Razzmatazz: Clap Your Hands! en El Plaza Condesa

Reseña y fotos: CLAP YOUR HANDS SAY YEAH

Sábado, 22 de agosto
El Plaza Condesa
México, DF

EL CONCIERTO

En la gira de su décimo aniversario de su aclamado debut, Clap Your Hands Say Yeah hizo escala en la Ciudad de México, su primera visita a nuestro país en casi diez años. La banda originaria de Filadelfia tocó casi todo el primer álbum mas algunas favoritas de los otros tres discos. De izquierda a derecha en el escenario: Alec Ounsworth en los vocales, guitarra, harmónica, teclados, y altavoz; Matt Wong (¡de Big Reel Fish!) en el bajo y los sintetizadores. También tenían el apoyo de dos personas, una en la batería y la otra en la segunda guitarra y teclados.

SETLIST

1. Clap Your Hands!
2. Let the Cool Goddess Rust Away
3. Over and Over Again (Lost and Found)
4. Sunshine and Clouds (And Everything Proud)
5. Details of the War
6. The Skin of My Yellow Country Teeth
7. Is This Love?
8. Heavy Metal
9. In This Home On Ice
10. Gimme Some Salt
11. Upon This Tidal Wave of Young Blood
12. Into Your Alien Arms
13. Some Loud Thunder
14. Coming Down
15. Disappointed
16. Satan Said Dance

ENCORE:

17. As Always
18. Adam’s Plane

OPINIÓN

Con su altavoz en la mano, Alec Ounsworth nos dio la bienvenida a su show circense de asombro y diversión: “¡Entre y pase a la máquina del tiempo que lo transportará de regreso al año 2005!” (en realidad no fue eso lo que dijo, pero en retrospectiva bien se pudo leer ese mensaje entre líneas). Aquellos que estaban al tanto, o sea, los que habían escuchado el disco completo y no solo las canciones que se oían en el fondo de comerciales de ropa, le seguían la corriente al vocalista con los aplausos en los lugares indicados. Acto seguido, el grupo empezó a tocar “Let the Cool Goddess Rest Away”, la segunda pista del disco, lo cual nos dio una indicación de que iban a tocar el álbum completo tal cual, de principio a fin. ¡Odio que hagan eso! Ya que le roban al show su elemento de sorpresa; en otras palabras, lo vuelve predecible. Pero bueno… “and away we go.”

Con su gorrita de simpatizante comunista, pantalones rotos en las rodillas, y camisa de manga larga, Ounsworth es la imagen del auténtico hípster de mediados de la década anterior: aquel que se metía a ventas de garaje para rescatar acetatos (¿se acuerdan de Ghost World?), que adoraba a Jeff Mangum y a Phil Elvrum como los santos patronos del indie rock, y que se inclinaba por las políticas de izquierda, la literatura de la generación beat, y tomaba mucho café. Estoy dibujando un estereotipo a grandes rasgos, pero esa fue la impresión que me dio el show. Al dedicarle casi una hora entera a canciones del 2005, la música no solo te hacen pensar en aquellos días cuando eras 10 años más joven, como un efecto nostálgico, también te hacen sentir que estás de regreso en ese año, cuando no había Twitter ni smartphones, los presidentes eran Fox y Bush, Steve Jobs seguía vivo y los iPods eran todo una sensación.

Ese efecto solo puede ser posible gracias al poder que tiene una melodía: una secuencia de notas, que si es lo suficientemente pegajosa, perdura en la mente (y la puedes imitar con un silbido). Es ahí donde yacía el encanto del homónimo de CYHSY, en esa magia de atribuir cada tema con su melodía especial, algo similar al de las otras rolas, pero única en su propio sentido. Es por eso que, a pesar de que ya teníamos en mente qué canción seguía en el setlist, el público se emocionaba –no por sorpresa, sino por cariño- al escuchar las primeras notas de “Over and Over Again”, “The Skin of My Yellow Country Teeth”, o “Is This Love?” Es el soundtrack de mis años universitarios, en mi caso, el de la prepa o la secundaria para otros. ¿Cómo no les vamos a tener cariño? Pero más allá de eso, las canciones en sí son muy buenas y la mayor parte aún no muestran su edad.

Es una lástima que ese gusto por la melodía ya no estuviera tan presente en los discos sucesivos. Aunque es cierto que a ningún artista le gusta ser etiquetado con cierto sonido, y siempre buscan una evolución como músicos, desde mi punto de vista, Ounsworth sacrificó demasiado para dar los siguientes pasos. Esto fue totalmente evidente en la segunda mitad del show, cuando terminaron de tocar todas las canciones del debut, y nos dejaron escuchar algunas “favoritas” extraídas de sus otros discos. No son malas rolas, pero carecen de ese encanto “indie” que resaltaba en el primer álbum. La voz característica de Mangum se siente fuera de lugar sin el acompañamiento de cierta musicalidad. Pero fue bueno el viaje en el Delorean en la hora que nos duró el gusto.

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DURACIÓN: 1 hora y 15 minutos
FOTOS: Diego Figueroa (@halofive)
RESEÑA: Clap Your Hands Say Shy (@ShyTurista)