La guerra de las divisas
En las últimas dos décadas el crecimiento económico mundial se sostuvo en dos pilares: el modelo anglosajón de consumo alimentado por crédito barato y el modelo exportador chino de baja cotización de la moneda y fuertes reservas.
Con el estallido financiero de 2008 este modelo hizo realidad. EE.UU. quiere duplicar sus exportaciones en cinco años para reactivar su economía y para esto su propuesta es que se acuerde un límite para el nivel de superávit que puede tener un país en su comercio bilateral.
El problema es que los dos principales exportadores del mundo – China y Alemania – no miran con mucha simpatía la idea de una cuota fija. Ambos han dicho que el problema es la falta de competitividad de la economía estadounidense, enfermedad para la que no hay una cura instantánea.
China, por su parte tiene una política cambiaria que consiste en intervenir el mercado de divisas para mantener al Yuan en dónde está: el primer ministro chino, Wen Jiabao, le advirtió al presidente Barack Obama que China no iba a cambiar de política porque una valorización del Yuan del 20% llevaría a una masiva pérdida de puestos de trabajo y bancarrotas sin otorgar ningún beneficio a EE.UU.
El 15 de septiembre salió un ingrediente inesperado: el Banco Central de Japón intervino por primera vez desde 2004 en los mercados de divisas con una venta masiva de yenes y, como aclaró este viernes el primer ministro Naoto Kan, va a seguir haciéndolo. El gobierno japonés lo justificó por la crisis económica que atraviesa el país que no ha logrado despegar desde que eligió una expansión monetaria que terminó en una burbuja y la década perdida de los 90. En Estados Unidos el congresista republicano Tim Murphy lo interpretó como la luz verde que la política intervencionista china estaba dando a países como Japón.
Luego de que en la reunión de abril del GO2 la presión de EE.UU. sobre China para cesar sus políticas no sirviera, propuso tomar represalias comerciales contra el país asiático, e hizo una expansión monetaria de US$600 mil millones anunciada la semana pasada por la Reserva Federal de Estados Unidos. Esto ha agitado las aguas diplomáticas en los últimos meses.
Alemania, Rusia y los países de la eurozona se sumaron a las naciones asiáticas en condenando la medida. “Estados Unidos acusa a China de manipular el valor de su divisa mientras baja el valor del dólar imprimiendo dinero a lo loco”, dijo el ministro de finanzas Wolfang Schauble en una entrevista con el semanario alemán Der Spiegel en esta reunión del GO2 en noviembre. Se supone que la medida estadounidense sólo provocará mayor inflación.
Ante esto Obama respondió “No podemos seguir en esta situación en la que unos países tienen gigantescos superávits mientras que otros tienen gigantescos déficits. Necesitamos ajustar la cotización de las monedas para tener un crecimiento más equilibrado”.
El G20 se ha convertido en un foro internacional privilegiado para conseguir resultados.
EE.UU. ha insistido en que buscará una ruta multilateral para resolver el tema. A nivel comercial, sólo podría afectarnos si la guerra de divisas impacta negativamente a Asia y si hay recesión en Europa y Estados Unidos. Por el momento, el impacto financiero es el más claro. El problema de competitividad del real, por ejemplo.
Con un 10% de desempleo y un crecimiento anémico, con una derrota en las elecciones de mitad de período, que el mismo Barack Obama atribuyó a una insatisfacción con la economía, el actual mandatario necesita resultados rápidos para aspirar a la reelección. La presión del Congreso en esta tema será creciente y puede, paradójicamente, unir a demócratas y republicanos apoyados por el Tea Party, en exigir represalias contra las exportaciones chinas.
Sobre los países de latinoamética, se habló de que deben coordinar una posición común para no quedar atrapados en el torbellino financiero de las divisas.
“La región ha salido bastante bien parada del estallido financiero de 2008, pero en los últimos meses la guerra de divisas ha empezado a complicar su recuperación económica.” se dijo, pero esa declaración más parece una burla que un dato conciso, México ha visto la crisis del 2008 con todas las lamentaciones de un país que se está quebrando, económica, política y socialmente.
Jorge Gaggero, economista argentino de Cefid y miembro de la red Tax Justice, dijo que el impacto de una guerra de divisas es más financiero que comercial: “A nivel comercial, sólo podría afectarnos si la guerra de divisas impacta negativamente a Asia y si hay recesión en Europa y Estados Unidos. Por el momento, el impacto financiero es el más claro. El problema de competitividad del real, por ejemplo. Los industriales de Sao Paulo están presionando al nuevo gobierno para que haya un ajuste del tipo de cambio. ¿Puede este convertirse en una guerra de divisas entre las distintas monedas latinoamericanas? No lo veo”.
El fantasma que nos acosa es una guerra de divisas acompañada de medidas proteccionistas como la que desembocó en una depresión económica mundial en los años 30. Este es un conflicto sino-estadounidense ha estado cocinándose a fuego lento en los últimos cinco años.La posibilidad de una guerra comercial entre EE.UU y China, los dos motores de la economía mundial, es el principal peligro.
Este es un tema complicado e importante, les dejamos un video que lo explica todo en una forma, digamos, muchos más sencilla: con dibujitos.







