Hiromi Kawakami y las distintas maneras de definir el amor

Por Mariana Morales

Si definir una palabra cualquiera puede ser difícil, definir un concepto abstracto lo es aún más, en especial cuando se trata de sentimientos, pues primero hay que experimentarlos para después intentar esbozarlos con palabras. Entre ellos, hay unos más populares que otros y, como la literatura parece demostrar, el amor es de los más debatidos; sólo hay que mirar la obra de autores reconocidos como Safo, Shakespeare, Bécquer o Benedetti para comprobarlo. Es por esta popularidad que pensamos e idealizamos al amor de pareja como una meta que pocos logran a partir de los discursos romantizados que nos rodean. Aunque tener expectativas derivadas de poesía o ficción puede sonar ridículo, a veces las adoptamos inconscientemente —“art makes the world, and it can break us”, escribe Rebecca Solnit.

Esto no quiere decir que el tema del amor sólo se pinte de manera cursi ni que seamos ajenos a la parte incómoda o difícil, pero sí que es uno de los discursos dominantes. Precisamente, Los amores de Nishino, novela de la escritora japonesa Hiromi Kawakami, resulta atractiva, entre el mar de libros que caen en lugares comunes, por alejarse de las narrativas tradicionales sobre el tema. Lejos de crear un mundo que se preste a la idealización, Kawakami presenta una respuesta o advertencia sobre la imposibilidad de definir el amor e incluso expone la dificultad de reconocer —en ambos sentidos, distinguir y aceptar— lo que sentimos o no sentimos y qué tan necesario es este sentimiento para relacionarse.

La novela está compuesta por diversos relatos (diez en total) que funcionan individualmente, pero que en conjunto se complementan y dan sentido al título. Cada uno tiene una narradora diferente, que corresponde a cada una de las mujeres que se relacionaron con Yukihiko Nishino en algún punto de sus vidas. Al contar sus historias, las mujeres también construyen la de Nishino, personaje que tiene una inquietud particular respecto al amor, pues es algo desconocido para él. Paradójicamente, es el centro de la novela y de cada relato, pero su historia no está por encima del resto gracias a que es contada en fragmentos por terceras personas. Por esta razón lo más interesante del texto son los diferentes puntos de vista. Éstos contribuyen no sólo a la historia sino también a presentar el tema con la forma.

 

Imagen:El herrero“, de Ángel Boligán

Además de que evidentemente altera la estructura, el hecho de tener diez narradoras, más que los conflictos de Nishino, es lo que hace notar que el amor no se puede delimitar con una definición o una sola idea porque cada quien lo entiende diferente según sus experiencias, a pesar de los constructos sociales comunes o compartidos. Más aún, rompe estereotipos al ser todas mujeres, ya que la tradición literaria y de género —que se reflejan mutuamente— suele encasillar a las mujeres bajo ciertos papeles. Existen muchos personajes femeninos en la literatura universal, pero no todas son sus propias narradoras. También hay muchas novelas polifónicas, pero no conozco una en la que todas las voces sean femeninas.  En Los amores de Nishino ellas cuentan sus propias historias y muestran que los “comportamientos femeninos” en una relación no son simples ni limitados.

Muchas de las narrativas de amor entre personas de sexos opuestos tipifican a la mujer como sentimental o seductora, pero, en este caso, cada narradora se muestra con una identidad que no la define desde la relación amorosa, aunque sí la reconoce como una de sus facetas. Sin importar sus edades ni nivel socioeconómico, cuentan abiertamente sus experiencias. Pese a sus diferencias, todas comparten un tono de sinceridad; los estilos recuerdan una plática entre amigas, poesía confesional o simplemente la reflexión causada por el recuerdo. La mayoría de los relatos no entran bajo la concepción romantizada del amor y hasta podrían causar incomodidad a algunos lectores, pero justo en esta reacción se encuentra el reconocimiento de lo que las historias sugieren.

De esta manera, la novela de Kawakami recuerda lo obvio, aunque poco razonado debido a que los discursos dominantes lo disfrazan. Como con cualquier tema, las generalizaciones son un intento por normalizar, pero pocas son las cosas que cumplen con los requisitos. El amor no es la excepción a la regla. Intentar definirlo o moldearlo es inútil.

Hiromi Kawakami, Los amores de Nishino, Trad. Gabriela Álvarez, Alfaguara, 2017.

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Mariana Morales estudia letras inglesas en la UNAM y es editora en línea de Cuadrivio.

Twitter: @marianaden_

Imagen principal: De Ángel Boligán en eldiariodeguadalajara.net