Sobre las improbabilidades del amor

cultura
| 25 Mar 2017

Sobre las improbabilidades del amor

| 25 Mar 2017

Por Mariana Morales

Hace varios meses que no leía una novedad editorial. Entre Tennyson y Joyce y ensayos académicos, me obligué a hacer espacio para leer y escribir sobre una novela de una escritora de la que no había escuchado hasta que recibí el gordo libro de casi seiscientas páginas. Primera novela de la escritora y cineasta Hannah Rothschild, publicada en español a inicios del año, La improbabilidad del amor se dice ser una historia de amor, pero, más allá de la vida amorosa del personaje principal, retrata la relación del arte con las personas —tema debatido por intelectuales durante siglos— y su lado más dramático y obscuro. Con algunas nominaciones a reconocimientos literarios, lejos de ser un libro iluminador, posa cuestionamientos interesantes y un ambiente dinámico para quien gusta del arte y su historia.

Aunque toda la trama gira en torno a un cuadro ficticio del pintor Jean-Antoine Watteau, mismo que le da el nombre a la novela, la historia es difícil de resumir por la cantidad de sub-tramas que se desarrollan simultáneamente. Sin embargo, la narración principal se enfoca en la historia de Annie McDee, una joven que vive en Londres, insatisfecha con la vida que lleva tras una ruptura amorosa. Todo empieza cuando Annie decide comprar una pintura —con voz propia en algunos capítulos en los que nos cuenta su historia y la de sus dueños— que encuentra en una tienda de antigüedades para regalar a un amante que nunca aparece, desconociendo que la obra es de un famoso pintor del siglo XVIII y que una poderosa familia en el mundo del arte la quiere recuperar. A partir de esto, surge una amplia red de personajes unidos por las vidas solitarias que tienen y por su interés por el arte, particularmente en “La improbabilidad del amor”.

Pese a la descuidada edición con acentos faltantes, algunos dequeísmos y preposiciones y artículos fuera de lugar, la novela resulta fácil de leer por la sintaxis simple y el misterio de la trama. Mientras ésta se desenvuelve, al inicio caóticamente por razones que cobran sentido hasta el final, la narración plasma uno de los mensajes centrales con sus descripciones físicas tan detalladas de edificios, banquetes y personas: ante la soledad y tristeza humanas, buscamos llenar nuestros vacíos con vanidad o, como dice la novela, “el reconfortante poder de la belleza”. El texto mismo reconoce que los atributos físicos no sirven para evocar la esencia de una persona (o un objeto), pero aun así hace énfasis en las apariencias para señalar la paradójica relación entre la humanidad y el arte.

Dice Oscar Wilde en el prefacio a El retrato de Dorian Gray que es el espectador, y no la vida, lo que el arte refleja. Esta premisa sirve de motor para varios de los personajes en la novela, pues aman la pintura de Watteau por las emociones que evoca en cada uno de ellos y por los recuerdos que son capaces de atribuirle. De sus propias voces y la de la pintura misma, escuchamos diversas anécdotas que apoyan este argumento; desde la experiencia que originó la obra hasta la añoranza de un amor perdido que vuelve obsesiva la recuperación del cuadro, al grado de destruir un imperio. Estas relaciones hacen que distintos personajes hagan preguntas y observaciones como: “¿Cuál sería la definición de obra de arte?”, “El arte no tiene el poder de erradicar los pecados”, “La belleza y el deseo de posesión han vuelto loca a la humanidad desde hace muchos siglos”, entre otras que encapsulan las discordancias entre arte, valor, belleza y ética.

Hacia el final de la novela, “La improbabilidad del amor” como narrador y personaje toma una posición firme ante las ideas expuestas, a pesar de saberse frágil como los humanos. Dentro de la novela, las ideas cobran fuerza por los eventos de la historia, que, cabe mencionar, tienen referentes históricos reales, probablemente para forzarnos a hacer las mismas preguntas —que se han hecho y se seguirán haciendo—: cuál es el papel social del arte, si es que tiene alguno; su ética y moral, si las tiene; el rol del artista. Aunque la novela no da respuestas —ni creo que pretenda hacerlo, mal haría—, la importancia que le da al asunto apartándose de la historia principal es una puerta hacia las posibles reconsideraciones que cada lector pueda tener.

Hannah Rothschild, La improbabilidad del amor, Suma, Barcelona, 2016.

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Mariana Morales estudia letras inglesas en la UNAM y es editora en línea de Cuadrivio

Twitter: @marianaden_