Wimbledon y la triste historia de su propio #toallagate

Con una historia que nos remonta a 1877, se trata del certamen de tenis más antiguo y prestigioso del mundo que pese al paso del tiempo, Wimbledon ha logrado mantenerse fiel a sus tradiciones, siendo el único Grand Slam que se disputa en una cancha de pasto y que exige a todos los jugadores participantes, tanto en la categoría femenil como varonil, que su vestimenta sea de color blanco en su totalidad.

La exigencia llega a tal grado que alguna vez la tenista canadiense Genie Bouchard fue multada por llevar un sujetador de color negro bajo su camiseta blanca. Este año, la misma Bouchard puso el dedo sobre la llaga al tuitear el mensaje: “Wimbledon, tienen estrictas reglas sobre la ropa blanca, pero todas las toallas tienen los colores más locos”, en referencia a los colores verde y púrpura que distinguen al torneo.

Wimbledon también posee, entre otras cosas, el récord de haber albergado el partido más largo de la historia, disputado entre el estadounidense John Isner y el francés Nicolas Mahut en 2010. Dicho encuentro, duró 11 horas y 5 minutos, y por obvias razones se tuvo que jugar a lo largo de dos días. Al final del agotador encuentro, la victoria —en muerte súbita— fue para Isner con un marcador de 6-4, 3-6, 6-7 y 70-68.

Que los partidos de Wimbledon se tengan que aplazar o jugar a lo largo de dos días no es cosa nueva, dadas las constantes lluvias que suelen caer sobre Londres y durante la edición 2016 no será la excepción.

Sin embargo, más que la lluvia, el tema que parece preocupar realmente a los organizadores del torneo es que son víctimas de un robo masivo de toallas… por parte de los jugadores.

Sí, ya sea por descuido o para llevársela como souvenir, los tenistas profesionales han “olvidado” regresar las toallas que se les asignan para secarse en cada partido. La organización del torneo ha denunciado públicamente que de las 6 mil toallas asignadas para jugadores en Wimbledon, sólo se han devuelto 20% de ellas.

Novak Djokovic.“Esta me la guardas en la maleta grande”

El dato, que pudiera parecer curioso para algunos, es más que costoso para otros. Cuando hacemos cuentas, podemos darnos cuenta de que el robo de toallas le ha costado al torneo cerca de 150 mil libras esterlinas (por ahí de 3 millones de pesos mexicanos), por lo que a partir de esta semana la organización ha decidido dar únicamente toallas blancas a todos los jugadores.

A todos los jugadores, excepto a las súperestrellas que jueguen en la cancha central y que, por consiguiente, serán vistos por millones de personas en todo el mundo. Curiosamente, son esas mismas súperestrellas las que han admitido llevarse alguno que otro recuerdito.

De hecho, Novak Djokovic, el número uno del mundo, admitió que a veces simula sudar demasiado para pedir una toalla extra a la organización y que incluso, antes de cada partido, el tenista serbio hace un espacio en su maleta para llevarse esas toallas.

Roger Federer.
“¿Así está bien con ésta o quiere que le traiga otra limpia?”

Por su parte, el británico Andy Murray argumenta que las toallas son un souvenir muy codiciado en su círculo cercano. “En la primera ronda me llevé una toalla y se la regalé a mi fisioterapeuta, habitualmente me llevo una toalla de cada partido y se la doy a alguien de mi equipo. Nunca me quedo con alguna, pero a mi esposa le gustan mucho. Hasta eso, son toallas de muy buena calidad”.

En la rama femenil, Serena Williams es considerada como una leyenda, no sólo por los títulos que ha logrado en su carrera, sino también por la cantidad de toallas que se ha llevado de cada torneo. A estas alturas se dice que “ya se podría haber comprado otra casa”.

Su hermana, Venus Williams, también es una de esas acaparadoras de toallas y lo dice sin pudor: “Tengo muchas toallas en casa, desde 1997. Incluso, tengo toallas de hombres que he intercambiado con otros jugadores”.

Serena Williams
“Y… ¿si me la guardo ahorita que nadie me está viendo?”

Habitualmente, cada jugador recibe 2 toallas por partido, mismas que deberían dejar en su silla al abandonar la cancha, pero a algunos se les “olvida”.

Y si se preguntan por qué tanto escándalo, les diremos que las toallas de Wimbledon son hechas de algodón al 100%, miden 70×133 centímetros y pesan 500 gramos. Su calidad y peculiaridad las convierten en el souvenir por excelencia de este torneo, sin contar que cada una cuesta 47 dólares…

Bueno, al menos los organizadores pueden agradecer que las toallas de Wimbledon no son tan costosas como aquellas del otro toallagate famoso, las Vicente Fox y Martita Sahagún.

Fernando Verdasco.
“Ahí está su **che toalla, al fin que ni la quería”