Presentan el protocolo de actuación de la PF para el uso de la fuerza en operativos

Para que la gente vaya enterándose de cómo les serán asestados los fregadazos cada que se quieran alebrestar, la Policía Federal dio a conocer su protocolo sobre el uso de la violencia, que no es otra cosa que una delicada enumeración de acciones que “utilizarán todos sus elementos al momento de ejecutar algún operativo”, señaló el comisionado de la institución, Manelich Castilla Craviotto.

Publicado ya en el Diario Oficial de la Federación, dicho protocolo no tiene falla, ya que fue revisado por la Comisión de Nacional de Derechos Humanos (CNDH), expertos, académicos, así como la Comisión Nacional de Seguridad (CNS), quienes dieron su visto bueno sobre la forma en que se agarrará a toletazos a manifestantes, digo, en que se “preservará o restablecerá el orden y la paz públicos”, que es uno de los objetivos del Uso de la Fuerza.

Asegurando que los granaderos aplicarán tormento con tácticas que cuentan con los más altos estándares (así como con moderación), se establece que este protocolo sólo se activará en ocho ocasiones muy especiales: para hacer cumplir la ley, promover (a chingadazos) los derechos humanos, preservar el orden público, mantener el Estado de Derecho, Proteger bienes jurídicos tutelados, contrarrestar la resistencia de personas o grupo de personas, prevenir hechos delictivos y proteger la vida e integridad física de las y los Integrantes, así como de terceros. Obviamente, las astutas autoridades saben identificar muy bien los casos anteriores y no se reprimirán protestas pacíficas a lo güey, ¿verdad?

Como sea, si algún rebelde sin causa decide ir contra los puntos anteriores, las autoridades tratarán de que le baje de hue$%os de forma gradual: primero, nomás haciendo acto de presencia; después vendrán tiernas palabras, con las que se buscará “disuadir o convencer” de que lo que está haciendo está mal. Si el nivel de labia del agente no es suficiente, entonces vendrá el “Control de Contacto”… que es un nivel de verbalización más heavy, con el uso de “órdenes directas” como “no pase”, “deténgase”, “tire el arma”, “salga de ahí”, “identifíquese”, “alto”, entre otras expresiones. Ya si de plano ni así, entonces vendrá el “Control físico”, que es lo que viene siendo “el empleo adecuado de medios, métodos, técnicas, tácticas, armas menos letales y equipo que permitan controlar, inmovilizar y conducir a una persona o grupo de personas causando el menor daño posible, con el fin de inhibir la resistencia activa”.

La mera verdad, se prevé que los polis se salten los tres primeros pasos y se vayan sobres con el cuarto, pudiendo utilizar armas como bastón PR-24, tolete, bastón policial, agentes químicos, inmovilizador temporal disuasivo, lanzadores de agentes simples y aquellos que se les ocurran, dependiendo de la situación. Claro, estos sólo en caso de que quieran aplicar sólo fregadazos leves. Ya si lo que se busca es aniquilar el “problema”, entonces se puede recurrir a “armas potencialmente letales” (armas de fuego y armas con cañón, capaces de lanzar proyectiles).

En el protocolo también se establecen las reglas de desaparición, digo, de detención, las cuales son para estricta “observación y aplicación de disposiciones”. Además, se enumeran los derechos que – en teoría – se le deben respetar a aquellos que sean retenidos por las autoridades, aclarando que de ocurrir lo contrario, no se le debe echar la culpa a “órdenes superiores”. Así que, si hasta ahora altos mandos no han podido ser acusados por hechos por demás manchados que ejecutan agentes, con lo dispuesto en el protocolo, menos.