¿Qué desayunaban las grandes mentes de la Historia?

Tan común como verdadero: el desayuno es el alimento más importante del día.

Es bueno para ti, te da energía, activa tu metabolismo, ayuda a que no comas a deshoras y te mantiene en forma. Sí, nos lo sabemos de memoria, porque varios científicos han señalado que saltarse el desayuno es un hábito común entre personas con sobrepeso u obesidad.

Muy bien, perfecto. Eso ya lo sabemos.

Desayuno-Bikini-Carro-Prisas

Ahora, el problema en estos días se centra en la escasez de tiempo, las prisas y el estrés de la cotidianeidad que nos genera una especie de ansiedad y nos lleva a la indecisión al momento de elegir un buen desayuno… por lo que, para empezar la jornada, decidimos investigar qué diablos desayunaban aquellas grandes personalidades que, de alguna u otra forma, ayudaron a cambiar la historia de la humanidad.

Empecemos por Albert Einstein, una de las mentes más brillantes de la historia; creador de la teoría de la relatividad y el refrigerador, pionero en los terrenos de la física cuántica, entre muchas otras cosas. En su libro Einstein at Home, su ama de llaves, Herta Waldow, comenta que el genio de genios siempre desayunaba al menos dos huevos estrellados, acompañados por setas y miel.

Otro amante de los huevos en el desayuno, era Winston Churchill, quien probablemente inventó lo que hoy conocemos como el desayuno de campeones, y es que Churchill pedía que su desayuno fuera servido en dos charolas. Una, con pan tostado, mermelada, mantequilla, café, leche, huevos y un poco de pollo y otras carnes. En la otra charola, se le tenía que servir una toronja, azúcar, un vaso de jugo de naranja y whisky. ¡Púmbale, papá!  ¡Buenos días mundo!

Lluvia-Hamburguesas

A quien también le gustaba iniciar el día alegre era a la reina Isabel I, que empezaba sus días con una charola de pan fino, estofado a base de carne de res y, para acompañar, nada mejor que una jarra de cerveza… nomás pa’ que resbale.

El que era un amante de las proteínas era Wolfgang Amadeus Mozart, quién no tenía el menor empacho en arrancar la mañana con un verdadero atascón… o al menos es lo que se puede deducir de las cartas que llegó a enviar a su esposa, en las que describía el placer que le producía disfrutar del medio capón que un amigo suyo le preparaba para desayunar. Por si tienen dudas, el capón es un gallo de corral, con una carne mucho más fina y de mayor peso que los gallos normales.

Al menos se comía sólo la mitad.

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Mozart era todo lo contrario a Mahatma Gandhi, quien antes de instaurar métodos de protesta nunca antes vistos –como la huelga de hambre–, solía llevar una dieta mucho más equilibrada, en la que de acuerdo a sus diarios, desayunaba un plato de avena, leche de cabra y un trozo de cacao.

Y bueno, por supuesto que nada se compara con el genio de algunos héroes anónimos, que en México se han encargado de inventar grandes platillos para el desayuno como las tortas de tamal, las tortas de chilaquil, y por qué no… las famosas Muertortas, pa’ tener el aliento de Mumm-Ra durante toda la mañana.

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