Assange vs Clinton: la “guerra” que podría convertir en presidente a Trump

50 mil correos electrónicos filtrados y contando… es la guerra de Julian Assange y Wikileaks contra Hillary Clinton.

En marzo de 2013, Wikileaks filtró un archivo que contenía más de 30 mil correos electrónicos y documentos enviados a través del servidor privado de Hillary Clinton durante la época en la que la ahora candidata demócrata a la presidencia gringa se desempeñaba como Secretaria de Estado de los Estados Unidos.  

La semana pasada, la organización publicó 20 mil correos más, con los que expone la manera en la que los dirigentes del partido demócrata favorecieron la candidatura de Hillary Clinton minimizando la del senador Bernie Sanders durante las elecciones primarias.

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Esta última filtración terminó por eclipsar el inicio de la convención demócrata, y provocó la renuncia de la presidenta del partido, Debbie Wasserman Schultz. El equipo de Clinton señaló a Rusia como el cerebro detrás del leak, con la intención de interferir en la carrera presidencial en los Estados Unidos y echarle (de pasada) una mano al aspirante republicano, Donald Trump.

Y ahora,  Julian Assange –fundador de Wikileaks–, amenaza con difundir más correos de la ex primera dama estadounidense. Pero, ¿por qué Assange —refugiado en la embajada de Ecuador en Londres desde 2012– buscaría perjudicar a Hillary Clinton e impulsar indirectamente la candidatura de Donald Trump?

Bueno, antes que nada, habríamos de decir que esta lectura de la situación no es del todo correcta pues no todo es blanco a favor de Assange ni negro contra Clinton, o viceversa.

A través de WikiLeaks, Julian Assange lleva varios años exponiendo varios trapos sucios del gobierno norteamericano y Hillary Clinton ha sido una de sus “clientes frecuentes” en cuanto a filtraciones de información delicada se refiere. Sin embargo, las acciones de Assange lo han llevado a convertirse en una especie de preso político y también han llevado a prisión a quienes le ayudaron a obtener la información filtrada, como Chelsea (antes Bradley) Manning.

Por otro lado, Hillary Clinton ha demostrado ser una mujer inteligente y capaz de transformar una situación negativa en algo que sirva para mantener su imagen impecable ante el público. Cuando su esposo, Bill Clinton, fue expuesto por sus amoríos con una becaria de la Casa Blanca, ella apareció como la comprensiva esposa que lo perdona todo por amor (o por poder, según algunos). Cuando fue expuesta por usar un servidor privado –violando la ley en Estados Unidos– para mantener comunicaciones con su equipo durante su época como Secretaria de Estado, aprovechó la ocasión para reducir la atención sobre otras de sus oscuras actividades y esa investigación fue cerrada sin cargos criminales para ella.

Durante años, Hillary ha sido señalada como una mujer manipuladora y deseosa de gobernar; alguien a quien no le importa romper las reglas con frecuencia con tal de alcanzar sus objetivos. Y ahí está el riesgo principal para sus intenciones de ser presidente de Estados Unidos: con tanta mugre que esconder, Hillary podría caer de la gracia del pueblo si Assange o Wikileaks destapan más de sus secretos.

El peor enemigo de Hillary Clinton en su camino a la Casa Blanca parece que no es Donald Trump, sino Julian Assange y sus controvertidas Wikileaks.

Aunque, cuando se trata de elegir entre Trump y Hillary, Julian Assange aclara que es casi como decidir si uno quiere contagiarse de cólera o de gonorrea.

Así como millones de personas rechazan los ideales (y triquiñuelas) de Donald Trump, Assange está convencido de que el empresario no es una buena opción como gobernante. Pero quien de verdad está en la mira del fundador de Wikileaks es la candidata demócrata, que muchos consideran como la única alternativa para evitar la xenofobia, el racismo, la petulancia, la misoginia y otros tantos defectos atribuidos a Trump.

No debemos olvidar que Wikileaks se fundó en 2006 como una organización que busca exponer comportamientos poco éticos o poco ortodoxos de los gobiernos de todo el mundo. Sus mayores filtraciones han estado relacionadas con el gobierno estadounidense y su actuación en las guerras de Irak y Afganistán.

En ese contexto, en abril de 2010, Wikileaks publicó un video en el que aparecen soldados estadounidenses disparando contra un reportero de la agencia de noticias Reuters y diez civiles más. Contradiciendo la versión “oficial”, el reporte de Wikileaks señalaba que las víctimas del abuso militar se encontraban completamente indefensas y desprotegidas.

Meses después, en julio del mismo año, Wikileaks difundió más de 92 mil documentos sobre la Guerra de Afganistán que exhibían el número de víctimas civiles provocadas por los soldados de Estados Unidos y sus países aliados.

Y para octubre, la organización hizo públicos los llamados Irak War Logs: 391 mil documentos filtrados desde el Pentágono sobre la Guerra de Irak que describían el uso sistemático de tortura por parte de las fuerzas norteamericanas, así como la cifra de 109 mil muertos –de los que más de 66 mil eran civiles–, lo que significa que 31 personas inocentes perecieron durante cada día que duró el conflicto bélico.

Pero de todas, la filtración que más dañó al gobierno norteamericano fue el Cablegate, ocurrido en noviembre de 2010. Esa vez se filtraron 251 mil cables y comunicaciones entre el Departamento de Estado estadounidense (liderado en aquel entonces por Hillary Clinton) y sus embajadas de todo el mundo.

Varios reportes dejaban claro que Obama (el jefe de doña Hillary, pues) estaba completamente en contra de las decisiones de Clinton de usar sus propios servidores –fuera del control, la regulación y el registro del gobierno– para enviar y recibir correos electrónicos. Además, el presidente también le había ordenado a Hillary que dejara de recibir donaciones extranjeras en la Fundación Clinton… y ella tampoco lo obedeció.

Hillary Clinton parecía no querer responder ante nadie, ni siquiera ante la máxima autoridad de su país, desafió las leyes y luego logró salir del hoyo casi ilesa. Como Secretaria de Estado demostró que fue irresponsable en su manejo de información clasificada o confidencial.

Con el Cablegate quedó al descubierto todo tipo de comunicaciones de carácter secreto. Entre los afectados había un gran número de países como España, Alemania, Australia, Francia, Brasil, Colombia, Egipto, Argentina, Canadá, Rusia, Cuba, Reino Unido, Corea del Norte, Turquía y, por supuesto, México.

Y aquí es donde oficialmente comenzó la verdadera confrontación entre Clinton, Assange y Wikileaks.

Por un lado, el Departamento de Estado liderado por Clinton realizó una agresiva campaña para exterminar Wikileaks, provocando la creación del Acta Shield dentro de la ley de espionaje, que prohíbe la difusión pública de información clasificada, cuya consecuencia inmediata fue la criminalización de las acciones de Assange.

Clinton aprovechó el desconocimiento de un sector de la población sobre la forma en la que operan los sistemas informáticos y alegó que era víctima de una especie de cacería de brujas. Todo, mientras ella llevaba a cabo su propia cacería contra los que la habían expuesto.

Luego, el gobierno de Estados Unidos orilló a sitios como Amazon o Paypal a dejar de prestar todo tipo de servicios a Wikileaks. Finalmente, el 7 de diciembre del año 2010, Julian Assange fue acusado por delitos de violación, abusos sexuales y coacción, por lo que la policía sueca giró una orden de aprehensión en su contra.

Assange siempre ha negado ser culpable de cualquier tipo de abuso sexual y afirma que, con esta acusación, sus detractores buscan encarcelarlo para después extraditarlo a Estados Unidos donde sería enjuiciado por lo que, durante el verano de 2012, buscó refugio en la embajada de Ecuador en Londres. 

Así que, por supuesto, si Hillary Clinton llega a la Casa Blanca, la situación de Julian Assange y Wikileaks podría empeorar considerablemente. Si por años ella ha puesto tanto empeño en reducir los efectos de las acciones de Assange, una vez que alcance la presidencia presionará aún más para enjuiciarlo en Estados Unidos.

Esta desagradable –pero probable– consecuencia para Assange podría ser la motivación detrás de los constantes embates y filtraciones de Wikileaks en contra de la candidatura demócrata a la presidencia.

Desafortunadamente para muchos otros, el inesperado ganador de este enfrentamiento podría ser Trump. Si en un momento dado Wikileaks logra golpear con fuerza a Clinton sacando a la luz algún otro escándalo, las consecuencias para su campaña política podrían ser devastadoras.

Tristemente para Assange y otros que han seguido sus pasos al exhibir públicamente al gobierno estadounidense (como Edward Snowden o la propia Chelsea Manning), la verdad no los hizo libres. Ahora se encuentran tras las rejas o viviendo como refugiados, escondidos y sin posibilidad de llevar una vida normal, como las que ellos intentaron asegurar para millones de personas en el mundo.

Hay casos más desafortunados como el de Aaron Swartz, el hacktivista que terminó suicidándose cuando el gobierno de Estados Unidos lo persiguió por su actividad en pro de la libertad en línea.

Si –con Hillary debilitada mediáticamente por una eventual filtración– Trump aprovecha la ocasión y le da el tiro de gracia político, habrá pocas probabilidades de que ella se convierta en presidente. Es obvio que Assange o Wikileaks no apoyan abiertamente a Donald Trump… pero de alguna manera podrían terminar ayudándolo a gobernar el país más poderoso del mundo.

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