Las cosas que ODIAMOS de los transportes públicos

Nadie es perfecto en este mundo y a veces, tenemos que demostrar que es así, liberando un poco de estrés. Algunas personas le pegan a sus almohadas, otras salen a hacer ejercicio y hoy nosotros ocuparemos un método bastante válido y comúnmente visto. Hoy simplemente vamos a quejarnos de cosas que no nos laten.

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Pero no vamos a ir por ahí hablando feo de cualquier cosa sólo porque nos da la gana, de hecho, estábamos pensando en un tema que a todos nos molesta hasta cierto punto: El transporte público. ¿Dimos en el blanco? Claro que sí, porque debido a que muchas personas no poseen su propio medio de transporte, se tienen que ver sometidas a situaciones muy desagradables diariamente durante su camino al trabajo, la escuela u otros destinos.

Vamos a tomarnos sólo un momento para enumerar las cosas que odiamos, pero a la vez, tenemos que soportar al subirnos a los transportes públicos.

Tener que ir todos apretados

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Esta sin duda es una de las razones por las cuales, el llegar a nuestro destino puede convertirse en una completa lucha por la supervivencia. El hecho de tener que encontrar algún espacio disponible para subir ya sea al camión, metro o metrobús, se puede convertir en una pesadilla, sobre todo cuando todo el mundo tiene el tiempo encima y pocas opciones.

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Así nos sentimos cuando salimos del vagón del metro.

Llega un momento en el que vamos tan apretados en el transporte, que ya no sabemos donde empezamos nosotros, y donde termina el resto de los pasajeros; como si fuéramos una especie de pintura surrealista.

Los retrasos o paradas largas

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Una situación que está muy ligada a la anterior, porque si hay retrasos, se va sumando cada vez más gente en la larga fila de espera, y ya saben cuáles son las consecuencias.

Ya sea porque el conductor tiene muchísimas ganas de echar el chisme con algún amigo que se topa por ahí, porque hubo alguna falla en el vehículo, o porque se esperan a que haya más pasajeros para avanzar, tenemos que ver como se van perdiendo valiosos minutos que necesitamos para llegar a tiempo a nuestro destino y con estos, un fragmento de nuestra alma.

La higiene de dichos transportes

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Aquí podemos poner cualquier clase de transporte público, ya que nunca falta que nos subimos a uno que parece que recibió su última lavada hace media década. ¿Nunca les ocurrió que al subirse a un taxi, detectaban un olor muy “peculiar” y no sabían ni de dónde venía? Posiblemente, sí.

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Lo mismo pasa con otros vehículos, tanto que a veces sentarse no es siquiera una opción.

Los conductores manejan horrible

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El momento exacto en que ponemos un pie en un medio de transporte público, ponemos nuestra vida en manos de quien conduce, lo una situación bastante alarmante cuando estas personas olvidan que están manejando un microbús y no algún vehículo sacado del set de “Mad Max: Fury Road”.

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Son situaciones como esa, en donde recordamos todos los propósitos de año nuevo que jamás cumplimos en nuestra vida y que tenemos una familia que nos ama.

Cuando nos ignoran en la parada y al bajar

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Si hay algo que nos molesta muchísimo de muchos medios de transporte púbico, es que nos den el avionazo cuando vamos a bajar, o peor, cuando queremos subir.

Hay días en los que llevamos demasiado tiempo esperando a que pase un camión o taxi y cuando por fin pasa uno, de repente nos hacemos invisibles como por arte de magia y pasan de nosotros sin siquiera frenar un poco. Mencionamos lo de la invisibilidad, porque luego nos damos cuenta de que se paró una cuadra después para levantar a otras personas.

Ocurre lo mismo cuando tenemos que bajar. Tocamos el timbre, les gritamos, hacemos señales de humo y nada. Tres o cuatro cuadras después de pasar nuestro destino, nos dejan bajar y sentimos que queremos destruir el mundo del puro coraje.

Aumentos de precio espontáneos

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Para muchos de nosotros, cada centavo en nuestro bolsillo cuenta, por lo que a veces, sólo cargamos con lo exacto para llegar a nuestro destino y no más. Pero una fuerte patada en… el peor lugar que puedan imaginar, es que un día nos subamos al transporte y lo primero que nos digan sea “te falta un peso”.

Jamás podemos predecir cuándo es que va a aumentar la tarifa cobrada por el servicio; encima, cuando no alcanza, sólo nos queda una de dos, o nos bajamos del vehículo ahogados en nuestra vergüenza, o que nos dejen pasar así y nos miren feo.

El acoso sexual

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Sin lugar a dudas, una de las situaciones más desagradables encontradas al subir a un medio de transporte público. No falta la persona que se pase de graciosa y quiera invadir y violar completamente el espacio personal de alguien. Esto es algo sin duda humillante y poco ético.

Las mujeres son quienes sufren más de este tipo de abusos y muchas veces, el horrible sentimiento que deja la experiencia, hace que eviten denunciar estos actos.

La delincuencia

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La inseguridad al abordar un medio de transporte público en México es inmensa. Nunca sabemos cuando vamos a ser víctimas de una asalto o cosas peores mientras tratamos de llegar a donde sea que vayamos, ya que es algo que ocurre todos los días y muchas veces no se hace nada al respecto.

Cuando se sube el típico dude que siempre nos dice “que no nos viene a robar” o algo así, nunca sabemos si lo va a cumplir o no. Lo peor de todo, es la sensación de saber que el fruto de nuestro trabajo se desvanece en pocos segundos para irse en manos de otras personas.

Hay tantas cosas que deberían cambiar en nuestro país y estas son sólo un pequeño porcentaje. Hagamos lo que se encuentra en nuestras manos y recordemos alzar la voz para hacer saber nuestro descontento. El conformismo es un factor importante que nos detiene para realizar cualquier cambio.

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