Viernes, 21 octubre , 2011

Béla Tarr desde Morelia

berlin_caballoTurin

Sí, señor, seguimos con nuestra cobertura del Festival Internacional del Cine de Morelia y sin más por acá les dejamos con la crónica del día cuatro con nuestro corresponsal de guerra el Hacha.

Día 4.
Hola, amigos. Hoy llegó Gael García a la ciudad de Morelia. Conocí la histeria. Ahora sé como fue cuando los Beatles llegarón américa o cuando los Menudos llenaron la plaza México con todas esas quinceañeras enloquecidas o cuando. sí, sí, sí, ven claridad, llega ya amance como un rayo de sol…

También hoy, con una fila de más de tres horas de espera en la apertura, se inauguró la visita de las reliquias del Papa Juan Pablo II a la ciudad. ¿Qué son las reliquias? ¿Cómo llegaron aquí? ¿Por qué vergas alguien querría verlas? Son interrogantes que prométemos pronto resolver.

Ayer venció mi acreditación en el hotel de prensa. Dormí en la terminal de camiones. Por cierto, acá están las reseña de “el Caballo de Turín” del director hungaro Belá Tarr, una excelente opción para disfrutar antes de tirarse a las vías del metro o saltar del puente de su preferencia.

Con cariño, el Hacha.

Según la leyenda, antes de perder la razón, el filósofo aleman Frederich Nitzche vio como un hombre fustigaba violentamente a un caballo.

Nitzche, quien todavía no estaba totalmente loco, se abrazó al cuello del animal, sollozó un poco, cayó desmayado y un par de días después escribió una serie de cartas de despedida a sus amigos más cercanos. Oficialmente, Frederich había perdido la razón. Moriría diez años despuén en un hospital mental.

¿Y el caballito?

Seguro murió en manos de su dueño y con su piel alguien se hizo un sombrero, o fue despedazado por los cuervos o escapó y vivió feliz en el paraíso de los caballos, allí en donde los ponys corren libremente.

Bien pues Béla Tarr, el padre de la nueva ola del cine, el ídolo de Gus Van Sant y uno de los directores más influyentes de la filmografía actual, decidió filmar la historia del caballo.

“Un film frío, triste, sombrío y deprimente y que usted sólo deberá ver si no tiene otra cosa mejor que hacer de su vida” según las palabras del propio Tarr.

¿Quiere usted sufrir un par de horas? El caballo de Turín es sin duda la opción, negra sombría, claustrofóbica y enfermiza del fin de semana.

 

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