El Plaza Condesa no le pudo quitar los ojos de encima a Damien Rice

Reseña y Fotos: DAMIEN RICE

Lunes, 27 de abril
El Plaza Condesa
México, DF

EL CONCIERTO

Damien Rice regresó a nuestro país para ofrecer su primer concierto por acá en más de seis años. El cantautor irlandés está de gira tras el lanzamiento de su más reciente álbum de estudio My Favourite Faded Fantasy. De izquierda a derecha en el escenario: Damien Rice en vocales y guitarra acústica; err… y nada más. Hace un buen rato que no veía un show montado por un solo músico, aunque de vez en cuando metía pistas con efectos de guitarra y batería que sonaban a explosiones. El señor Rice además contaba con algunas postes de los que colgaban reflectores de luz. Con los boletos agotados, el foro estuvo a su máxima capacidad.

SETLIST

1. Delicate
2. Woman Like a Man
3. Elephant
4. It Takes a Lot to Know a Man
5. I Remember
6. The Box
7. The Greatest Bastard
8. Coconut Skins
9. Amie
10. Eskimo
11. Volcano
12. Cannonball

ENCORE:

13. 9 Crimes
14. I Don’t Want to Change You
15. The Blower’s Daughter

OPINIÓN

El Plaza Condesa se puso serio anoche. No hubo acto telonero, ni fotos de prensa, no hubo cheleros entre el público gritando ¡Cerveza! ¡Cerveza!, y antes de que Damien Rice tomara el escenario, una voz de Sean Connnery pero con acento irlandés anunció al público sobre la necesidad de apagar todo aparato electrónico. Por supuesto, cuando el artista se puso delante del micrófono, no fueron pocos los que levantaron su smartphone para grabar desde la primera nota. Ah qué caray. Damien Rice, sin embargo, se mostró relajado a pesar de todas las restricciones e invitó al público a cantar con esa actitud sencilla que es parte de su carisma. De vez en cuando, entre canciones, intentaba decir algo en español, tal vez aprendido por sus amigos Rodrigo y Gabriela.

Fue un concierto emotivo, hipnotizante, de esos que te agarran del pescuezo y ya no te sueltan. Damien Rice en vivo transmite una fuerza cruda con sus canciones corta-venas que no se refleja en el material de estudio, quizás por la ausencia de una banda de apoyo. La imagen de un hombre y su guitarra capaz de mantener la atención de una audiencia de miles tiene un atractivo anclado en el imaginario romántico. En palabras menos pretenciosas, la gente no viene a ver un espectáculo de luz y sonido, sino está presente para escuchar la música y letra de un artista, lo cual enriquece la obra (aunque cabe decir que el señor Rice también traía algo de show). Y aunque Rice ha tenido relativamente pocos shows desde su punto alto en 2007, su presencia de escenario es la de un veterano que se dedica a esto todos los días, sin que en su voz se refleje cansancio, fastidio o hartazgo.

Muchas de las canciones de Damien Rice tienen esta estructura que empieza con un lamento apenas perceptible, suaves acordes, y el público se ve en la necesidad de SHUSHear al de a lado para escuchar. Luego introduce más melodías, la canción agarra más ritmo y volumen, hasta que dos o tres minutos después, el tema llega a su explosivo clímax, y ahí es donde Rice metía sus efectos de guitarra eléctrica y batería, como si estuviera en medio de una tormenta, luchando contra los elementos por sobrevivir, gritando a todo pulmón como loco desesperado al borde del pánico hasta que… llega la calma. El tema vuelve a tomar un tono sombrío y Rice deja que la canción llegué a su punto final con un gemido de su guitarra. Como les decía, tener tantas canciones así en un disco es agotador, pero en vivo es todo un viaje súper intenso, algo así como las fases por las que pasa uno tras la ruptura de una relación.

Damien Rice es el tipo de artista que cambia el setlist, y al no dar los mismos shows de un día para otro nos deja abiertos a la sorpresa. Según me informaban, “Eskimo” no la tocaba desde noviembre de 2014. “Coconut Skies” fue otra agradable sorpresa para los presentes. Y aunque solo fuera un tipo sobre el escenario, encontraba la manera de entretener al público sin mucho esfuerzo, ya sea, tocando parado sobre una silla o interactuando con su audienca. Por ejemplo, en “Volcano” puso a la gente a armonizar la parte del coro, donde una parte cantaba Volcanoes melt me down, otra What I am to you is not real, y todavía otra hacía como un grito de Banshee. Fue un relajo claro, pero fue muy divertido. Antes de eso, en “I Remember” invitó a una chava al escenario para cantar la parte de Lisa Hannigan. El hecho de que la chava elegida al azar pudiera cantar tan bien me hizo pensar que en realidad era una “planta”, o sea alguien que trabaja en secreto con el acto y que finge ser un desconocido entre el público… pero eso es lo de menos, sabes, siempre y cuando sea entretenido.

Damien Rice-6

Damien Rice-1

Damien Rice-7

Damien Rice-5

DURACIÓN: 1 hora y 40 minutos
FOTOS: Montserrat Castro (@monncastro)
RESEÑA: The Shyest Bastard (@ShyTurista)