Nos ataca una nueva oleada de estafas piramidales y de crédito

Pareciera que los fraudes van por ciclos y se presentan en los periodos más turbulentos de la economía: así como en el 2008 aparecieron muchas estafas de instituciones pseudo financieras (Bernard Madoff, a nivel internacional, y en México, Inverban o el fraude de forex del WTC), ahora parece que salen hasta de las piedras los esquemas piramidales como la flor y el telar de la abundancia, supuestos multiniveles con forex y propuestas de créditos milagrosos.

Hoy les hacen mucho marketing, inventan flores con elementos como fuego, agua y demás (para más referencia leer esto), pero las estafas son más viejas que Matusalén y los esquemas piramidales se hicieron célebres a principios del siglo pasado cuando Carlo Ponzi, un inmigrante italiano que vivía en Estados Unidos, montó una red en la que les ofrecía a sus inversionistas rendimientos de 50% en 45 días al “invertir” en cupones de respuesta, que supuestamente otros inmigrantes italianos le mandaban a su familia en Europa.

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Los cupones de respuesta son timbres postales que vienen dentro de una carta para que puedas contestarle al remitente. Según Ponzi los rendimientos salían de la diferencia de precios de los cupones que había entre Estados Unidos y otros países. El pequeño detalle es que las diferencias no eran tan grandes y que Ponzi nunca compró las estampillas, así que esas jugosas ganancias sólo se podían pagar con el dinero que aportaban nuevos compradores.

Los primeros “inversionistas” del fabuloso esquema de Ponzi obtuvieron los estratosféricos rendimientos prometidos, que eran mucho mayores a los que otorgaba cualquier opción financiera legal y empezaron a correr la voz.

Todo iba viento en popa hasta que el Boston Post hizo un reportaje donde explicaba que ni siquiera existían tantos cupones como los que Ponzi había vendido. Los inversionistas corrieron  a reclamar su dinero, la pirámide dejó de tener nuevos incautos, se desplomó y el capital invertido también se evaporó a temperatura ambiente. Se estima que con su pirámide, Ponzi se transó a 10 mil norteamericanos. Después de 7 años de juicio, los estafados sólo pudieron recuperar 37 centavos de cada dólar invertido.

Los rendimientos exageradamente por encima del mercado y la necesidad de “reclutar” gente para maximizar tus ganancias son dos de las características de las estafas piramidales (así te lo dibujen con forma de flor, círculo, telar o lo que sea). Si quieres tener más pistas para saber si estás frente a una checa este video:


Créditos fáciles, rápidos… y fraudulentos
Los créditos no escapan a la “creatividad” de los estafadores. La Condusef lanzó una alerta sobre las compañías que ofrecen préstamos sin ser instituciones financieras, que piden “un depósito” y luego no conceden el crédito.

Para esto hay algunas variantes:

  • Están los que mandan correos haciéndose pasar por una institución financiera, círculo de crédito o buró de crédito y ofrecen préstamos pero solicitan datos personales… que pueden servir para sustraer dinero de tus cuentas o clonar tus tarjetas (Por eso NUNCA hay que dar datos personales por correo).
  • Hay otros que prometen créditos rápidos y fáciles pero que te dicen que necesitan una cantidad determinada para la investigación y después argumentan que se rechazó la solicitud (¡tan campantes!)
  • También hay una “variedad” que tiene oficinas virtuales y una vez obtenida una masa crítica suficientemente amplia de “solicitantes” que paguen su “depósito”, simplemente cierra y se lleva el adelanto obtenido.

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El punto clave es que si alguien está solicitando un crédito las instituciones financieras legales no piden dinero para otorgarlo, simplemente hacen una investigación para comprobar los ingresos de un solicitante y verifican que tenga un historial crediticio adecuado. Este es otro de los ganchos que las empresas utilizan para su estafa: prometen créditos exprés para personas sin historial crediticio o que estén con registros negativos ante el buró.

Las narrativas o el marketing quizás han cambiado pero las estafas prevalecen y todo lo que suena demasiado bueno para ser verdad, generalmente lo es. Estar alerta, corroborar la información y la existencia de las instituciones a las que le confiamos nuestro dinero es básico para que no nos vean la cara o nos bajen una buena lana.

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Sofía Macías es especialista en educación financiera, autora de la serie de best-sellers Pequeño Cerdo Capitalista. Puedes encontrarla en Twitter como @PeqCerdoCap y en www.pequenocerdocapitalista.com.

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