Con fallas y todo, The Cribs dio un show demoledor en la Ciudad de México

Sin el mucho ruido que merecería, la banda de Wakefield, Inglaterra, regresó a nuestro país para ofrecer una poderosa (o lo que le sigue) presentación que, pese a durar apenas poco más de una hora, dejó al público extasiado y con algo digno de presumirse en años futuros: yo vi a The Cribs en Sala Corona.

Con el 24-7 Rock Star Shit bajo el brazo y ante un recinto que minutos antes parecía casi vacío, los hermanos Jarman salieron a escena media hora después de lo que marcaba el boleto, por ahí de las 9:30 pm. Al frente, los gemelos Ryan y Gary (guitarra y bajo, respectivamente) y al fondo, en la batería, Ross, quien dio el conteo para arrancarse con “Our Bovine Public”, divertido inicio que fue seguido de los alaridos con los que Ryan canta en “Come on I’ll be a no-one”.

Con fallas y todo, The Cribs dio un show demoledor en la Ciudad de México

Entre apretones y brincos, quienes libraron la lluvia de afuera, no pudieron hacer nada para evitar la cerveza que se dejó caer (quién sabe de dónde, si los de las chelas brillaron por su ausencia) en lo que el trío inglés azotó hit tras hit. El glorioso inicio del show alcanzó su clímax con “Hey Scenester!”, canción que con sobrada razón fue considerada por NME en su selecta lista de “Los mejores himnos indie de todos los tiempos” y que fue ejecutada después de “I’m a Realist”, uno de tantos temas del catálogo de The Cribs con una letra que pega como pedrada: “I’m a realist / I’m a romantic”, contradicción que Ryan Jarman remata con “I’m an indecisive piece of shit”.

La interacción con el público se limitó al clásico “gracias, México” y una que otra frase soltada en inentendible español. Sin embargo, sí se dieron tiempo para recordar que hace algunos años tocaba con ello un tal Johnny Marr… dato que sirvió de entrada para “We Share The Same Skies”, del Ignore the Ignorant, álbum en que el exguitarrista de The Smiths no sólo colaboró, sino fue miembro oficial del grupo.

Fotos: Luis Avilés

El tamaño de banda que se tuvo enfrente se reiteró una vez tras otra, con “Burning For No-One” y “In Your Palace”, por ejemplo, no importando las evidentes fallas en el sonido que dejaron sin voz en varias ocasiones a los acompañamientos de Gary Jarman. Una pena que una de ellas se presentó en la poderosa “Be safe”, cuando entre distorsiones y coros del público se perdió casi por completo la voz de Lee Ranaldo que, aunque grabada, lleva la música del trío a niveles alucinantes. Aunque bueno, hay veces que los tropiezos hacen surgir espontáneamente momentos de antología, como el que se dio al final de la emblemática “Men’s Needs”, donde el bajo se apagó completamente, situación que resolvió Ryan al parar la canción… para hacer que todo el público la terminara a capella, mientras él se preparaba para su energético rasgueo mudo.

Y así pudo concluir el show, pero todavía faltaba la meteórica “Pink Snow”, en la que los ingleses jugaron con los ánimos del público, llevándolos de arriba para abajo, al ritmo de la música que concluyó con una estridente distorsión. Todos hubieran querido más, pero lo ofrecido ayer por The Cribs fue suficiente para quedar en el recuerdo por un par de años. Quizás hasta su regreso. Un conciertazo.

Fotos: Luis Avilés