Defender nuestra identidad sin importar el tiempo y el espacio: Orlando, de Virginia Woolf

Por Karen Villeda

La grandísima escritora Virginia Woolf, una de las precursoras del monólogo interior, abandonó el Ulises de James Joyce en la página 200 para después decir del irlandés lo siguiente: es “autodidacta, egoísta, insistente, teatral, y en última instancia, nauseabundo”. Virginia Woolf tenía ovarios y siempre defendió la libertad creativa. En Un cuarto propio, un libro clásico de la autora, defiende la androginia mental: 

si la mente tiene dos sexos que corresponden a los dos  sexos del  cuerpo y si necesitan  también  estar  unidos  para  alcanzar  la satisfacción y la felicidad completas (…) en cada uno de nosotros presiden dos poderes, uno macho y otro hembra; y en el cerebro del hombre predomina el hombre sobre la mujer y en el cerebro de la mujer predomina la mujer sobre el hombre. El estado de ser normal y confortable es aquel en que los dos viven juntos en armonía, cooperando espiritualmente. Si se es hombre, la parte femenina del cerebro no deja de obrar; y la mujer también tiene contacto con el hombre que hay en ella.

Virginia Woolf, visionaria, fue más allá y realizó una obra literaria a partir de esa idea: Orlando.

¿De qué se trata?

Orlando, que en un principio es un él “porque  no  cabía  duda  sobre su sexo”, nace en la Inglaterra isabelina. Orlando es un escritor prolífico y, obviamente, shakesperiano: El Vicio, el Crimen, la Miseria eran los personajes de su drama”. Al provenir de una familia de la nobleza, se codea con la reina Isabel y, posteriormente, conoce a la princesa rusa Sasha, quien es su primer amor. Y también su primer corazón roto, por lo que nuestro protagonista se marcha a su casa de campo para refugiarse en los libros. En medio de su crisis, quema su producción poética y, aunque tiene sus queveres, solicita que lo envíen de embajador a Constantinopla. Allá cae en otro de sus profundos sueños, los cuales suelen durar siete días, así que lo dan por muerto en medio de la rebelión al sultanato. Cuando despierta, le sucede algo extraordinario: “Se irguió con completa desnudez, ante  nuestros  ojos  y  mientras  las trompetas rugían: ¡Verdad! ¡Verdad! ¡Verdad! Debemos  confesarlo: era una mujer”. Orlando, siendo mujer, tiene ondas con mujeres: “aunque mujer ella misma, era otra mujer la que amaba; y si algún efecto produjo la conciencia de la igualdad de sexo, fue el de avivar y ahondar  los  sentimientos  que  ella  había tenido como hombre”. Después, Orlando regresa a Inglaterra donde se enfrenta a un caos legal por su cambio de sexo y supuesta muerte. Pero eso no es todo: también descubre que una antigua enamorada que quería casarse con él era, en realidad, un hombre disfrazado de mujer con tal de podérselo ligar. Llega a vivir en la época victoriana, en la cual se casa y tiene dos hijos, uno de carne y hueso y otro de papel y tinta, por lo que sobreviene su éxito literario.

¿Por qué leerla?

Porque es Virginia Woolf. Y ella es una de las mejores escritoras que ha dado la literatura. A veces escribe más cercana a la poesía que a la narrativa, por lo que leerla es altamente estimulante por la simbología (lean Las olas para que vean que lo digo en serio).

Esta novela en clave, o roman à clef, presentada como una  biografía ficticia en tono satírico, es considerada como “la más larga y encantadora carta de amor de la literatura”:

Pues  el  Amor (…) tiene dos caras: una blanca, otra negra; dos cuerpos: uno liso, otro peludo. Tiene  dos  manos,  dos  pies,  dos  colas, dos,  en  verdad,  de  cada  miembro  y  cada uno es el reverso exacto del otro. Sin embargo están ligados tan estrechamente, que es imposible separarlos.

Orlando es una obra transgresora porque se cuestiona constantemente los estereotipos de género como en el pasaje que disecciona las “virtudes femeninas” de la Pureza, la Castidad y la Modestia. Y, como lo personal es político, hay una serie de guiños a lo que significa ser mujer en un mundo donde la equidad parece tan distante.

En el manejo lúdico del tiempo en esta novela, nos damos cuenta de que Orlando está en sus treinta aunque nació hace más de 300 años, pues ve el inicio del siglo XIX, el cual le parece odioso por varias razones como la vestimenta que debía usar como mujer hecha y derecha: “Era el vestido más pesado y estúpido de cuantos se había puesto en la vida”, “la brisa  le  quería  llevar  el  sombrero con plumas”, “los finos zapatos se empapaban y se enfangaban”. Orlando es, entonces, la voz que acusa a los espíritus de la época:

Esas cosas la indujeron a aceptar el nuevo descubrimiento —de la Reina Victoria o de quien fuese— de que a cada hombre y cada mujer le corresponde  vitaliciamente  otro,  que lo mantiene, o que tiene que mantener, hasta que los separe la muerte.

Y ésa no es la única tribulación impuesta a las mujeres que critica Orlando. La novela está inspirada en Vita Sackville-West, quien fuera amante de Virginia Woolf a finales de la década de los 20. A lo largo del libro, nos topamos con Orlando que, siendo hombre, podía heredar pero, como mujer, era inimaginable a nivel legal en aquel entonces (y todavía es común que las mujeres hereden menos que sus hermanos varones #porquesevanacasarconunhombre, por ejemplo). Ésa fue la situación de Vita Sackville-West quien no pudo quedarse con Knole House, una de las cinco casas más grandes en Inglaterra. Para que se den una idea, chequen esta ilustración del lugar:

Fuente: Britannia Illustrata (1709)

Pero nada evita que Orlando pueda hacer lo que se le da la regalada gana. Como en muchos de sus escritos, este libro no es ajeno al discurso feminista de Virginia Woolf en el que insiste que, a la hora de la hora, no hay diferencias en el espíritu y el alma. Además, nos presenta a una de las primeras figuras andróginas de la literatura moderna. Esta revolucionaria novela, cargada de alegorías, es tan cercana a nosotrxs porque habla acerca de la vida, la muerte, los géneros y la identidad. Este libro fue adaptado al cine por la directora Sally Potter en una bella película protagonizada por Tilda Swinton, quien se ha declarado fan from hell de Orlando. Incluso ha dicho que es su biblia personal. Y tiene toda la razón: Virginia Woolf nos regaló a Orlando, un extraordinario ser que nos llama a  defender a nuestra identidad sin importar el tiempo y el espacio.

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Karen Villeda es escritora. Ha publicado un par de libros para niños, uno de ensayos y cuatro poemarios. En 2015 participó en el Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa. En POETronicA (www.poetronica.net) explora la relación entre poesía y multimedia. (Ah, y tiene un gato llamado León Tolstói.)

Twitter: @KarenVilleda

#leámoslas es la iniciativa lanzada por sopitas.com para cuestionar el sexismo de nuestros hábitos de lectura. ¿Cuántas escritoras leemos? Hagamos cuentas y hagamos cuenta de ellas.

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