Habría regularización de “dreamers”, pero sólo si hay financiamiento para muro fronterizo

Al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se le ha ablandado el corazón. Ya lo vimos en labores humanitarias, aventando papel higiénico a los damnificados de Puerto Rico y, ahora, dando chance de que los llamados “dreamers” se queden en “su” país. Pero bueno, la bondad no es de a gratis. Para ser magnánimo solicita del buen corazón de los demás, así que si los legisladores demócratas tanto quieren que cerca de 800 mil jóvenes acogidos al programa de Acción Diferida para Arribos en la Infancia (DACA) permanezcan en suelo estadounidense… ¡pues va! Pero también tienen que darle “aquellito”.

Así es, para regularizar el estatus de residencia y empleo de los “dreamers” Trump ya puso condiciones. Varias, pero la que más ha llamado la atención de los medios es que se apruebe el financiamiento de su añorado muro fronterizo… y de paso, la gandalla e inmediata deportación de todos los inmigrantes indocumentados. Incluyendo a los menores de edad, para quienes también solicita que se tomen medidas para que se evite su ingreso no acompañados.

Otra de las medidas que Trump propone, es el fin “al abuso de peticiones de asilo”. Con esto, Trump no sólo quiere negar protección estadounidense para aquellos que creen necesitarla, también imponer sanciones a quienes –bajo sus estándares– lo estén solicitando bajo argumentos fraudulentos. “La falta de rigurosidad en los estándares de solicitudes de asilo nos han llevado a un atraso de revisión de unos 270 mil casos legítimos de petición de asilo”.

El insensible cambalache viene en un documento al cual tuvo acceso la agencia de noticias Reuters. Además, el republicano solicita que se combata a las llamadas “ciudades santuario” y se suelte más presupuesto para el cumplimiento de las leyes migratorias. Como se ve, a los legisladores que pugnaban por la regulación de los “dreamers” les saldrá más caro el caldo que las albóndigas, ya que lo que realmente busca la Casa Blanca es un proyecto que reemplace al DACA.

Fue el pasado 5 de septiembre cuando Trump dio por terminado el programa de Acción Diferida para aquellos que llegaron a Estados Unidos cuando niños y aseguraba –mínimo– empleo y residencia temporal a los ahora jóvenes. El republicano dio un plazo de seis meses para empezar a aplicar la razia… a menos que el Congreso presentara un proyecto para definir qué hacer con los “dreamers”. Aunque se especula que los legisladores ya trabajaban a marchas forzadas para sacar la ley, el conocimiento de una condición necesaria para la aprobación de ésta modifica el panorama… y sobre todo ya no se sabe en qué confiar. Cuando dio por terminado el DACA, Trump juró que nunca usaría el programa como moneda de cambio para cumplir su objetivo con el muro y ya ven. “El presidente ha dejado en claro que quiere que el Congreso actúe y apruebe una reforma de inmigración responsable en conjunto con cualquier legislación relacionada al DACA”, esa es la postura desde la Casa Blanca.