Esto es lo que no me gusta de ser niño

Esta semana se volvió viral la lista de un niño de 9 años en la que enumera las cosas que no le gustan de ser varón. Ciertamente estas pocas cosas que el niño enlista se convierten en una poderosa crítica a la sociedad machista, pero también muestran que la “masculinidad” no es más que un constructo cultural. Los niños no nacen “masculinos” o “femeninos”, sino que estos roles les son impuestos por sus padres y sus maestros.

Era un día normal en una escuela. La maestra le pidió a los alumnos que hicieran una lista acerca de lo que no les gusta de ser niños o niñas. De entre todos los trabajos, destaca el de un pequeño de tan sólo 9 años que escribió una lista que de alguna manera llegó a redes sociales. Fue compartida miles de veces en el marco del Día Internacional de la Masculinidad y en poco tiempo llegó a millones de usuarios. Pero, ¿qué hay de especial en esta lista?

Aquí están los puntos:

“Lo que no me gusta de ser niño:

– No puedo ser mamá

– No debo llorar

– No puedo ser un porrista

– Tengo que hacer todo el trabajo

– Me tiene que gustar la violencia

– Debo jugar football

– Los niños huelen mal

– Automáticamente tengo mala reputación

– Crece pelo en todas partes”

Parece una lista muy simple, pero si la leemos con cuidado notamos que el rol de lo masculino está presente. Lo que significa “ser hombre” está cruzado por valoraciones culturales que se refuerzan por la educación en casa y en la escuela y por los productos culturales (televisión, videojuegos, cómics, películas, etc.). En otras palabras, no “es natural” que a los niños les guste la violencia o tengan problemas para expresar sus emociones, generalmente son imposiciones sociales.

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En un mundo cada día más abierto y plural las nociones únicas de lo “masculino” afectan el desarrollo de los niños y su futuro como adultos. Al mismo tiempo, la desigualdad entre géneros y la violencia ejercida en contra de las mujeres y los homosexuales muestran que los valores tradicionales de lo “masculino” no funcionan. Es una responsabilidad familiar y social criar a los niños con mayor apertura e inteligencia, para que este pequeño y todos los demás puedan elegir y crezcan en libertad.

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