¿Día Mundial Sin Automóvil?

Agudicen el oído, apaguen el iPod, paren la respiración. ¿Escuchan automóviles en la ciudad? Por supuesto que sí. Pese a que hoy se celebra el Día Mundial Sin Automóvil, convocado por la World Carfree Network, nuestro querido monstruo Tenochtitlán no ha dejado ese terso ronroneo, ni esas flemáticas nubes grises que se elevan hacia la capa de ozono.

¿Llegaron a sus trabajos en coche?¿En bici?¿En el ecológico Metrobus? Sin duda, días como hoy nos sirven para reflexionar que la contaminación ecológica, viene de otro tipo de contaminación: la social. Conozco a más de uno que se niega a usar el transporte público por temor a compartir malos olores con desconocidos, a terminar llenos del sudor ajeno, a ser empujados hacia las puertas por la multitud.

Y es que debemos aceptarlo, con toda honestidad, a eso de las 6 pm, cuando todos vuelven del trabajo, con la urgencia de una cama y una televisión, el Metrobus puede convertirse en un cuarto repleto de hostilidad que se llena más y más mientras avanza. A nadie le gusta eso.

Pero, si hacemos una escala en los valores y las necesidades de la humanidad, la comodidad del automóvil, (con sus asientos de piel y su volante acolchado, con la soledad y la seguridad de que nadie va a tocarte) tiene un precio muy alto. Un auto es una especie de deuda vitalicia y hereditaria que pagarán cada vez más caro las generaciones siguientes: la contaminación.

Visto de esta forma, ¿no resultan frívolos los enfrentamientos en el metro por los últimos cincuenta centímetros cuadrados libres?

Es demasiado tarde para sugerir no irse en coche a la oficina, pero tal vez ya va siendo hora de que compremos una bicicleta, de que caminemos al trabajo, de que dejemos de sentirnos entes superiores a la naturaleza y nos trepemos al transporte público, después de todo, como ya es bien sabido, en la hora final todos vamos a acabar igual.

Estamos hablando de:

Marcelo Ebrard Casaubón
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