Lunes, 17 diciembre , 2012

Los arqueólogos tienen miedo de entrar a la tumba del primer emperador chino

terracota

En el año de 1974 el gobierno chino realizaba excavaciones para abastecer de agua la región de Xi’an. Un campesino se encontró entonces con el que algunos consideran el más grande descubrimiento arqueológico del siglo XX.

En 1974, aquel campesino descubrió por accidente el mausoleo del primer emperador Quin, un recinto de 2,13 kiómetros cuadrados de superficie que además de la tumba del emperador que unificó China, tiene en su interior más de cuatrocientas tumbas y más de 7,000 figuras de guerreros y caballos: los guerreros de terracota.

Hoy en día se siguen descubriendo más y más figuras en un recinto mortuorio que parece no terminar de dar sorpresas. Se estima que existan entre 8 y 9 mil figuras en Xi’an. Quin Shi Huang fue el primer emperador de la China unificada y tardó más de 38 años en construir su mausoleo de proporciones titánicas. El primer emperador estaba obsesionado con la inmortalidad (la leyenda cuenta que envió a los pobladores de la isla de Zifu en busca de la píldora de la inmortalidad, que éstos jamás volvieron y que ahora habitan inmortales alguna isla del Japón).

Nadie sabe qué hay en la tumba del emperador principalmente porque nadie se ha atrevido a entrar. Este mes los científicos  encontraron diez edificios alrededor de la tumba que podrían estar dedicados sencillamente a albergar trampas. Parece que el mito comienza a tomar una forma real pues se ha encontrado una gran cantidad de mercurio utilizado para envenenar a los saqueadores y los estudios de volumetría subterránea obligan a pensar que la tumba está llena de peligrosas emboscadas como las ya descubiertas flechas que se disparan solas.

Las armas podrían ser funcionales y una vez librados los primeros obstáculos habra que enfrentarse con una pirámide de 76 metros de altura a cuyo laberíntico interior no está permitido entrar por órdenes del gobierno que piensa que no se tiene la tecnología adecuada para traspasar el mausoleo sin dañarlo.

La exploración en la tumba del primer emperador está llena de fantasiosas especulaciones que, sin embargo, comienzan a hacerse realidad. No olvidemos lo que ocurrió al descubrirse la tumba del rey Tutankamón, cuya puerta tenía inscrita una maldición que caería sobre los saqueadores. Algunos huyeron al ver la inscripción pero Howard Carter insistió en entrar, muchos trabajadores murieron de fiebre y Lord Carnavon el hombre que financió la expedición de Carter murió por una infección causada por la picadura de un mosquito, además, su hermano, que también ingresó, a la tumba murió inexplicablemente al volver a Londres.

***vía El País

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