La noche en que Crystal Castles hizo que nos olvidáramos de Alice Glass

música
| 9 Jun 2017

La noche en que Crystal Castles hizo que nos olvidáramos de Alice Glass

| 9 Jun 2017

Por: Abraham Huitrón
Fotos: Óscar Villanueva (OVD) / Cortesía

Cuando se anunció el concierto de los Crystal Castles en la CDMX, lo primero que vino a nuestras mentes es que sería el primer show en la capital sin Alice Glass ¿Se notaría la diferencia? ¿Cómo recibiría el público chilango a Edith Frances, la nueva vocalista? Eso apenas estábamos por descubrirlo.

No había mejor opción para abrir el concierto qué Farrows, un dúo que toca una mezcla de electrónica con rock. Uno toca la batería y el otro lo hace con los teclados y canta, pero lo increíble es que aún no salen los Crystal Castles y esto ya parece una fiesta. El lugar está lleno pero no a reventar, mientras las luces estrobo brillan por todo el lugar y las bocinas están atascadas con su sonido. La gente ya está en trance.

El sonido y la luz se apagan para que el verde ilumine todo el escenario. Vemos desfilar a Ethan Kath, Edith y su baterista Christopher Chartrand. Durante este primer encuentro la gente no nota ninguna diferencia, de hecho la nueva vocalista sale al último causando expectativa y es la que se lleva la mejor ovación ¿Qué es un Alice Glass? Las pantallas de los celulares están en su punto más alto y es hora de que comience la acción.

Todo lo que vemos son manos, cabezas y líquidos de dudosa procedencia que vuelan por los aires. “Baptism” es apenas la segunda canción del set y ya nos ha hecho perder a todos el control. Qué importa quién esté cantando, igual esto suena increíble. Edith se mete en el papel y se vacía dos botellas de agua en la cabeza, mientras Ethan brinca detrás de su teclado, incitando a la gente a seguirlo.

Nunca sabremos cómo fue realmente la relación entre Glass y Kath, la cual terminó con una lastimosa guerra de declaraciones entre ambos muy publicitada, pero lo que nos queda claro es que con él sobre el escenario, la música sigue sonando increíble y la gente ni siquiera se detiene a pensarlo, no les importa; ellos vienen a disfrutar este concierto. Ethan es el maestro de ceremonias y el DJ al mismo tiempo, el que marca el ritmo.

Con todo y que la voz de Edith apenas y se escucha, por el atascado sonido que sale de las bocinas y que parece que las va a reventar en cualquier momento, igual la gente lo está disfrutando. Lo más probable es que primero revienten nuestros oídos. Eso sí, ella trae toda la actitud: brinca, baila, se arrastra por el escenario. Domina el papel de vocalista de los Crystal Castles a la perfección. 

El baterista se va y ambos corren a refugiarse en los sintetizadores, solo los vemos de perfil agitando sus cabezas de arriba a abajo al unísono, y por un instante empiezan a convertir esto en un enorme rave. Después, otras dos botellas de agua a la rubia cabellera de Edith, que al terminar les avienta al público lo poco que queda del líquido.

Las canciones suenan una tras otra y la banda nunca habla con el público, pero no hay necesidad. La música es nuestra forma de comunicarnos, por eso cuando suena “Crimewave” la gente de inmediato la canta, la tararea y de nuevo esto es una pista de baile. Los líquidos vuelan por el aire, durante toda la noche lo hicieron de hecho, mientras los cuerpos se juntan unos con otros para saltar y bailar.

Edith se quitó una playera negra holgada que llevaba encima, para quedar en una especie de conjunto de pants deportivo color café, muy ajustado, acompañado de unas botas negras. Extraña elección para vestir. En eso sí se parece a Alice.

Es inevitable verlos y no querer unirse a la fiesta, a los saltos. No sólo se nos olvida quién es Alice sino todo lo demás. En lo único que pensamos es en la música, uno de esos momentos donde simplemente todos estamos disfrutando del aquí y el ahora. Sin embargo, se van, pero dejan un rato un beat que resuena y que la gente sigue con las palmas.

Ethan regresa solo a mezclar unos beats que parecen sacados de un rave, antes de regalarnos el momento mágico de la noche: “Not in Love” y ahora sí, podría acabarse el mundo afuera y no nos importaría. El cierre sublime. Se vuelven a ir y regresan para una canción más, pero lo más increíble es que a pesar de su nula interacción con el público, nos regalaron una noche mágica. Lo sentimos con todo el corazón, pero no te extrañamos Alice.