Dos mil quinientas lenguas en peligro de extinción

El avance de la cultura globalizada no sólo arrasa con selvas y especies, una de sus principales víctimas es la diversidad lingüística. De los 6 mil idiomas censados en el planeta, más de 2,500 están en riesgo de desaparecer.

Es claro que, pese a la resistencia de las comunidades indígenas o autóctonas, la globalización ejerce una presión enorme en las comunidades por integrarse a las culturas dominantes. Sin embargo, la cosa es más grave de lo que pensamos, la desaparición de una lengua no implica únicamente el olvido de una lengua sino la pérdida de una cultura, la cosmogonía propia de esa cultura, las costumbres y tradiciones, en general la invaluable tradición oral.

Hay algunas lenguas cuya pérdida es aún más tragica y significativa pues constituyen en sí mismas una gramática incomparable y única, como, por ejemplo, el Mohawk, una lengua de la tribu iroquois que vive entre Estados Unidos y Canadá. Esta lengua no sigue una estructura convencional: sujeto-verbo-predicado; sino que los habitantes usan una estructuración por importancia, es decir que mencionan primero lo primordial, no importa si es un adjetivo un sujeto o una acción, es decir un verbo.

Esto es una prueba irremplazable de las capacidades de la mente humana de estructurar la información de forma muy diversa, de codificarla de acuerdo a las características del entorno.

Los continentes en donde hay más lenguas en peligro son Oceanía y América. En nuestro continente Brasil va a la cabeza con 190 lenguas en peligro, le sigue México con 144, seguido de Colombia con 68 y Perú con 62.

Marianne Mithun, una lingüista estadounidense que desde hace décadas ayuda a recuperar el Mohawk, ha dicho que “la gente no se da cuenta del valor de la lengua indígena, porque piensa que es algo retrasado en un mundo moderno, (…) pero no tienen una postura antagónica hacia la cultura exterior. (…) “Una lengua puede desaparecer muy, muy rápidamente. Se puede pensar que hay un montón de hablantes, pero cuando todos son de la misma edad, y llega un momento en que se pierde, y cuando se pierde no hay forma de recuperarla”.

Vía QUITO, EFE

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