Violencia sexual, desigualdad y poder: amigas, démonos cuenta

Por Atenea Rosado

A todas las mujeres* que se han sentido violentadas, retraumatizadas, enojadas, tristes y vulnerables en los últimos días. Desde Ala Izquierda queremos decir que las distintas violencias sexuales no son culpa de las víctimas. Nunca lo han sido. Somos muchas personas quienes creemos en ustedes y su verdad, y que siempre estaremos dispuestas a apoyarlas.

Las palabras “acoso” y “abuso sexual” están en todos lados desde hace unas semanas y esta vez no permitiremos que las borren de nuestros vocabularios. A partir de una investigación publicada en el New York Times sobre las prácticas de acoso de Harvey Weinstein (productor de Shakespeare Apasionado, Pulp Fiction, Pandillas de Nueva York, entre otras películas) contra actrices como Angelina Jolie y Gwyneth Paltrow, hemos escuchado múltiples testimonios de mujeres que han sido hostigadas sexualmente en todo tipo de espacios. En EUA, Ben Affleck acosó a Hilarie Burton y Roy Moore, candidato republicano a la senaduría de Alabama, abusó de una menor de 14 años. En México, alumnas de la Universidad Autónoma de Nuevo León y el Tec de Monterrey en colaboración con varios colectivos feministas comenzaron una campaña de denuncia de profesores acosadores.

¡Sorpresa! Las mujeres hemos sido violentadas por todo tipo de hombres, desde cualquier hijo de vecina hasta nuestras parejas. Los casos recientes no implican que denunciar acosos y abusos sexuales “esté de moda”, como se han atrevido a denunciar algunas personas.

Lo que tienen en común Weinstein, Ben Affleck y los profesores acosadores es que, además de ser hombres, ocupan una posición de poder en los diversos espacios a los que pertenecen. Pero dicho poder no es únicamente organizacional sino económico. Las víctimas son aspirantes a actrices, secretarias y estudiantes, mientras que sus victimarios son productores, actores consolidados y profesores universitarios.

Las desigualdades económicas y de género alimentan el acoso y el abuso sexual: mientras más amplia la diferencia salarial, nos es más fácil abusar de quien menos tiene. En México y el mundo las mujeres somos quienes tenemos menos. Dirán muchos “no todos los hombres”… Sin embargo, desde Suecia hasta India, las mujeres trabajamos hasta el doble para ganar lo mismo que el sexo opuesto. ¿Cómo denunciar al “jefe” cuando sabemos que él gana el doble, o triple, o cuádruple, que nosotras, y que él pagará a un abogado más caro? ¿O bien que el dinero disponible que tiene para sobornar a un juez es seguramente mayor?

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, México figura entre los países con mayor disparidad salarial entre mujeres y hombres. En México, las mujeres ganamos, en promedio, 42% menos que los hombres por el mismo trabajo y en iguales posiciones; es decir, por cada peso que un hombre gana, nosotras ganamos 58 centavos. Las relaciones entre hombres y mujeres están marcadas por esta disparidad salarial, que es también disparidad de poder.

Vale la pena preguntarnos hasta qué punto, por ejemplo, una empleada puede otorgar consentimiento cuando su trabajo está en juego si no acepta relacionarse con el patrón. Este ejemplo es más común de lo que pensamos: 26.6% de las mujeres mexicanas hemos vivido algún tipo de violencia sexual en nuestro lugar de trabajo. La bajísima tasa de empleo de las mujeres en México explica también por qué no denunciamos: si lo hacemos, existe una alta probabilidad de que no encontremos otro empleo.

Una de las mejores armas para prevenir el acoso y el abuso sexual es el acceso a la educación. Es cierto que a mayor nivel educativo, las mujeres estamos más seguras de nuestro cuerpo, nuestros derechos, lo que queremos y lo que no nos gusta. Es cierto también que los hombres, y en general quienes nos rodean, nos perciben con mayor confianza en nosotras mismas y en lo que pensamos. El 52% de quienes participaron en la Encuesta Nacional de Género están de acuerdo con la frase “si una mujer estudia, se vuelve más rebelde”. Y qué bueno. Qué bueno que nuestros padres, hermanos, familias y vecinos sepan que ir a la escuela nos enseña a reconocer y exigir nuestra dignidad. Qué bueno que la escuela sea reconocida como uno de los espacios que empodera a las mujeres. Sí, en México ser mujer e ir a la escuela sigue siendo un acto de rebeldía.

No obstante, debemos aspirar y actuar también por la construcción de un mundo que reconozca el valor del trabajo de todos y todas. La disparidad salarial no es sólo un montón de estadísticas y cifras, sino el reflejo de una sociedad profundamente desigual e injusta. Detener las violencias sexuales y machistas implica luchar por el derecho a ganar lo mismo, por el mismo trabajo. Esto también implica que quienes ocupan puestos de poder tienen la responsabilidad moral de cambiar sus prácticas y contratar a más mujeres, sobre todo a aquellas que no han crecido con privilegios económicos.

Las historias de acoso y abuso sexual de las últimas seis semanas son producto tanto del machismo como del sistema económico inhumano en el que vivimos y que tiende a favorecer a los hombres. La única forma de acercarnos hacia un mundo sin violencias sexuales es, de una buena vez, transformar también nuestro sistema económico.

***

Atenea Rosado es pedagoga.

Al fondo y a la izquierda es el espacio en Sopitas.com de Ala Izquierda, una organización política de la sociedad civil cuyo objetivo es la incidencia política, social, cultural y económica en México. Pugnamos por una democracia incluyente y deliberativa, un sistema de partidos abierto e izquierdas plurales en México. @AlaIzqMX

 

Comentarios