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Big Eyes, cuando las mentiras se vuelven arte

Repetir tanto una mentira para volverla verdad. Así podríamos resumir la premisa de Big Eyes, la nueva película de Tim Burton.

Por lo general, la trama de sus películas giran entorno a personajes excéntricos, incomprendidos y hasta cierto punto marginales. En esta ocasión, la protagonista de esta cinta -basada en hechos reales- es Margaret Keane, una retratista estadounidense famosa por sus pinturas al óleo, donde predominan las niñas y animales domésticos con una característica muy representativa en sus rostros: Los ojos grandes.

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Según refiere el propio Burton, fue a mediados de los años noventa cuando un amigo le platicó la historia de Margaret (Amy Adams) y su esposo Walter Keane (Christoph Waltz). Si bien los hechos fueron comentados por la prensa en su época, con el tiempo fueron perdiéndose en el imaginario colectivo. Fue ahí cuando comenzó la cosquilla del cineasta por llevar lo sucedido a la pantalla grande.

Aunque de entrada el nombre de Margaret Keane no les suene familiar, seguramente han visto algunas de sus obras. Incluso Burton asegura haberse topado con este tipo de pinturas mientras crecía. Y es que si somos un poco intuitivos, las obras de esta pintora y el peculiar universo de Burton guardan cierta empatía.

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¿Cuál es el obscuro secreto que guarda la historia de esta pareja de pintores, y que sedujo a Burton?

Tras casarse por primera vez y dar a luz a su hija, Margaret se casó en 1955 con Walter Keane, dueño de un negocio inmobiliario. En los primeros años de este matrimonio perfeccionó su técnica como pintora y para 1959 realizó su primer cuadro profesional.

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Cuando Walter vio el potencial de su esposa se puso a comercializar las obras de Margaret, las cuales comenzaron a ser vendidas y reproducidas en diversos ámbitos. Muchos las catalogaban como arte y otros como una moda pasajera.

Por años, Margaret pintó varios cuadros que su esposo firmaba como propios. Llevándose todo el crédito y convirtiéndose en uno de los artistas más populares del momento.

Todo esto afectó notablemente a Margaret, que permanecía en las sombras viendo que su trabajo era apreciado pero sin que ella recibiera ningún reconocimiento. Dicho aislamiento influyó para que Margaret fuera perdiendo su identidad y desarrollara una timidez patológica que terminó por reflejarse en sus pinturas, que fueron volviéndose más sombrías.

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¿Ven por qué después de todo, esta película encaja en el universo Burton?

Puede ser que esta obra se aleje mucho del estilo al que tradicionalmente Burton nos tiene acostumbrados. Los más puristas podrían afirmar incluso que el director perdió la brújula y se encuentra en un bache creativo y de identidad fílmica. Y es que Big Eyes resulta un ejercicio refrescante, aunque no perfecto.

Por ejemplo, el personaje de Walter Keane, habilidoso vendedor de arte e interesante por su naturaleza de embaucador profesional, termina por volverse caricaturesco debido al abuso de elementos cómicos y absurdos en su personalidad. Por otro lado, el planteamiento narrativo puede resultar predecible y simplista.

Aún así vale la pena darle una oportunidad a Big Eyes, pues logra el cometido de mantener al espectador atento al desarrollo de la trama y cuenta con momentos divertidos y bien logrados. Además Amy Adams logra una interpretación bastante satisfactoria que termina por darle cuerpo a esta película.

El arte del engaño consiste en darle veracidad a una mentira y llegar hasta las últimas consecuencias para sostenerla. Así de apasionante resulta la historia de los Keane.

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