¿Qué pasaría si mañana dejáramos de ser mexicanos?

Por Esteban Romero

A lo largo de la vida, tenemos que enfrentarnos a un número considerable de pérdidas: objetos, personas, tiempo, cariño, los libros que prestamos; es imprescindible admitir que perdemos muchas veces hasta el hilo de una conversación. Con el carácter caprichoso que suele definir a nuestra especie, existen pérdidas irreparables que no notamos hasta que dejan de estar allí; vivimos con la certeza absoluta de que todo a nuestro alrededor permanecerá intacto. El American Dream (Planeta, 2017), libro más reciente de Enrique Berruga, es una obra que trata esencialmente acerca de este tema, materia donde el cuestionamiento y la reflexión son más que necesarios.

Bernardo, protagonista de la trama, tiene que afrontar la pérdida de dos objetos tan diferentes como importantes: el amor de su vida y su país. El autor, que posee un sentido del humor muy agudo, presenta un texto lleno de ironías y metáforas para levantar un cuestionamiento extremadamente estremecedor: ¿Qué pasaría si mañana dejáramos de ser mexicanos?

Imagen: Freakingnews.com

La historia del libro presenta a un diplomático exitoso de mediana edad quien, de golpe, se encuentra sumido en una crisis de identidad al ser abandonado por su pareja. Sin encontrar la forma para superar esta ruptura, Bernardo decide que la solución más práctica es el convertirse, por qué no, al judaísmo. Tras tener una plática con un rabino, -y darse cuenta que la conversión incluye una dolorosísima circuncisión- el protagonista decide realizar otro tipo de cambios en su vida. Al empezar a tomar ciertos riesgos y realizar nuevas actividades, Bernardo encontrará cierta paz hasta que un día, en una reunión de trabajo en Texas, recibe una propuesta poco común por parte de un grupo de estadounidenses: la anexión de nuestro país al vecino del norte. La moción parece ser un paquete all inclusive para México, con la promesa de acabar con la corrupción, el narcotráfico y la inestabilidad política que nos agobia. Para ellos, potencia económica así como dominador absoluto del mundo (y la luna), es absurdo que jamás hayan logrado controlar a México.  Además, los Estados Unidos defienden su postura al establecer que nuestros problemas han generado una masiva inmigración a su país, afectándolos seriamente.

La idea, que al principio lucía completamente descabellada a los ojos de Bernardo, comienza a parecer atractiva. La unión del hot dog con la tortilla no suena tan absurda si ello implica que México acabe finalmente con problemas que, por el momento, se observan fuera de nuestro alcance. “¿Qué tanto vale la identidad nacional al lado de la estabilidad social de nuestros habitantes?” parece preguntar la novela. Mientras los Estados Unidos ponen en marcha el plan perfecto, ambas naciones irán asimilando poco a poco la unión, hasta que se da la aparición del nuevo e impredecible presidente de los mal llamados americanos: Donald Trump. Trump le dará un giro de 180 grados a la historia de Berruga, que dificultará la formación del nuevo Estados Unidos de Norteamérica.

A través de esta sarcástica reflexión, Enrique Berruga expone una realidad alterna que, una vez bien pensada, no resulta tan absurda. Los personajes de El American Dream han dejado de creer en México, país, que si lo quisiera, estaría a la cabeza del mundo. Más aún, nos encontramos en una situación donde las personas “más destacadas”, no sólo dentro de la política, sino en casi cualquier área de trabajo han logrado, en la mayoría de los casos, alcanzar “la cima” por medio de la mentira o el uso, y abuso, de influencias; medrar es la consigna que gota a gota cae de la corrupción a plomo sobre nosotros. Prosperidad y abundancia son sinónimos de capacidad, acumular grandes cantidades de dinero trae como efecto inmediato el ser considerado un hombre hábil. Paradójicamente, quien corrompe es venerado; todo consiste en nacer de pie, suerte que pocos tienen. Aprovechar las oportunidades para medrar y corromper para así ser visto como un grande por los demás.

Al utilizar la sátira como recurso, Berruga logra hacer un poco más digerible la catarsis que se está experimentando a lo largo de la novela. Parecería que somos un país que tiene mucho por hacer y que, sin embargo, no lo hace. Hemos olvidado la guía más importante para considerarnos parte de esta nación tan diversa y rica en tradiciones: la identidad nacional que, como todo proceso importante en la vida, requiere de un esfuerzo para poder recuperarse. Vale la pena preguntarse, pues, como lo hizo Bernardo, qué haríamos el día de mañana si amaneciéramos siendo gringos.

 

Enrique Berruga, El American Dream, Planeta, 2017. 

 

Comentarios