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¿Qué hace uno escribiendo por tu 90 aniversario, Jaime?

A veces, para comprender la magnitud de todo un universo lírico, es factible acudir al método de lectura de asimilar toda la obra de un poeta en un poema. En uno de sus últimos poemas en prosa se podría encontrar pues la clave del arte poética de Jaime Sabines (1926-1999). Dice en la parte final de “Adoro tu cuerpo”: “Adoro tu cuerpo porque tiene el misterio y la luz, el secreto de Dios, el gran secreto, amor, que Él guarda a la vista de todos”. El poeta se parece un poco a ese Dios al que le habla, pues el secreto de su poesía (casi una calca poética de la trama del cuento de Edgar Allan Poe, “La carta robada”, escondida justamente en el sitio más vistoso de la casa) consiste en hablar de eso que aparentemente está guardado “a la vista de todos”.

Y para hablar de ello se vale de un recurso que estuvo muy en boga en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado: la poesía conversacional, que entre sus características (planteadas entre otros por el crítico cubano Roberto Fernández Retamar) se encuentra en establecer puentes comunicantes no sólo a través del lenguaje cotidiano, sino empeñado en revelar lo misterioso y mágico que resulta ser el mundo cotidiano, cuestionándolo sí, pero sin caer en un nihilismo absoluto, buscando abrirse hacia nuevas perspectivas. Sabines entra de lleno dentro de tales características y para muestra basta citar este fragmento de su poema “Con los nervios saliéndome del cuerpo”:

Mañana te has de levantar de nuevo
a caminar entre las gentes.
Y amarás el sol y el frío,
los automóviles, los trenes,
las casas de moda, y los establos,
las paredes a que se pegan los enamorados
al entrar la noche, como calcomanías,
los parques solitarios en que se pasean las desgracias
con la cabeza baja, y los sueños se sientan a descansar,
y algún novio la busca bajo la falda,
mientras la sirena de la ambulancia da la hora
de entrar a la fábrica de la muerte.

jaime sabines

El “poeta peatón” es el ejemplo ideal de su sujeto poético (“¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón”, afirma en el poema del mismo nombre), ese ser que asoma las narices en la calle para empaparse de lo que está sucediendo. ¿Y qué es lo que está sucediendo? Lo de todos los días, el drama de la condición humana. Y ese asomarse a la ventana para mirar el espectáculo de la calle se convierte asimismo en una circunstancia introspectiva, un espejo en que se refleja, por ejemplo, la habitación de un hombre no sólo en situación de soltería, sino que experimenta una vacuidad un hastío de la vida:

Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, cuándo.
Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.

De los seis temas que se despliegan dentro de su obra poética, Dios, el amor, la muerte, el tiempo, la patria, la poesía, son quizás los cuatro primeros aquellos que más acuciosamente asedia y que tal vez forman parte de un mismo núcleo existencial, tal como lo expresa en el poema “Preguntas”:

¿Quién echó a la muerte y al amor en el mismo saco? ¿Lo han hecho para que enterremos a la muerte y plantemos el amor a su lado?

¿El amor es nada más que la lámpara con que buscamos a los muertos?
¿Voy a pasar la vida entre los vivos y los muertos, confundiéndolos?

¿Soy el embrión de mi cadáver? ¿Estoy en gestación o en la infancia de mi muerte?

¿Dios es la almohada en que reposará mi cabeza dentro de la tumba? ¿Dios, amor, vida, muerte, es lo mismo? ¿Es este el río que nos lleva, el árbol que nos acompaña, el cielo que nos despide, el rescoldo de sombras que nos espera?

sabines poemas

No será entonces raro que justo ése sea su modo de aproximarse a las cosas, algo así como un método mayéutico, el cual consiste en interrogar al interlocutor, recurso que se repite constantemente dentro de su obra, como en este otro poema en prosa, “Para hacer funcionar a las estrellas”: “¿Por qué me levanto a las tres de la mañana mientras todos duermen? ¿Mi corazón sonámbulo se pone a andar sobre las azoteas detectando los crímenes, investigando el amor?” Difícilmente encontraremos otro poeta que se la pase haciendo preguntas continuas dentro de sus textos: la autenticidad y franqueza de la postura asumida por el yo poético se hace entonces patente porque como el ciudadano de a pie, Sabines más que lanzar “netas”, se coloca en su misma de situación de azoro e incertidumbre. Antes que de verdades absolutas su palabra va cargada de las eternas preguntas ligadas a la condición humana. Y es que la respuesta como tal nunca llega.

La limitante que implica nuestra condición mortal sólo alcanza a consolarnos con paliativos a través de la unión amorosa, así de grandiosa y efímera como es la duración de un cuerpo, pero que mitiga por un rato este alud de atribuladas preguntas con la luz de su respuesta transitoria, tal como lo asienta en el poema que vengo citando desde un principio: “Adoro tu cuerpo porque responde a todas las preguntas que hacemos los que queremos vivir.” Quizás porque yo también soy uno de esos “que queremos vivir” estoy a estas horas preguntándome: ¿qué más puede uno hacer que escribir unas cuantas líneas en tu 90 aniversario, Jaime?

Texto de Jesús Gómez Morán

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