mi Facebook o como mi Twitter, pero mis redes sociales no son mi vida, sino proyecciones humorísticas de mi vida. Es como cuando le cuento algo a otra persona, le cuento ciertas cosas pero no le cuento otras. Es algo superficial que sí tiene que ver muchísimo conmigo pero mi vida también es otra cosa. Pienso que las redes sociales son un instrumento importante, pero también me gusta vandalizarlas un poco más.

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Mi literatura plantea mis demonios y yo vivo con mis ángeles. De alguna forma si yo estoy bien no tengo porque contarlo. De alguna manera tengo ambos mundos muy bien divididos y son cosas muy aparte que no dependen una de la otra, por eso sí, puedo ir y estar un domingo tranquilo con mi familia y en las noches decir “oigan, denme unas horas porque me voy a meter al proyecto literario”. De esa forma me siento seguro y navego en los dos ríos, tratando de no meter las piernas ni en uno ni en otro con la postura de que la vida y la literatura sí son muy diferentes. Si en algún momento llegué a pensar que una dependía de la otra, ahora creo que en primer lugar está la vida, que me interesa muchísimo más que escribir.

Lograrlo a veces me cuesta. Por ejemplo, la cuarta novela, la que te conté de la fotógrafa, es una novela muy azotada, deprimente y con alaridos de dolor. La estaba terminando justo cuando empecé con mi mujer y estábamos en un período de intenso enamoramiento. Lo sufrí un poco porque en las mañanas estaba muy bien con ella -todavía no vivíamos juntos- nos mensajeábamos e intenseábamos bonito y luego le decía “oye, ya son las 7, voy a escribir”, y apagaba el celular, me desenchufaba y me metía a la novela que era muy dolorosa. Ese cambio de voltaje sí me perturbó un par de meses pero bueno, logré sobrevivir.

Sopitas.com: ¿Cuánto tiempo le dedicas a escribir?

Jaime Mesa: Escribo por periodos, puedo pasar un año pensando en la novela y seis u ocho meses escribiendo. Cuando escribo lo hago una semana seguida, unas veinte páginas al día que son unas tres horas de trabajo más o menos. De repente me pierdo y ya no sé por dónde pero no me preocupo y me dedico a estar tranquilo dos semanas, a leer a salir y habitualmente pues entendí que sorpresivamente llega en dos semanas: Me estoy bañando, estoy cocinando y digo “¡ah, aquí está la continuación!”, dejo que todo se trabaje en la cabeza y listo. Casi siempre manejo una semana de trabajo por dos de descanso.

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Sopitas.com: ¡Muchas gracias Jaime!

Por @gabrielrevelo