Recordando el sonido de México: Chava Flores

Continuamos con esta sección que recuerda a los grandes compositores mexicanos, que gracias a su legado marcaron nuestra identidad cultural. La música es un lenguaje mucho más complejo de lo que podemos suponer a primer escucha.

 

Los clásicos felinos

 

La industria actual está llena de música pop de otros países poniendo en riesgo el legado nacional, por eso, en un recordatorio y esfuerzo por mantener presentes quiénes somos y nuestro sonido al paso de los años, recordaremos a uno de los grandes: Chava Flores

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¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?

Salvador Flores Rivera, mejor conocido como Chava Flores, nació en el barrio antiguo de la Merced en 1920. Constantemente su familia se cambiaba de casa dentro de la Ciudad de México, donde pasó gran parte de su vida. Desde muy joven, Chava Flores chambeaba de costurero, cobrador, vendedor, lo que facilitó su composición y creatividad musical: constantemente se desplazaba por la capital.

La facilidad del Cronista cantor para relatar sus historias sin tener que rebuscar en el lenguaje (usaba sin pena su jerga dominante) le sirvió para contar la vida de los barrios mexicanos con un ritmo muy particular.

 

 

Con sus compañeros de la ferretería, Chava Flores creó su propia imprenta llamada Álbum de Oro de La Canción, negocio que duró hasta que el precio del papel se elevó excesivamente. Este triste acontecimiento marcó un parteaguas en su vida que lo llevó a dedicarse de lleno a la música.

Su emblemática obra “Dos horas de balazos”, la tocaba en varios cabarets de la ciudad. Rápidamente su fama se extendió por todo el país, e incluso el continente, lo que lo llevó a grabar numerosos discos. Incluso formó parte de siete películas del cine mexicano.

La visión de México que poseía Chava Flores, no ha cambiado tanto como nosotros pensaríamos.

 

 

Canciones “pintorezcas” como “El Gato Viudo”, han sido interpretadas en más de una ocasión por grandes talentos de distintas generaciones. Entre sus seguidores están los señores Óscar Chávez y José Alfredo Jimenez. Incluso después de su muerte en 1987, fueron publicados tres libros en su honor relatando sus orígenes y compartiendo con el mundo su trabajo.

 

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