Hellow Festival, o la inesperada virtud del calor

¿Tigre o Rayado? ¿Tecate Roja o Light? ¿Carne asada o… carne asada? Con alguna de estas preguntas recibe cualquier regiomontano a los foráneos que llegan a la ciudad. Pero Monterrey ya no es solamente sombreros e industria, desde hace ya unos años la ciudad se ha convertido en sinónimo de cultura y festivales de calidad. Con un año repleto de eventos y conciertos de alto calibre, el Hellow Festival se quiere colocar como uno de los festivales ascendentes más importantes del Norte.

Entramos al parque Fundidora y después de ser recibidos en la entrada con el clásico “pásale compadre” norteño, nos encontramos con un festival que decidió concentrar energías en un solo día de pura diversión y que claramente lo consiguió. Quiero pensar que en algún lugar de este monstruo se encuentra Wiz Khalifa con munchies y un taco de guacamole con salsa, o a Capital Cities tomándose una Carta Blanca con Silverio.

Los 36ºC solo son soportables con cheve helada que se confunde con agua, para al final del día tener bien apilados de recuerdo, como cadáveres, los vasos de las que ya nos bebimos.

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Comenzar a disfrutar la música del festival con su majestad imperial, Silverio, fue señal de lo que estaba por venir. Es normal que después del festival solamente vas a recordar su tanga roja moviéndose por todo el escenario. Como ya es clásico de este DJ, expresó su cariño por el público con frases como “a ver, bola de p@!#¢&s…ya llegó su rey!”.

Avanzamos hacia bandas canadienses y californianas (no podemos decidir si nos gustó más Magic! o Young the Giant) para después entrar de lleno a la bailada con Capital Cities, otros de Los Ángeles que han sabido sacarle provecho a una sola producción músical, dando ya tour por varios años con el mismo set. Eso no quita calidad a sus conciertos, las canciones más pegajosas bien armadas, con clásicos como “Staying Alive”.

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Nos dimos un descanso de bandas para recorrer el festival y comer una hamburguesa (después de una fila que retaba a la paciencia) de un excelente food truck con el sello regio. Ya paseando por el festival, aprovechamos que en esta ocasión tuvo lugar en el icónico Parque Fundidora y fuimos a los juegos, que seguían operando con normalidad. Podemos asegurarles que las mejores vistas de la Sultana del Norte y de su Cerro de la Silla son desde el elevador. Créannos; nos subimos tres veces, y los cinco segundos antes de la caída libre hacían que el susto y la adrenalina valiera la pena.

El poder femenino se vio bien representado por mujeres como Icona Pop y su increíble energía, o Julieta Venegas y sus ya fieles fans, que llevan cantando las mismas canciones durante ya varios años seguidos de esta traga-años tapatía. Brandon Flowers sonaba a lo lejos y decidimos acercarnos, entre mujeres que se sentían embarazadas con solo verlo en las pantallas gigantes a lo lejos. Aunque en esta ocasión se presentó como solista, no podía dejarnos a los fans con ganas, y abrió y cerró su concierto con las dos canciones más clásicas de The Killers; “Humans” y “Mr. Brightside”.

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Un buen rostro vende, pero no vende tanto como un rapero estandarte de la cultura pro-legalization como Wiz Khalifa, que llegó para que todos nos diéramos cuenta que alrededor de nosotros ya empezaba a oler a “pachanga”, a pesar de que la seguridad del festival ya les había pedido “amigablemente” a varios por encontrarlos con las manos en la masa.

Cerramos la noche con Empire of the Sun y sus increíbles y ya clásicos escenarios y disfraces. Para cenar, unos buenos “Tostilocos” bien picosos. Ah, y por supuesto un trago más de cebada fermentada “light” de a litro, comprado a precios de antro pero que ya con tantas caras bonitas alrededor, ni te importa comer atún la siguiente semana, con tal de echarse “la última” y salir cantando con todos, con los pies enlodados y cansados, y la cara roja (si no te pusiste bloqueador). A la salida, gran parte de los asistentes nos regresamos en Uber, que tenía una promoción en la que regalaban viajes de ida y vuelta al festival. Eso, claro, a los que les sobrevivió la pila.

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En resumen, el Hellow Festival se tiene que quedar muchos años más y no bajar su calidad, incluso apostar por regresar al festival de dos días que ya nos tenía acostumbrados. Le damos un 8.0 al festival, no por la logística bastante respetable o por la calidad de sus actos, sino porque puede llegar a ser mucho más en un mercado como el regio que sabemos que compra, y compra bien cuando se trata de ir a eventos que valgan el esfuerzo por el boleto. Ya nos estamos encariñando cada vez más con Monterrey.

TEXTO: Ricardo y Ale
FOTOS: Israel Valenciano Tijerina

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