Amor monstruoso: La región salvaje de Amat Escalante

Por Miguel Cane

La mejor película mexicana que podrías haber visto este año, no la verás en cineSe trata de La región salvaje, cuarta cinta de Amat Escalante en la que regresa a sus territorios habituales (el estado de Guanajuato) para explorar una narrativa con elementos sobrenaturales y fantásticos que enmarcan un sórdido melodrama doméstico anclado en la realidad.

¿Por qué no podrás verla? No hay una explicación satisfactoria. El propio Guillermo del Toro ha hablado en Twitter al respecto. ¿Prejuicio contra el cinema de género? Quizá. ¿Algún tabú aún vigente en México? No lo sabemos. Lo cierto es que “por falta de apoyos” la cinta —que iba a ser distribuida por Mantarraya, que ganó el premio a la mejor dirección hace un año en el Festival de Venecia y el premio de la prensa en el Festival de Morelia— tal vez ahora sea exhibida a través de alguna plataforma digital (HBO, Netflix) y no en salas mexicanas del binomio exhibidor en este país. Esto es una lástima, ya que se trata de una película intensa, formidable y controversial, la clase de producto cinematográfico que hace falta: una película que sacuda al espectador y lo haga hablar de las ideas del director, aun días después de salir de la sala.

¿En qué consiste la inquietante trama de La región salvaje? Cuando la película inicia, conocemos a la enigmática Verónica (Simone Bucio) una joven que tiene un extraño vínculo con una pareja que habita una cabaña perdida en el bosque, y completamente aislada, donde ella ha participado en una especie de experimento de carácter sexual con una criatura de origen desconocido (aquí hay ecos incluso de la obra de H.P. Lovecraft). Esta historia macabra, y aparentemente  inconexa, se va mezclando con una trama mucho más realista: la historia de la joven Alejandra (Ruth Ramos), una ama de casa y madre de familia sexualmente frustrada, que vive sofocada por el machismo de su marido y la sutil malevolencia de su suegra conservadora e hipócrita, quienes la controlan y acosan en el ámbito doméstico. Ella vive en la ciudad de Guanajuato y su único apoyo es su hermano Fabián (Edén Villavicencio), un noble enfermero del seguro social, frágil y tierno, que sostiene una relación homosexual clandestina con su cuñado (Jesús Meza); esta situación, que se tensa hasta volverse insostenible, va traspasando los umbrales de la convención narrativa —y aquí Escalante se decanta por algo más lineal, al menos en lo que respecta a la trama del “mundo real”—, llevando a los personajes a encontrarse unos con otros y a, de alguna manera, florecer al involucrarse con una criatura indescriptible que les ofrece todo el placer y todo el horror que sus cuerpos puedan soportar.

Foto: moreliafilmfest.com

La región salvaje es un punto de partida para Escalante; se aventura en territorios que habitualmente no suelen ser explorados en el cine mexicano —al menos no en el que él y Carlos Reygadas representan, por ponerlo de alguna manera, distantes como son del aparato comercial, e inclinándose más por la expresión estilística de autor—. Por partes un minuciosamente calculado homenaje tanto a la mítica e inexplicable película Posesión (1981) de Andrezsj Zulawski como al clásico drama Escenas de un matrimonio (1973) de Bergman, es por otro lado un retrato bastante fidedigno de las condiciones domésticas de la clase media provinciana en un estado moralino y represivo como lo es Guanajuato, mostrando a una sociedad que, bajo su barniz de gentil bonhomía retiene complejos, crueldades y prejuicios, que pueden llevar al inocente al horror más devastador.

Otro elemento importante es el erotismo que está implícito en la trama y que (salvo por una secuencia explícita y alucinante) sirve para redefinir los parámetros perceptivos del espectador: es perversión y deseo, tomados de la mano de un horror cósmico, para sentar un precedente poco visto en este estilo de hacer cine.

Posiblemente, ésta sea la película más accesible del director. Aquí no se aventura solamente a trabajar con “no-actores” (un gimmick que, aquí entre nos, ya estaba gastándose demasiado, quizá  desde la estrafalaria Post Tenebras Lux, de su mentor) y su elenco hace un trabajo excelente —muy notables son  Ramos y Villavicencio, este último actor de carrera y con un futuro brillante— y aquí se puede ver a un Escalante mucho más seguro de sí, con inventiva y mano diestra, que lo lleva a romper una barrera preexistente entre el espectador “de a pie” y el cine “de autor” nacional: La región salvaje se deja ver y apreciar por distintos tipos de público, y trasciende los géneros: al contar una historia escalofriante y seductora con todos sus elementos, mediante imágenes memorables, Escalante consigue crear una experiencia cinematográfica completa, satisfactoria e inquietante, que desafía el miserabilismo “ultrarealista” y árido que había parecido dominar el cine mexicano de factura reciente.

Es impactante y desolador que no haya una razón válida para que La región salvaje no se haya exhibido, aun si la crítica extranjera la ha abrazado como una película importante. Pero la esperanza queda para que otras plataformas le den un hogar — como ha ocurrido con otras cintas de carácter independiente como Okja o Catfight— y tal vez de este modo llegue a más espectadores de lo que habría ocurrido en un estreno limitado a unas cuantas salas, en horarios incovenientes, luchando contra blockbusters que anegan los complejos comerciales o los estrenos del llamado  “cine de arte” que son de factura extranjera y llegan a refugiarse a la Cineteca Nacional.

No importa. La región salvaje existe, y debe ser descubierta por los espectadores que podrán decidir si la aman, o la odian, en sus propios términos.

***

Miguel Cane es narrador, periodista cinematográfico, crítico y dramaturgo –desde hace 20 años vive de escribir y no se explica todavía cómo le hace. Es autor de las novelas Todas las fiestas de mañana y Corazón caníbal y las obras Somos eternos, Laura Dieste y Almas perdidas. También del inclasificable Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs. Tiene un gato llamado Llewyn y su película favorita es El bebé de Rosemary (Polanski, 1968).

Twitter: @aliascane

Comentarios