¡No soy chavorruco! La neta es que sigo en onda…

Aaaah, los chavorrucos.

Todos nos sentimos muy chavos de onda todo el tiempo, pero de repente el “¿qué trampolín, mi chabacana?” ya no tiene el mismo efecto con las chicas… ¿Qué está pasando? Lo que está pasando es el tiempo y lo que no está pasando es que lo aceptes, en otras palabras: ¡Eres un chavorruco!

Nada de qué avergonzarse… ¿o sí? La verdad sí un poco, así que quítense sus cueritos del cuello, olvídense de las cubabies y vean el Video de la Semana para que entiendan en quiénes se han convertido.

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