Repensar la economía internacional: una conversación con Paul Krugman, Premio Nobel de Economía

Por Diego Castañeda y Raúl Bravo Aduna

De entre la fauna de economistas que hay en el mundo, Paul Krugman es, quizá, uno de los más curiosos que se pueden encontrar. Y es que el trabajo de Krugman no sólo es reconocido por especialistas y académicos, sino que, además, tiene una buena cantidad de libros y artículos de divulgación que son —raro para un economista— lo suficientemente inteligibles para que cualquier persona pueda acceder a ellos. Lo anterior no es fortuito. Krugman ha hecho un esfuerzo muy activo por tratar de comunicar, de manera accesible y hasta divertida, los mecánicas y dinámicas de la economía para tratar de fomentar la deliberación pública, con base en argumentos más sólidos, siempre con evidencia (tanto teórica como empírica) en mano.

En su libro The Accidental Theorist and Other Dispatches from the Dismal Science  (traducido al español como El teórico accidental y otras noticias de la ciencia lúgubre, publicado por RBA), Krugman lo dice abiertamente: su pretensión, al escribir sobre economía para el público general, es ser de utilidad para cachar a los charlatanes de la opinocracia con las manos en la masa; es decir, darle herramientas al lector no especializado para no dejarse llevar por argumentos facilones y, la mayoría de las veces, falaces, sino es que francamente disparatados. Hace casi veinte años (1998), en ese mismo libro Krugman se preguntaba dónde estaba (está) el equivalente de un divulgador de la ciencia como Carl Sagan para la economía, que la pudiera hacer más accesible, interesante y emocionante. Tanto en aquel entonces, como ahora —y estamos seguros que esto él mismo lo sabe—, la respuesta se encontraba en quien articulaba la pregunta.

Como parte del ciclo #ConversacionesNYT, organizado por el New York Times en español y la UNAM, Paul Krugman vino a México la semana pasada para conversar en público con el economista Gerardo Esquivel y con el ex canciller Jorge Castañeda. En medio de su apretada agenda, tuvimos la oportunidad de platicar con él sobre el TLCAN, las políticas tributarias de Donald Trump, la crisis financiera de 2008 y la globalización. La conversación ha sido editada para privilegiar la fluidez de las ideas del profesor Krugman.

Nos gustaría empezar hablando del TLCAN. Sucesos recientes parecen indicar que el TLCAN tal vez sí se enfrenta a una amenaza real por la presidencia de Donald Trump. Si el TLCAN termina por desaparecer al final, ¿eso también significaría la desintegración de toda la economía norteamericana? Tres países que han llegado a estar, a largo de los últimos 25 años, verdaderamente integrados… Y en realidad no hemos visto una economía tan integrada comercialmente desintegrarse desde el Bloque del Este, hace más de 30 años… ¿Qué piensa al respecto?

Éste es un tema que he pensado mucho y, de hecho, mis cálculos políticos han cambiado en los últimos días. Literal, hace una semana estuve en un panel en el que dije que no había que preocuparse, que no habría un rompimiento serio del TLCAN, porque hay demasiado capital en él. Básicamente, hay industrias completas que han sido establecidas en ambos lados de la frontera, partiendo del supuesto de una economía norteamericana. No existe una industria automotriz estadounidense; no existe una industria automotriz mexicana; solamente hay una industria automotriz norteamericana. Entonces, al final, hay demasiado en riesgo.

Por ejemplo, sabemos que las personas pobres, sin seguro médico, no tienen la atención de Trump, pero los directores de grandes empresas sí, así que yo pensaba que la probabilidad de un verdadero rompimiento era baja, pero con lo que acaba de pasar en seguridad social, donde vimos que le puede quitar todo el apoyo a una industria, y que empezamos a ver las críticas y quejas ya no sólo de la gente pobre, sino de los ejecutivos de esas compañías, significa que este tipo es capaz de hacerle cosas malas hasta los ricos por mero despecho… Entonces sí existe el riesgo de una rompimiento del TLCAN como tratado.

Ahora bien, las consecuencias económicas no serían tan terribles. No estamos hablando de tarifas del 30%, probablemente serían las tarifas de la Organización Mundial del Comercio, que son bastante bajas. Una ruptura del TLCAN se vería más como Brexit que como el proteccionismo de los años 30. Eso no significa que no tiene costos. Una ruptura no punitiva del TLCAN, con un regreso a las reglas de la OMC, afectaría la integración de la región. Ahí está su importancia. Yo no me lo había tomado en serio, y por eso no tengo cálculos, pero el Brexit, por ejemplo, a la larga hará que Gran Bretaña sea alrededor de un 2% más pobre que si hubieran optado por no salir.

Así que podría tener un costo bastante significativo. Eso no sería bueno. En el corto y mediano plazo se podría poner fea la cosa, porque tienes mucha inversión, mucha producción, decisiones que fueron tomadas con el ojo puesto en el TLCAN; si alguien les hubiera dicho que eso no iba a estar en el futuro, hubieran sacado todo. Van a cerrar plantas. Otras plantas abrirán eventualmente, pero habría muchísima disrupción en los mercados, en ambos lados de la frontera. Podría ser muy doloroso en el corto plazo. No sería algo bueno. No es el apocalipsis. Cualquier cosa que haga Trump podría ser el apocalipsis, pero esto sólo va a ser desagradable y costoso.

Paul Krugman conversando con Diego Castañeda
¿Y usted cree que podemos confiar que el gobierno de Trump va a respetar las reglas de la OMC?

Él supuestamente no entiende de estos temas, pero no podemos saber qué tanto entiende en realidad. Puede ser que nada le importe y que esté tan enojado y ser tan rencoroso que no podamos anticipar cómo actuaría. No obstante, puede ser que el punto en el que comience a actuar así sea el punto en el que su presidencia esté en peligro. Ahorita hay una sensación de que Trump tiene el respaldo de su partido, pero sólo porque creen que va a conseguir los recortes fiscales que prometió. Si empieza a despedazar al sistema industrial nomás por mero despecho, quizá tendremos que empezar a hablar del presidente Pence…

Que eso es algo que usted ha discutido desde noviembre del año pasado, pero que lo ha hecho de manera más exhaustiva a lo largo de las últimas semanas: si Trump se enfrenta a una posible destitución, pues entonces quizá ya está dispuesto a hacer cualquier cosa por mero despecho…

Es cierto. Quizá nos estamos acercando a algo muy obscuro. No quería hablar demasiado de política estadounidense, pero supongo que si esta “reforma a los impuestos”, los recortes fiscales, falla, entonces Trump no va a tener nada que presumir en su primer año en el gobierno. Sabemos que una mayoría de los republicanos en el Congreso lo detestan, así que estamos en una situación en la que puede decir “Que se jodan, voy a tirar todo”. Y no sé… podría ser demasiado… Trato de no pensar demasiado en ello. De hecho, he tenido unos buenos días porque me he dedicado a escribir sobre política tributaria.

Qué bueno, porque justo la siguiente pregunta es sobre política tributaria. La política tributaria que se sigue en Estados Unidos es importante para México ahora porque nuestras autoridades han dicho que si Estados Unidos baja su impuesto sobre la renta a 20%, también tendremos que hacerlo y se convertiría en una suerte de competencia hacia abajo, por el miedo a perder competitividad. Es un tema muy delicado para México, porque nos encontramos en un espacio fiscal muy apretado de por sí, ya que en realidad nuestra base tributaria no es particularmente amplia. ¿Cree que esto vaya a pasar en Estados Unidos?

Es posible, aunque se ve difícil. La última vez que tuvimos un cambio mayor en los impuestos sobre la renta fue en 1986 y fue gracias a un esfuerzo de ambos partidos. Pero el porcentaje de esos impuestos en el producto interno bruto en realidad no cambió. Para hacer eso se necesitan muchos votos y voluntad política, porque te tienes que enfrentar a muchos intereses especiales. Tuvimos recortes de impuestos con Bush, pero fue en una situación en la que había un superávit presupuestario. Es muchísimo más difícil justificar eso ahora. Aunque a los republicanos no les importen los déficits, pretenden que les importa. Se vuelve difícil de vender. Además, no hay un apoyo de la opinión pública. La opinión pública quiere que los impuestos a las empresas aumenten, no que disminuyan. Entonces se vuelve más difícil ver que se pueda vender este recorte de cara a los déficits de presupuesto, sin los votos de los demócratas.

No estoy seguro, pero parece factible que en realidad no consigan nada. Y podría decir que es muy probable que, si logran hacer estos recortes fiscales, no serán tan drásticos.

De hecho, usted ha hablado sobre ese tipo de ideas, les llama ideas zombie [una idea que debiera haber muerto hace mucho por la evidencia que tenemos, pero que sigue ahí, comiéndose los cerebros de los políticos]. ¿Por qué cree que persiste?

Pues sí. La idea de que los recortes de impuestos tendrán efectos mágicos es la idea zombie por excelencia. Y no hay ningún misterio de por qué se rehúsa a morir: hay muchísimo dinero detrás de su promoción. Si estás listo para defenderla (y eres un político), una buena cantidad de dinero va a llegar a tu campaña, de parte de individuos adinerados que serían muy beneficiados por tus propuestas. Si eres un economista dispuesto a argumentar a favor de los recortes, te ofrecerán un trabajo muy cómodo en un think tank o serás analista en Fox News. Lo que me parece muy interesante es que son muy pocas las personas respetables que están dispuestas a pelear por ese lado.

Pasando a otro tema, están por cumplirse 10 años de la crisis financiera de 2008. ¿Qué aprendimos de ella? ¿Qué ya se nos olvidó?

Creo que aprendimos que la banca es algo inherentemente inestable, a menos que esté verdaderamente regulada. Nos habíamos olvidado de eso. Permitimos la desregulación. No le pudo seguir el paso al cambio institucional.

Creo que aprendimos que la macroeconomía básica de hecho funciona bastante bien. Nadie predijo la crisis… excepto porque muchos la predijeron y no se pudo ver. Desde entonces, la macroeconomía ha funcionado bastante bien para alguien que aprendió el modelo IS-LM y hubiera esperado que funcionara.

De hecho, hoy creé mi cuenta de Facebook. Y necesitaba una imagen para poner en la cabeza de la página, y puse una gráfica en la que se ve la base monetaria de Estados Unidos versus el índice de precios del consumidor desde la crisis… y no es una sorpresa lo que se ve ahí, fue una predicción, porque es lo que los que hemos estudiado estas cosas habíamos dicho que iba a pasar… y pasó.

De hecho, yo salí de la crisis sintiéndome mucho mejor, mucho más seguro. Cuando personas como yo hablamos de macroeconomía en realidad sí sabemos de lo que hablamos. Por el otro lado, la gente con poder real prefiere escuchar a las personas que le dicen lo que quieren oír. Lord Keynes se equivocó al final de su libro en el que habla sobre el poder de las ideas, sobre lo poderosas que pueden ser, porque seguido son las peores las que más fuerza tienen y eso puede ser muy frustrante.

La última pregunta es sobre globalización. Hemos visto en Europa muchos movimientos nacionalistas en los últimos años. ¿Vale la pena pensar todavía en la globalización? ¿Todavía podemos hacerla funcionar? ¿Se puede compensar a quienes más han perdido con ella?

Como yo lo veo es que los aspectos sobre los bienes y servicios de la globalización es fundamental. Eso es lo importante. En realidad, la globalización se estancó hace como 10 años. Lo que parece ser el problema ahora es la migración y ni siquiera en términos económicos. Resulta que el miedo y el odio a lo extraño es una fuerza terriblemente poderosa en el siglo XXI. Y a veces parece que ese odio y miedo son más poderosos en lugares que ni siquiera tienen migrantes. Así que no sé, no creo tener buenas respuestas sobre cómo podemos hacerla funcionar.

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Paul Krugman es profesor de economía en la City University of New York y columnista de The New York Times. En 2008 ganó el Premio Nobel de Economía.

Twitter: @PaulKrugman

Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda

Raúl Bravo Aduna estudió letras inglesas en la UNAM y es maestro en Periodismo y Asuntos Públicos por el CIDE. Actualmente es el Coordinador de Noticias de Sopitas.com.

Twitter: @rbaduna

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