Aquí nos tocó vivir

Con peras y manzanas: El extraño caso del Borrego Viudo

Por Esteban Illades

A finales de la semana pasada amanecimos con una de esas noticias que conmocionan a más de un chilango: El Borrego Viudo, la taquería por excelencia para bajar la peda, había sido clausurado por las autoridades de la Ciudad de México a través del INVEA, el Instituto de Verificación Administrativa.

En un inicio se dijo que era por problemas de uso de suelo, ya que la taquería, fundada en 1969 por la familia Villagrana, no contaba con permisos adecuados. Según la delegación Miguel Hidalgo, sí los tenía, pero según el INVEA, que depende del gobierno de la Ciudad de México, no.

El pleito, que incluyó una pelea grabada en video entre inspectores del INVEA y meseros del Borrego, es, sin embargo, mucho más complicado.

En primera porque, con independencia de los problemas que tengan los dueños con la autoridad, tienen problemas entre ellos. Según El Universal, todo proviene de la muerte de Conrado Villagrana, uno de los dos hermanos fundadores, en 2015. Al morir Villagrana, entregó el nombre, registrado ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), a su hijo, también de nombre Conrado. Pero Verónica, hija de José, el otro hermano, dice que el local es de ella, ya que su padre se quedó con él tras la muerte de Conrado senior. Uno de tantos pleitos internos que suceden en restaurantes en la Ciudad de México. (Ver, por ejemplo, el caso del Bondi en Polanco hace unos años.)

Pero ésa es sólo una parte. Hay dos más.

La segunda, que involucra al INVEA, es que uno de los abogados de los Villagrana dice que el Instituto, que dirige Meyer Klip, ya había ido a visitar el restaurante hace unas semanas. Según Maviael León –que representa a Conrado, no a Verónica–, el INVEA les pidió 100 mil pesos para evitar poner sellos de clausura.

El INVEA lo niega, pero vale la pena recordar que su director ha sido señalado en ocasiones anteriores por supuestos actos de corrupción. Por ejemplo, durante un pleito personal con Arne Aus den Ruthen –el exfuncionario de la Miguel Hidalgo que ahora avienta pañales sucios al PRI en su tiempo libre–, el INVEA cerró una construcción de su familia por presuntas irregularidades.

Pero la tercera, y más importante, es la acusación que hace Verónica Villagrana sobre lo que sucede al interior del Borrego. A pesar de acreditarse como dueña del lugar, ya no lo opera desde el mes pasado, pues Conrado hijo entró por la fuerza con un grupo armado y la despojó, dice. Cambió cerraduras y se hizo del control. Es por eso que ahora hay gente armada adentro de la taquería, según ella.

Ese grupo armado, acusa, es nada más ni menos que La Unión Tepito, uno de los cárteles más poderosos de la ciudad, y que desde los 90 controla la distribución de droga aquí. El conflicto entre la Unión y otros cárteles es tal que, justo al empezar el sexenio de Mancera como Jefe de Gobierno, ocurrieron dos eventos que mostraron lo podrido que estaba todo en la capital: un dealer de La Unión Insurgentes –escisión de La Unión Tepito– fue asesinado en la Condesa tras vender droga en un bar del cártel rival. En respuesta, según las investigaciones de la Procuraduría local, sucedió lo que ahora conocemos como el caso Heaven, en el que 13 jóvenes fueron levantados de un bar en la Zona Rosa y aparecieron enterrados semanas después en el Estado de México. Uno de los jóvenes era el hijo de Jorge Ortíz, conocido como El Tanque y líder de La Unión original.

Taquería El Borrego Viudo
Foto: Foursquare

¿Son ilegales mis tacos?

El caso de El Borrego Viudo, que, por cierto, reabrió a las pocas horas de haber sido clausurado, bajo multa de 52 mil pesos, es un síntoma de lo que se vive en la Ciudad de México en 2017. En primera, por la irregularidad en la que operan los giros mercantiles en la capital. No se sabe si en verdad tienen documentos en regla y con quién los tienen, menos quién es el dueño legítimo. Algo similar –y de hecho peor– ocurre, por ejemplo, en la Delegación Cuauhtémoc, donde se ha comprobado que muchos de los restaurantes de moda operan bajo permisos falsos.

La irregularidad de los comercios es tal que alguien puede ser dueño de la marca, alguien dueño del lugar y el registro estar a nombre de otra persona.

Al mismo tiempo, también está el INVEA, donde hay acusaciones de corrupción desde hace años. Por ejemplo, en 2013, cuando empleados declararon que no podían sancionar rutas de microbús que operaban sin permiso por “ser intocables”.

Por último, está el factor de la delincuencia organizada. Que un grupo armado pueda tomar el control de un negocio que lleva operando 48 años y que las autoridades puedan hacer poco o nada por resolver el problema, revela lo arraigado que está el crimen en la capital del país. Esto a pesar de que Miguel Ángel Mancera y su procurador, Rodolfo Ríos, se han empeñado en repetir que en la Ciudad de México no hay tal cosa como crimen organizado.

Pero la realidad, y eso lo saben los miles de capitalinos que son asaltados cada año –no por nada 2016 fue el año con la tasa de robo a negocios más alta en 17 años–, es otra. Incluso en las zonas que más presume el Jefe de Gobierno –aquellas en las que se pueden ver las letrotas con la marca, perdón, abreviatura del nombre de la capital–, el crimen está a niveles no vistos en décadas. La capital se le sale cada vez más de control a un Jefe de Gobierno que se supone que si de algo sabe es de seguridad: fue el procurador de justicia durante el sexenio pasado.

El caso de El Borrego Viudo no es el único. Al contrario, es uno de muchos. Como esta taquería habrá tantas bajo problemas similares. Así que la próxima vez que vayas a echarte unos de tripa o de nana, lo más probable es que, de mínimo, tu taquería de confianza no cuente con permisos para operar.

Aunque esto tampoco importa tanto, pues la autoridad que los emite tampoco es precisamente limpia.

Pero, en el peor de los casos, podrá ser que tus tacos te los sirva alguien que tenga que ver con un cártel. Ya sea un cártel gubernamental, que le pide moches a los establecimientos para que operen, o un cártel de droga. Pero el resultado será el mismo: en la Ciudad de México, en 2017, nadie sabe de dónde viene su taco ni para quién trabaja.

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Esteban Illades

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Imagen principal: TimeOut México
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