La independencia de Schrödinger: tratemos de entender lo que pasa en Cataluña

Por Carlos Brown Solà

Nueve días después del referéndum catalán –ilegal según el gobierno español– marcado por la violencia de la Policía Nacional contra quienes pretendían participar en la votación, el presidente de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont, compareció ante el Parlamento catalán para exponer los motivos que lo llevaban a iniciar el proceso de declaración unilateral de independencia –conocido por sus siglas DUI, que escucharemos mucho en las próximas semanas. El anuncio fue bien recibido por las miles de personas pro-independencia que se encontraban congregadas afuera del Parlament.

Foto: David Ramos/Getty Images

Sin embargo, el gusto les duró apenas un instante: ocho segundos después, el mismo Puigdemont solicitaba al Parlament catalán ante el que hablaba que suspendiera el proceso de independencia para llamar al diálogo tanto con el gobierno español como con las autoridades europeas, pero respetando la voluntad de la ciudadanía. ¿Por qué? Vayamos por partes.

¿Qué pasó en el Parlament catalán?

Como supimos hace unos días, el pasado 1 de octubre se realizó en Cataluña un referéndum en el que se preguntaba: “¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?”La jornada inició muy temprano con la represión violenta de este ejercicio democrático por parte de la Guardia Civil por órdenes del presidente español Mariano Rajoy –imágenes que fueron portada en todos los grandes periódicos en el mundo– dado que el referéndum se consideraba ilegal; ya que la ley con la cual se convocó a dicho ejercicio –cuyo nombre oficial es ‘Ley del Referéndum de Autodeterminación Vinculante sobre la Independencia de Cataluña’– fue declarada ilegal por el Tribunal Constitucional español.

Esa misma Ley de Referéndum establecía que dos días después de la proclamación oficial de los resultados, y en caso de que el número de votos del ‘sí’ hubiera sido superior al número de votos del ‘no’, el Parlamento celebraría una sesión ordinaria para efectuar una declaración formal de la independencia de Cataluña, sus efectos y acordar el inicio del proceso constituyente. Dicha proclamación oficial se realizó el pasado viernes 6, tras el triunfo del ‘sí’ con 90.18 por ciento de los 2.2 millones de votos –un 43.03 por ciento del total del censo– por lo que la sesión del Parlament se convocó para el martes 10.

Así, el martes 10 se esperaba la intervención de Puigdemont en una sesión del Parlament para anunciar la declaración unilateral de independencia. Tras retrasar una hora su discurso se supo que el partido Candidatura de Unidad Popular, el principal partido pro-independencia en Cataluña, había mostrado dudas sobre el discurso que leería el presidente Puigdemont. En su discurso exhibió la sucesión de eventos desde 2006 que llevaron al 1 de octubre: desde las modificaciones al Estatuto de Autonomía de Cataluña –que es la norma institucional básica que regula la autonomía y los márgenes del autogobierno de este territorio– hasta la represión violenta a quienes participaban en este último referéndum.

Tras una exposición de motivos muy clara –se puede ver el discurso completo aquí o consultar este hilo escrito en tiempo real en Twitter– el momento esperado llegó. Habían tres opciones de anuncio dada la coyuntura hasta ese momento: que Puigdemont declarara la independencia de manera inmediata e irruptiva, postura defendida por el movimiento pro-independencia y encabezado por la CUP; que echara para atrás todo el proceso, opción que parecía inviable pero que hubiera respondido a la presión del gobierno del presidente Rajoy y la mayoría de las fuerzas políticas; o que anunciara un proceso independentista blando y progresivo, que parecía el punto medio entre las otras dos posturas, pero que se veía difícil ante la negativa tanto del gobierno español como de las autoridades europeas.

Entonces, ¿se anunció o no la independencia de Cataluña?

El presidente de la Generalitat pronunció las palabras: “Asumo el mandato del pueblo para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república”. Tras una ronda de aplausos pidió inmediatamente después suspender el proceso de independencia para comenzar el diálogo y la negociación; anuncio totalmente inesperado para el resto de las fuerzas políticas, como mostró el discurso que siguió a su intervención. Inés Arrimadas, del partido Ciutadans, optó por leer la intervención que había preparado con anterioridad, en el que claramente se percibe que su partido esperaba una DUI inminente. Usando el término de la analista Alba Ambrós: estamos frente a un #DUInterruptus.

Para resumir: en papel sí anunció la declaración unilateral de independencia, pero en la realidad aún no. La estructura del discurso nos deja claro que Puigdemont quería dejar claro que la independencia va, pero que está abierto al diálogo –aunque sus contrapartes en la negociación no. Es algo así como la independencia de Schrödinger, recordando la paradoja usualmente explicada con un gato dentro de una caja que no sabemos si está vivo o muerto. Al día siguiente del anuncio, el mismo Rajoy no estaba muy seguro de si se había declarado la independencia o no, y pidió a Puigdemont aclararlo para evaluar los pasos siguientes. Todo esto para saber si utilizaba el artículo 155 constitucional –un número que también se escuchará mucho en los próximos días– como mecanismo de respuesta ante una posible declaración de independencia en el Parlament.

Lo que sigue: el artículo 155 y el diálogo… si les dejan

En los 40 años de vida de la Constitución de 1978, que nació en la transición española tras la dictadura franquista, no se había utilizado el artículo 155, que es sencillo en su redacción pero de aplicación problemática. En pocas palabras, este artículo constitucional implica el control político de las comunidades autónomas por parte del Estado español de forma excepcional. Permite al Gobierno central desde controlar las finanzas de la Generalitat hasta la destitución de cargos o la disolución del Parlament. Lo único que no puede hacer es suprimir o suspender la autonomía de Cataluña, en este caso.

Foto: Pablo Blazquez Dominguez/Getty Images

Lo otro que sigue en este proceso es intentar cualquier forma de diálogo entre las partes, uno que no pinta fácil tras escuchar las intervenciones del resto de los partidos en el Parlament. Además, el interlocutor principal de Puigdemont será Rajoy, que se caracteriza por ser muy frontal y poco paciente, además de contar con el apoyo de las autoridades europeas en este proceso. A Puigdemont y compañía les esperan unas largas semanas.

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Carlos Brown Solà es internacionalista y economista.

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