Juventud y precariedad laboral en México

aquí nos tocó vivir
| 14 Nov 2017

Juventud y precariedad laboral en México

| 14 Nov 2017

Por Adrián Montemayor

Hace 50 años, la persona que se incorporaba al mundo laboral tenía la oportunidad de hacerlo a través de un empleo formal. Tenía un contrato, casi siempre negociado en conjunto con los demás trabajadores, gozaba de beneficios propios de la seguridad social, como seguro médico, crédito de vivienda y pensión asegurada. Dicho de otra forma, tenía las herramientas para construir su futuro en los supuestos que quisiera; un futuro prometedor. Un futuro que hoy en día sólo podemos soñar.

Si eres joven en México lo más probable es que trabajes en el sector de servicios, seas asalariado y estés en la informalidad, sin prestaciones y con malas condiciones de trabajo; o sea, que no tengas seguridad social. Ésta puede sonar lejana y extraña (quizá aburrida), quizá no sabes bien qué es y para qué sirve. Pero lo cierto es que la necesitas y no la tienes.

¿Qué es la seguridad social?

La Organización Internacional del Trabajo define a la seguridad social como ¨…la protección que una sociedad proporciona a individuos y hogares para garantizar el acceso a la asistencia sanitaria y garantizar la seguridad de los ingresos, particularmente en casos de vejez, desempleo, enfermedad, invalidez, lesión laboral, maternidad o pérdida de un sostén de la familia¨; es decir, la red de protección comunitaria ante una emergencia, un apoyo en la construcción de tu estabilidad financiera y familiar.

La seguridad social sirve para tener una sociedad sana y desarrollada con seguridad financiera, pues eleva los estándares de vida al proteger los ingresos de las personas, aligerando los efectos de la transformación laboral propia de los cambios tecnológicos, estructurales y demográficos recientes.

¿Cómo funciona la seguridad social en México?

En México esta protección se refleja en los seguros, prestaciones y servicios que otorgan los institutos del Estado y las alternativas que se ofertan en el mercado. Sin embargo, el sistema de Seguridad Social en nuestro país es absurdamente complejo en cuanto a diseño y mantenimiento. Pareciera que nadie se preocupa por enterar a la gente de cómo funciona y lo que sucede en él, aun cuando es de vital importancia para la mayoría.

Tradicionalmente la protección que ofrece el Estado mexicano ha estado relacionada a una relación laboral. Si tenías trabajo formal, tenías una red de protección. Si laboras en el sector privado y estás contratado, debes tener IMSS. Si trabajas para el gobierno federal, ISSSTE. Además, la ley contempla que tu familia esté asegurada al registrarte en el sistema. Esto lo desfavorece, porque aunque sólo el trabajador aporta dinero a los seguros médicos, toda la familia nuclear es beneficiaria, lo que supone una carga presupuestaria fuerte.

Existen un sinfín de otros institutos de seguridad social que atienden a poblaciones más específicas: el Seguro Popular para la población sin cobertura de salud, el ISSFAM para las fuerzas armadas, PEMEX y CFE tienen el propio, el Banco de México y el Congreso tienen seguros privados y, además, varias  burocracias estatales tienen los suyos.

Cada uno de estos sistemas ofrece servicios distintos, la mayoría ofrece atención hospitalaria, seguro de retiro o pensión, crédito para vivienda, e inclusive servicios funerarios y turismo social. Sin embargo, en general, los beneficios se han disminuido o limitado y muchos de los servicios han sido subcontratados o entregados a terceros a través de Asociaciones Público-Privadas (APPs).  

Por años, el sistema se desarrolló bajo el supuesto que el Estado era responsable de la calidad de vida de sus habitantes (lo cual sigue siendo verdad). A la par del llamado ¨milagro mexicano¨ se impulsaron estas estructuras que satisfacían  las necesidades de las y los trabajadores con beneficios y servicios generosos, a través de fondos colectivos obligatorios. El trabajador y el patrón contribuían a una bolsa común que financiaba los servicios y seguros ofertados. Este sistema funcionó por muchos años gracias al boom demográfico y la entrada de trabajadores jóvenes a la economía formal, quienes mantenían sanos los fondos para el goce de los pensionados y sus familias.

¿Qué fue lo que pasó?

Para el final de siglo, la corrupción, el crecimiento de la economía informal y la caída de los ingresos petroleros tornaron insostenibles los sistemas colectivos. Fue entonces que durante los gobiernos de Zedillo y Calderón se reformó la ley para priorizar los sistemas voluntarios. Así, las cuentas se tornaron individuales y el ahorro de cada trabajador se le retribuye directamente en el retiro a través de las AFORES. Esto es el SAR, el Sistema de Ahorro para el Retiro.

Spoiler alert: El SAR no funciona muy bien porque en México no tenemos una cultura del ahorro. Se nos ha inculcado una cultura de desecho y escapismo; gastar por gastar para olvidar las penas y no pensar en lo que tendremos que hacer para vivir bien en un futuro. Hoy por hoy, muchos consideran más importante usar la gran parte de sus ingresos en gastos superfluos como celulares caros o ropa de moda que en ahorrar para una vivienda digna. Y quién los puede culpar, si la cultura nos hace creer que eso está bien.

Un futuro sin descanso

A como van las cosas, seguramente nunca tendremos una pensión digna. Las cuentas colectivas de retiro son cosa del pasado y el ahorro individual simplemente es insuficiente. En México, sólo una de cada tres personas que trabajan están generando un ahorro para el retiro.

Esto se verá reflejado en una enorme presión en las finanzas públicas. La población de nuestro país está envejeciendo rápidamente. Para 2050, cerca del 20% de nuestro país tendrá 65 años o más. Habrá que pensar en cómo otorgarles un retiro digno sin hipotecar al país. El IMSS e ISSSTE han dejado de operar bajo el supuesto de ser sustentables, y consideran el uso de reservas y las inyecciones de dinero del gobierno federal como parte de su gasto corriente.

Quizá esto no te preocupe ahora, porque ya tienes, de hecho, demasiadas presiones financieras. Son pocos los trabajos que pagan lo suficiente para vivir bien. Y cada vez son menos. El trabajo ha evolucionado para ser precario, gracias a la desigualdad que ha provocado la crisis económica, la globalización y adelantos tecnológicos. Un simposio de la OIT concluyó que ¨El desmedido crecimiento del empleo precario es parte de lo que podría denominarse un ataque corporativo a nivel mundial al derecho a organizarse y negociar colectivamente, estado al que se llegó mediante políticas de subcontratación y de contratos individuales¨.

La realidad es que quizá nunca dejes de trabajar en un empleo precario para apenas sobrevivir. Esto en el mejor de los casos, porque son los menos los adultos mayores de 65 años que consiguen un empleo, y serán muchos menos a medida que avance la automatización del trabajo.

Y eso si llegas a la edad. Nuestro estilo de vida ha causado que se incremente la mortalidad por enfermedades no transmisibles, que ahora son la principal causa de muerte. Por poner un par de ejemplos: diabetes por el alto consumo de azúcar y enfermedades del corazón, por la grasa saturada. Éstos son padecimientos costosos porque requieren tratamientos largos y pueden causar intervenciones complejas, lo que afecta todavía más el gasto en salud.

¿Qué nos queda a la juventud sin futuro?

Nos queda organizarnos para recuperar nuestro futuro. Debemos participar y apropiarnos de las políticas públicas que nos afectan en nuestro presente y futuro para lograr vivir dignamente. Hay mucho que se tiene que hacer para recuperar el futuro, en el plano económico, laboral, fiscal y social.

Hay que darle la importancia que merece el trabajo digno para nuestra vida. Por mucho tiempo se nos ha enseñado que en México el trabajo es una bendición que debemos aceptar sin cuestionar. Pero como parte íntegra de nuestra vida, debemos procurar que sea tan digna como sea posible. Es momento de hablar de nuestro futuro y de las transformaciones que requerimos para lograr una vida decente.

***

Adrián Montemayor es miembro de Wikipolítica CDMX, una organización política sin filiaciones partidistas.

Facebook: WikipoliticaCDMX

Twitter: @wikipoliticacmx | @montemx