A fumárselas como Keith Richards: Iglesia prohíbe guardar o esparcir cenizas de difuntos

Bueno, en realidad el de los Rolling se echó una líneas con ellas y, hasta eso, todo quedó en mito rockero…

Pero lo supuestamente hecho por el compadre de Jagger quedará como opción para todo aquel que tenga guardadas por ahí las cenizas de algún ser preciado. ¿Por qué? Bueno, pues resulta que la iglesia católica ha emitido un documento en el que se prohíbe esparcir las cenizas de los muertitos… guardarlas en casa tampoco será buena idea.

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Dicho documento ya fue aprobado por el futbolero Papa Francisco y en él se asienta que no es que la cremación sea rechazada, sino que la medida es tomada para “evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, no se permite la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos”.

Al parecer, la ira de dios no caerá sobre los herejes que contradigan el documento publicado este martes, sino que la bronca será del difunto al que, además negársele el disfrute de las delicias de este mundo imperfecto, ahora se le estaría negando un merecido funeral.

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En el caso de querer conservar las cenizas en el hogar, esto sólo sería aprobado “en casos de graves y excepcionales circunstancias”, o de plano, cuando una persona lo pida “por piedad o cercanía”, según explicación ofrecida por el consultor de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Ángel Rodríguez Luño, en la rueda de prensa de la presentación del documento titulado Instrucción Ad resurgendum cum Christo.

¿Ton’s qué hago con ellas? Bueno, si quieren ser buenos católicos, el lugar en el que deberían depositar las cenizas de un difunto es “un lugar sagrado” (o sea, el cementerio… o una iglesia o área en el que [paguen una debida cuota al santísimo] autorizada por las autoridades eclasiásticas), ya que éste reduce “el riesgo de apartar a los difuntos de la oración (…) [además] se evita la posibilidad de olvido, falta de respeto y malos tratos, que pueden sobrevenir sobre todo una vez pasada la primera generación, así como prácticas inconvenientes o supersticiosas”.

*Vía El País
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