La espiritualidad en tiempos de Netflix

Por Mariana Pedroza

«Dios ha muerto», anunció Nietzsche a finales del siglo XIX como una forma de dar cuenta del colapso ideológico por el que atravesaba la cultural occidental, preeminentemente cristiana: muere Dios en tanto que muere la idea de él como fuente del código moral con el que se regía la sociedad; caen los valores supremos que hasta entonces se le habían atribuido a Dios y, con ello, aparece la consigna de que el individuo establezca sus propios valores y devenga su propio dios.

Más de un siglo después, la filosofía de Nietzsche (y de los existencialistas, entre muchos otros) ya ha impregnado en nuestro imaginario y se deja ver en nuestra concepción de mundo. Nos encontramos en una época en la que se presume el ateísmo. Los ateos son más listos, más libres, más realistas, y la religión es sólo una residuo del conservadurismo, el miedo y la falta de miras de otros tiempos. Somos una generación sin fe, al menos bajo nuestros propios ojos.

En ese contexto, llama la atención ver series o películas que, tomando como pretexto a la ciencia ficción, exploran temas sumamente espirituales. Para ejemplo, me centraré en esta ocasión en dos series, ambas de Netflix: The OA y Sense8.

The OA trata de una joven ciega que, tras desaparecer siete años, regresa a casa con la visión recuperada. Nadie sabe dónde ha estado y ella no está dispuesta a dar mucha información, pero algunos signos delatan que ha estado en cautiverio. Conforme se desarrolla la historia, vemos que durante todo ese tiempo fue un sujeto de investigación, junto con otras personas, de un científico obsesionado con la vida después de la muerte. Ésa es la cualidad que comparte con los otros cautivos: todos fueron reclutados por haber muerto –y vuelto a la vida– cuando menos una vez.

De ahí empieza el debate sobre si son ángeles, como la protagonista lo cree, o no lo son, así como sobre sus posibilidades de salir no como cualquier cautivo (buscando ayuda o huyendo de alguna forma) sino usando el poder que tienen como ángeles. La mitad de su magia viene de su condición especial, pero la otra viene de su unidad como grupo, su actitud de servicio, su ingenio y su valentía, valores que les van abriendo camino contra toda probabilidad. Aun quitándole la parte más sobrenatural, The OA es una historia sobre la unidad y la fe.

Paralelamente, el grupo va obteniendo información sobre una serie de movimientos casi coreográficos que les confieren ciertos poderes. Confieso que a mí este recurso me pareció de inicio un poco chocante, pero si pensamos en prácticas como el tai chi, el chi kung o el yoga, la lectura cambia: pareciera que la ciencia ficción es sólo el vehículo para compartir conocimientos sobre la sanación y la canalización de energía que ya existen en tradiciones ancestrales.

Del otro lado tenemos a Sense8, cuya segunda temporada está programada para este año. Esta serie cuenta la historia de ocho personas de distintas partes del mundo que se encuentran mental y emocionalmente conectados. A través de esta conexión son capaces de comunicarse, sentirse y compartir sus conocimientos, idiomas y habilidades. El resto de la trama se centra en descubrir el porqué y el cómo de su conexión, así como de protegerse de todos los peligros que su particularidad desata.

Sense8 cautiva no sólo por sus personajes y sus ganchos de suspenso y acción, sino por los temas que trata como son la percepción extrasensorial, la sincronicidad y la interconexión, temas que –sobra decir– son tratados vastamente por el mundo de la espiritualidad. Quizá sea precisamente la identificación con esos temas la que despierta la conmoción en el espectador, ¿o soy la única que ha escuchado comentarios, en esa área gris entre la broma, la intuición y el deseo, sobre tener una conexión como la de los personajes?

No sólo es ciencia ficción, son cosas que en el fondo queremos creer. Quizá, querer creer es una forma atenuada de ya estar creyendo, de reconocer que detrás de toda la vasta literatura de la ciencia que delimita y ordena, hay algo que brilla dentro de nosotros y que no tiene nombre.

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Mariana Pedroza es filósofa y psicoanalista.

Twitter: @nereisima

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