Con peras y manzanas: ¿se puede hackear la elección?

Por Esteban Illades

 

A ocho meses de la elección presidencial, varios analistas mexicanos se empiezan a preguntar al aire qué tan segura es la protección del INE frente a un eventual hackeo. Lo hacen porque en Estados Unidos ha comprobado la intervención del gobierno ruso, de distintas maneras, en su elección, la cual dio el triunfo a Donald Trump.

Los rusos intervinieron en la elección de Estados Unidos de dos maneras. La primera, y más grave, fue a través de phishing, esa técnica sencilla para obtener información en la que mucha gente cae. Llega un correo electrónico de alguien que parece conocido, o de una institución a la que uno pertenece (como un banco, por ejemplo). El correo pide cambiar la contraseña de la cuenta para mayor seguridad, y la persona, al pensar que se trata de un mensaje legítimo, le da sus datos.

Esto, de manera increíble, es lo que le sucedió a John Podesta, el jefe de campaña de Hillary Clinton en la elección de 2016. Podesta recibió un correo que le pedía actualizar su contraseña y lo hizo. La persona que envió el correo falso se quedó con la llave de acceso a la cuenta personal de una de las personas más importantes del proceso electoral estadounidense.

Con esa llave, el hacker (o hackers) consiguió miles de correos, que después envió a la plataforma de Wikileaks. Julian Assange, conocido por publicar todo lo que le llegue sin filtro alguno, sacó los correos a la luz unos días antes de la convención demócrata, el evento en el cual el partido nomina a su candidato a la presidencia.

Los correos tuvieron un impacto masivo, pues mostraban que, en secreto, el partido estaba boicoteando la precampaña de Bernie Sanders, el rival interno de Hillary Clinton. Al día de hoy, los demócratas todavía no se reponen de esa filtración de información.

Eso por una parte. Por otra, también se comprobó que diversas personas ajenas al proceso estadounidense –muchas rusas, o conectadas con el país– compraron propaganda en Facebook. La red social más grande del planeta fue bombardeada con anuncios que simulaban ser noticias, y que, en particular, atacaban a Clinton y a los demócratas y favorecían a Trump. Las fake news que circulaban por la red fueron recogidas por varios medios de comunicación, y por figuras importantes como Michael Flynn, quien llegó a ser el principal asesor de seguridad nacional de Donald Trump.

Donald Trump jr. protagoniza el nuevo episodio de la trama Rusia-Estados Unidos

Según cálculos del propio Facebook, más de la mitad de Estados Unidos estuvo expuesto a esta campaña de anuncios. Aunque no se sabe a ciencia cierta el efecto concreto que tuvo sobre la población, la campaña fue vista por cientos de millones de personas que iban a elegir al próximo presidente de su país.

Por último, el FBI, la Oficina federal de investigación de Estados Unidos, ha concluido que los hackers también tuvieron acceso a datos de votantes en casi todos los estados de EEUU. Se lograron infiltrar a los padrones y obtener datos tan importantes como edad, fecha de nacimiento, dirección, y demás. ¿Qué hicieron con eso? Todavía no se sabe.

¿Y en México? En México todavía no hay evidencia concreta de que alguna influencia externa –sea rusa o de cualquier otro país, incluso de algún particular o privado– busque interferir en la elección. A pesar de ello, el Instituto Nacional Electoral (INE) ya se dice blindado en cuanto a datos de votantes y otra información confidencial que guarda.

No obstante, ese tipo de seguridad es inservible. A Podesta lo hackearon por no tener la educación tecnológica suficiente y por lo tanto creer que el correo que había recibido era legítimo. Basta con que algún funcionario caiga en la misma trampa para que un hacker obtenga todos los datos del padrón. (Que ya se han filtrado con antelación, por cierto. Un funcionario de Movimiento Ciudadano lo tenía guardado en un servidor de Amazon y alguien lo encontró el año pasado.)

El caso de Facebook es aún más complicado. Cualquiera puede comprar publicidad ahí. Y en México no es como que nuestros medios de comunicación sean los más serios o rigurosos, al grado de que una noticia falsa, que se asemeje un poco a una noticia mexicana, o que un sitio al que se le cambie unas letras (ya saben, esos que se llaman aristeguioficial o ElUniverso o nombres similares a sitios verdaderos) publique algo falso para que empiece a circular en redes y comience a tener efecto en la elección.

Pero, ¿quién querría hackear la elección? No tienen que ser los rusos. De hecho, al día de hoy, no hay un motivo concreto para que intervinieran en nuestro proceso electoral. Teorías abundan, pero falta la evidencia concreta. Realmente, cualquiera que quisiera hacerle como el Guasón, y ver el mundo arder sólo por arder, podría meterse de lleno en la elección y sabotearla. ¿Por qué? Porque puede.

Si no fuera porque éste es nuestro país y ésta es nuestra elección, sería interesante ver lo que sucede. Pero como nos afecta a nosotros, la palabra correcta es más bien preocupante. Habrá que estar al tiro con la propaganda electoral. Y con el hackeo, sólo tendremos que esperar a que un funcionario electoral, de esos que tienen acceso a toda nuestra información, pero ninguna idea de cómo cuidarla, no le de su contraseña a un sitio de esos que promete enviarle una novia rusa por correo.

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Esteban Illades

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