Viernes, 30 diciembre , 2011

¿Qué significa la Estela de Luz?

Estela de Luz

Desde hace unos meses hablábamos sobre el caso de la famosa Estela de Luz, monumento del Gobierno Federal para la conmemoración del bicentenario; de la revuelta que ocasionó en las cámaras legislativas su disparado presupuesto; de las fallas en el proyecto ejecutivo del arquitecto Pérez Becerril, que no calculaban de forma correcta los cimientos del monumento (tuvieron que ser ampliados de 30 a 50 metros de profundidad), y de los gastos que esto ocasionó; finalmente el globo se reventó cuando el arquitecto responsable, Pérez Becerril, expresó en una carta dirigida al legislador Pablo Escudero, presidente de la Comisión de Función Pública de la Cámara de Diputados, la supuesta corrupción de Alonso Lujambio en confabulación con Gutsa, I.I.I. Servicios. El arquitecto los acusaba, por ejemplo, de solicitar contra su voluntad el abastecimiento de cuarzo y acero para la construcción del monumento en Brasil e Italia.

La cosa, como recordarán no paró ahí, Lujambio pidió públicamente a Pérez Becerril que comprobara dichas acusaciones y I.I.I. Servicios decidió contrademandarlo por difamación. Sin embargo nada paró el aferrado esfuerzo, el excesivo gasto, que significó el monumento del bicentenario.

Como lo anunció Ignacio López, director de la empresa constructora que en septiembre del 2010 entró para colaborar con Gutsa, I.I.I. Servicios; la famosa y conflictiva Estela de Luz está terminada, el monumento que se erige sobre Paseo de la Reforma, a la altura de las rejas de Los Leones, a un costado del Bosque de Chapultepec.

La famosa estructura tuvo un costo final mil 36 millones de pesos, más IVA, mide 104 metros de altura y 50 de profundidad, y está formada por 8 columnas de acero que pesan 45 toneladas cada una, que a su vez están recubiertas por placas de cuarzo (italiano, no mexicano) que dejará filtrar la luz proveniente de los leds que para que la estela se ilumine cálida o fríamente.

Además de las dos columnas de luces, que francamente me parecen una alusión a las luces que sustituyen a las trágicas Torres Gemelas en Nueva York; el monumento cuenta con dos sótanos, que funcionarán como área de usos múltiples y sala de exposiciones temporales, además de un centro, donde nacen ambas columnas, que funcionará como “espacio conmemorativo”, sea lo que sea que eso signifique.

Sin duda para muchos la fabulosa Estela de Luz que se alzará entre los rascacielos de Reforma, será un buen motivo turístico, una construcción de dimensiones espectaculares y radiante luz que llamará la atención del transeúnte, sin embargo, más allá de lo espectacular, no podemos evitar regresar a la pregunta primera: ¿Qué significa este monumento? ¿Qué honra? ¿Qué magnifica?

Para responder estas preguntas, habría que citar a la mente que elaboró el concepto y el diseño originales; en palabras de Pérez Becerril el monumento del bicentenario aludía a ese movimiento cuasipoético al que recurre el ser humano cuando está en busca de inspiración, de ideas, o de fuerza: el mirar hacia arriba. Es decir que la Estela de Luz está ahí, con sus dos columnas, una por cada siglo de independencia, para inspirar al mexicano que la observe. Me pregunto qué inspirará, luego de que tantos problemas y mentiras alrededor de su construcción hayan sido revelados.

Como en la construcción de todo monumento, tenemos también que poner atención en el lugar en el que se erige la Estela: se alza sobre la avenida más acaudalada del país, punto por el que seguramente transitan más a menudo aquellos que se dirigen a Polanco, a Las Lomas de Chapultepec, o a Los Pinos, que los que viven en Tlahuac, Iztapalapa o cualquier zona de clase baja que abunda en la ciudad. El hecho resulta sumamente importante si consideramos que nuevamente, los privilegios —si es que es un privilegio observar esa estructura— pesan más en el lado de las clases altas de nuestro país; si el elevado costo de este festejo, plato fuerte, atrasado y obsoleto del bicentenario, se hubiese invertido en necesidades reales de la nación, la báscula de la justicia tal vez dejaría de inclinarse descaradamente hacia las cunas de oro. La estela de Luz es un símbolo de una independencia reclamada por las clases burguesas, en su lucha por obtener el reconocimiento criollo, y no el de una soberanía construida sobre bases humanas, equitativas, honestas.

La burla simbólica de la estela de luz no termina ahí, en el texto de Pérez Becerril acerca del concepto de la Estela, muy mal escrito por cierto, dice lo siguiente:

Pero como cada quien eleva la mirada desde lo que es, nosotros nos elevamos con la pureza del cuarzo que nace de la fuerza profunda de nuestra tierra; piedra antigua del mundo prehispánico que en esta forma gloriosa nos dice que México, antes y después de la Conquista, de cada asimilación cultural, de todos los procesos históricos, de cada gesta heroica, de su lucha indoblegable por su independencia y por su permanencia, de sus desgarros, es un Pueblo vivo y unido que siempre estuvo allí.

Hay un punto muy claro que reclamarle a este párrafo: la carga prehispánica que se le da al cuarzo, traslúcido y blanco que remembraba nuestras raíces y que terminó siendo cambiado por un cuarzo de quinta importado de Italia y Brasil. Además cabe recordar la cancelación del muro de obsidiana con un mensaje en 26 dialectos vivos del pueblo mexicano que recubriría al espacio conmemorativo enterrado en el corazón de las dos columnas.

A sabiendas de todo esto, de que toda la pobre carga simbólica que Pérez Becerril le dio a su proyecto en un inicio, ya está desgastada tras acciones inexplicablemente corruptas; si el lugar no es el más adecuado, si el retraso con el que se entregó esta construcción es ridículo, si los materiales y los mensajes han sido cambiados por cuarzo de sexta y tablarroca; si ya todos sabemos el gasto absurdo que representó para la ciudadanía; nos preguntábamos ¿Qué iría a decir Felipe Calderón en la inauguración de semejante edificio? ¿Cuál sería su discurso?¿Su justificación?

Ahora sabemos qué vino a su cabeza: Calderón usó un arma sabia durante su discurso, la demagogia que su cargo implica se vio explorada y explotada en su máxima potencia. Pese a lo que todos pensamos que sucedería el mandatario sí mencionó la naturaleza primaria del monumento: la celebración del bicentenario. Sin embargo, aunque parecía que todo lo que mencionó respecto a la estructura era maravilla y bondad, no perdió la oportunidad de relatar de una manera ambigua las peripecias que el monumento necesitó. Habló de los errores del arquitecto, no sin antes felicitarlo, agradeció la participación de la constructora GUTSA, no sin antes destacar su participación como asesores y no como responsables del proyecto, mencionó con especial entusiasmo a licenciado Ignacio López Rodríguez, Director de Servicios III, la única empresa que entregó el proyecto en el plazo acordado y como era de esperarse extendió una emotiva invitación a los mexicanos a mostrar su admiración por un futuro “iluminado”. Felipe Calderón preparó un discurso como quien prepara un balde de agua para lavarse las manos.

Redundante es ya hablar sobre las columnas iluminadas que finalmente fueron inauguradas por el presidente Felipe Calderón. Ya todos nos quedamos con el escozor de los mil 36 millones de pesos que costó su construcción, ya todos nos impresionamos ante el descaro de gastar otros 3.8 millones de pesos en una ceremonia vacía, que a simple vista se notaba temerosa, ya todos sabemos que la estructura, la Estela de Corrupción, seguirá alzándose sobre los vecinos bosques de Chapultepec.

Lo que nos queda, tristemente, es no olvidar su historia, cegados por el “espectacular” resultado. En algo concuerdo con el Presidente Calderón: esta Estela de Luz “está llamada a iluminar el siglo XXI mexicano”, está llamada a recordarnos los gastos absurdos que el gobierno se permite, para que cuando no pueda hacerse responsable de algún problema básico de la población –alimentación, salud, educación– tengamos un argumento de 104 metros de altura y mil 36 millones de pesos para reclamar. La Estela de Luz, el monumento a los gastos innecesarios, a las fugas económicas, al absurdo que impera en nuestros gobernantes, no va a desaparecer. La Estela de Luz, es el estigma de los corruptos, y gracias a ella, debemos señalarlos como lo que son.

 

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