A los 95 años, el Príncipe Felipe de Edimburgo renuncia a la vida pública

Luego de hacerla cansada con una reunión que duró poco más de cinco horas en el Palacio de Buckingham, se hizo el esperado anuncio: a los 95 años, el Príncipe Felipe abandona la vida pública, con lo cual, a partir del otoño ya no participará más en actos protocolarios.

Fue alrededor de las 10 de la noche del miércoles (hora de México), cuando se dio a conocer que la Reina Isabel II de Inglaterr había convocado a una reunión de emergencia. Por lo inusual del llamada, no se hicieron esperar las especulaciones, obviamente encaminándolas en dirección a la reina y al duque de Edimburgo, incluso se llegó a especular la muerte de este último. Sin embargo, personal del Palacio pidió callar los rumores y aguantar hasta el anuncio hecho hace tan solo uno minutos.

De acuerdo con el comunicado emitido por el Palacio de Buckingham, la decisión del Duque de Edimburgo es apoyada por su esposa, la reina Isabel II.

El príncipe Felipe atenderá desde ahora y hasta agosto los compromisos previamente programados, tanto individuales como de acompañante de la reina. A partir de entonces, no aceptará nuevas invitaciones para visitas y compromisos, aunque puede decidir acudir a ciertos eventos públicos de vez en cuando”, señala el comunicado.

Esposo de Isabel II desde 1947, el príncipe Felipe es miembro de más de 780 organizaciones, de las cuales seguirá formando parte… claro, ya sin un un papel activo en sus compromisos. “Su majestad continuará manteniendo los compromisos de su agenda, con el apoyo de los miembros de la Familia Real”, concluye el documento dado a conocer esta mañana por Buckingham.

Cabe señalar que el duque cumplirá 96 años el mes próximo y se reporta que su salud es buena. Por el momento no se conoce la razón por la que el duque tomó esta decisión.

Nacido como príncipe Felipe de Grecia y Dinamarca, renunció a sus títulos para nacionalizarse británico. En 1947 contrajo matrimonio con la princesa Isabel. Antes de su matrimonio, ya había sido nombrado duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón Greenwich, por lo que ya se le otorgaba el tratamiento de “Alteza Real”. En 1957, fue nombrado príncipe del Reino Unido por la reina Isabel II.

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