Bruselas encuentra esperanza en sus propios habitantes

Ayer fue un día gris, la noticia de los ataques terroristas vividos en Bruselas opacó nuestro estado de ánimo y nuestra fe en la humanidad, nuevamente, fue golpeada fuertemente. Este tipo de noticias realmente desaliente mucho respecto al futuro de la humanidad ¿qué significan los ataques?, ¿hacía dónde nos llevarán?, ¿en algún momento podremos andar en total paz?, ¿por qué contra la sociedad civil?, la verdad es que son muchas preguntas donde necesariamente no buscamos respuestas, sino soluciones. Es totalmente triste saber que vidas inocentes al fin y al cabo son las que sufren las consecuencias que mucho no logramos ni entender.

Pero bueno, no queremos llegar a cerrarnos y desconfiar de todas las personas -esa no es la solución-. Afortunadamente no todos somos iguales y existen personas que creen que aún hay esperanza dentro de nosotros mismos, ayudándonos mutuamente en este tipo de situaciones donde indudablemente no podemos hacer caso omiso.

Les presentamos a Ann Glorieus, una de las personas que se solidarizaron el día de ayer con las víctimas de los ataques. Ella se encontraba trabajando desde su casa cuando se enteró de las explosiones en el aeropuerto de la ciudad y en la estación de metro Maelbeek.

 

Ann Glorieus

 

Su primer pensamiento fue en los cientos de viajeros varados por los ataques:

“Nada es tan deprimente como estar atrapado en algún lugar cuando lo único que quieres es estar en casa”

Fue así que Ann, al igual que cientos de personas más, utilizaron el hashtag #IkWilHelpen (“Quiero ayudar”), donde ofrecieron apoyo desde transporte como hospedaje a todas aquellas personas que lo necesitaban.

Pero Ann se esforzó un tantito más, ya que no espero a salir de casa para ofrecer viajes, sino que fue en búsqueda directamente de la gente que necesitaba de su ayuda.

De acuerdo a Ann, inicialmente hizo dos viajes desde su casa en Bruselas a Aalst, la cual está ubicada a 30 km, llevando a tres compañeros, y posteriormente de Bruselas a Amberes, ubicado a unos 45km. En la noche hizo otro viaje nuevamente de Bruselas a Amberes y regresó a su casa después de la 1am.

 

belgica

 

Quinten de Raedt, uno de los copilotos en el segundo viaje de Ann escribió en su cuenta de Twitter:

“Ella sólo pensaba que debía hacer algo por las personas atrapadas en Bruselas y decidió jugar a ser… un taxi”

Muchos mencionan a Ann como un acto de pura generosidad, bondad y responsabilidad social. De hecho se ha comentado que gran parte de la población en Bruselas mostró una disposición positiva por ayudar.

Ann explicó que ella no buscaba ninguna ventaja de esta locura, rematando:

“Ser capaz de ofrecer ayuda es en realidad la forma en cómo puedo mediar la tristeza. Hoy me siento muy feliz de haber llevado a la gente de vuelta a su casa. Tal vez esto ayude a contrarrestar toda la mala voluntad del mundo. Aunque sospecho que esto es sólo una pequeña gota de agua en un plato caliente”

Cuando nos enteramos de actos de este estilo es cuando nuestra fe en la humanidad renace, indudablemente no opaca la magnitud del problema, pero hace ver un pequeño destello de luz esperanzador que creemos que es mucho más grande -en número de personas- que de aquellos que sólo buscan crear caos y horror.

 

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