Master of None en su segunda temporada: Un retrato honesto de Nueva York

Por Ricardo Quintana Vallejo

Al ver sitcoms como FRIENDS (1994-2004) o How I Met Your Mother (2005-2014), uno jamás se enteraría que en Nueva York se hablan alrededor de 800 diferentes lenguas, que sólo la mitad de los neoyorquinos hablan sólo inglés, que Nueva York es multicultural y diversa, con 36% de sus habitantes nacidos en todo el mundo. Las sitcoms que dominaron las décadas de los noventa y 2000 pintan una ciudad diferente a la real, una representación que por descuido (o, en el peor de los casos, por diseño) muestra una ciudad de clase media-alta, blanca, con representaciones sólo incidentales de multiplicidad étnica, racial o lingüística.

Además, en la Nueva York de FRIENDS, un sueldo de mesera y de chef pueden pagar un departamento en el Greenwich Village que, en realidad, costaría alrededor de $5000 dólares al mes. Es verdad que es un mundo de ficción y no todo puede criticarse como si fuera verdad; sin embargo, estas representaciones fueron el discurso dominante por veinte años y, en la imaginación de muchos, Nueva York es esa ciudad sin rentas prohibitivas o serios problemas de gentrificación; monolingüe y homogénea.

En este contexto, aparece Master of None en 2015 (este mes se estrenó la segunda temporada), la comedia de Aziz Ansari y Alan Yang. Master of None es poco convencional en muchos sentidos. Primero, porque se transmite por Netflix, un medio que ha cambiado la forma en que mucha gente accede al entretenimiento. Segundo, porque tiene el raro honor de un 100% en Rotten Tomatoes. Y, por supuesto, porque como Fresh Off The Boat, el show de Ansari y Yang le da un lugar protagónico a la vida y experiencias de los otros estadounidenses, los que salen poco en las películas de súper héroes y en sitcoms convencionales.

El título

Como lo anuncia el título, Dev Shah (interpetado por Ansari) es un protagonista que no es dueño ni amo de nada ni de nadie. El título de la serie describe la situación de minorías en la actualidad y al mismo tiempo reconoce la historia esclavista estadunidense de forma sutil. El llamado “sueño americano” casi siempre es sinónimo de la pequeña propiedad, pero, en muchos casos y sobre todo para personas de color, ese sueño nunca ha sido accesible. La propiedad en un lugar como Nueva York es privilegio de muy pocos y ciertamente se debe tener mucho y a través de generaciones. Asimismo, Master of None se enuncia en oposición al master de las plantaciones y abre la puerta a la narrativa de quienes nunca fueron dueños de nadie.

Segunda Temporada

La segunda temporada tiene episodios dislocados. En la mayoría de los casos, uno podría saltarse episodios y saber qué está pasando porque son unidades narrativas completas.

El tercer episodio, “Religion” muestra a Dev, que es un treintón de origen indio (la RAE prefiere este gentilicio) y musulmán, navegar las expectativas religiosas de su familia. Como muchos migrantes de segunda generación, la religión para Dev es mucho menos importante que para sus padres (interpretados por los padres reales de Aziz Ansari). La decisión de comer puerco en frente de su mamá representa para Dev un momento de madurez, resistencia y afirmación de su identidad. Para su mamá, representa la pérdida de valores, cultura y respeto. Este episodio muestra la tensión cultural de padres e hijos en las familias migrantes, donde los hijos son herederos de la cultura hogareña, pero también de lo que aprenden en las calles y la escuela. No es fácil navegar estas identidades culturales, híbridas y mezcladas. Dev se enfrenta a la complicada tarea de decidir cuál es el sistema de valores que debe seguir como adulto y crear su propia noción de moral.

El cuarto episodio, “First Date” retrata a Dev en el mundo de apps como Tinder y en una serie de primeras citas, algunas con cierto éxito, otras terribles. Para los que hemos usado este tipo de app, el episodio es demasiado real y algo deprimente. Muestra el lado superficial de este tipo de encuentro, el racismo y clasismo que incitan y, sobre todo, cómo el entusiasmo se convierte en tedio. Más que cualquier otra serie, Master of None logra plasmar esta experiencia del romance moderno.

En el episodio “New York, I Love You” se cuentan tres historias que nada tienen que ver con los personajes principales. Son como viñetas de sus vidas, sin necesidad de una conclusión o fin. La primera es de Edie, el portero de un edificio de millonarios que se enfrenta al racismo, gritos y excentricidades de los inquilinos. La segunda es de Maya, una mujer sorda de color. Esta parte no tiene sonido alguno, ni música ni voces. Todo el diálogo es en lenguaje de signos mientras Maya se enfrenta a los problemas en su vida sexual, sus relaciones, su trabajo mundano y su vida diaria. La última historia es de Samuel, un taxista que sale de noche con sus amigos. Éstas son las historias que pocas veces se cuentan, pero que en esta serie tienen lugar. 

Estos son sólo algunos de los momentos destacados de la segunda temporada porque está llena de momentos brillantes y efervescentes. Master of None es un emocionante cambio en la narrativa hegemónica de las sitcoms neoyorquinas. Significa que como audiencia estamos interesados en ver historias diferentes, que representen a otras personas y atiendan los temas difíciles.

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Ricardo Quintana Vallejo es crítico cultural y traductor. Estudia el doctorado en literatura comparada de la Universidad de Purdue.

Twitter: @realquir

Sobre Alocado y dislocado: Nuestras identidades (condición socioeconómica, género, sexualidad, nacionalidad, raza), tanto individuales como colectivas, están en constante cambio. Los mexicanos somos versátiles; replanteamos el valor de nuestra historia, cultura y literatura constantemente. Nuestras identidades nos dan mucho de qué hablar. En Alocado y Dislocado se ofrece el análisis de temas actuales y de nuestros símbolos, de nuestras posibilidades identitarias en este momento, desde la dis-locada perspectiva de un mexicano queer en el Midwest estadounidense.