¿Debemos temer al tipo de cambio por las elecciones?

Por Diego Castañeda

La pregunta no es nueva. Ronda la discusión pública desde, al menos, los años noventa, conforme los tipos de cambio flexibles —que se mueven por la oferta y demanda de divisas (es decir, flota, en oposición a un tipo de cambio fijo)— fueron predominando en el mundo. Desde entonces la literatura económica ha dado algunas respuestas un tanto ambiguas, sin embargo, aunque ambiguas, nos pueden servir para pensar con claridad sobre si existe realmente una causa de temor, una tormenta perfecta o simplemente se exagera.

Por lo menos desde los tiempos de Keynes (principios del siglo XX) se dice que los aspectos políticos tienen ciertos efectos sobre el comportamiento de variables macroeconómicas. En prácticamente todos los países se dice que cuando se aproxima una elección importante la incertidumbre llega a los mercados y los precios relativos entre monedas enloquecen.

Si bien existe algo de verdad en dichas afirmaciones (es cierto que la incertidumbre de un resultado tiene efectos sobre variables como la inversión extranjera y por ese conducto se trasmite a las divisas), lo que la evidencia encuentra es que estos efectos, además de ser transitorios (duran un corto periodo alrededor de las elecciones), suelen ser de menor magnitud que lo que se suele anticipar. Por ejemplo, economistas como Thaler y Froot (1990) encuentran que fluctuaciones en el tipo de cambio a plazo (forward) suelen transmitirse de forma muy escasa al tipo de cambio spot. Posteriormente, Lewis (1995) confirma lo que Thaler y Froot encontraron: la gran incertidumbre que se suele ver en los forward no se ve reflejada en su totalidad en el spot a causa de la existencia de un sesgo por la estimación de riesgos. Después de todo, los seres humanos somos pésimos para estimar riesgos y eso incluye a economistas, financieros y otras artes obscuras.

Otros investigadores como Alesina y Roubini (1992) encuentran que la incertidumbre sólo ocurre cuando las políticas económicas de los distintos candidatos divergen de forma significativa de la practica común, de las cuestiones generalmente aceptadas por todos para un buen funcionamiento de la economía. Cuando los candidatos a una elección no tienen diferencias relevantes en sus políticas económicas respecto al benchmark de la ortodoxia, los efectos son marginales.

A la luz de este tipo de investigación, ¿qué deberíamos pensar sobre declaraciones como que si gana X o Y candidato se esperan depreciaciones o si la incertidumbre puede jugar un rol muy importante sobre el funcionamiento de la economía?

Probablemente lo más importante es dejar de pensar de forma anecdótica. Es fácil citar ejemplos de elecciones importantes en las que la incertidumbre impactó en el tipo de cambio u otras variables, una muy reciente, por ejemplo, es el Brexit. No obstante, en el mundo ocurren múltiples elecciones de forma constante año tras año, algunas de ellas de suma relevancia para esos países y no en todas existen efectos cambiarios y, cuando existen, suelen ser marginales. Cuando algún opinólogo habla del caos por venir lo suele hacer ignorando cientos de observaciones en las que el caos nunca vino. Así que lo primero que debemos entender es que generalizar no es la mejor forma de anticipar eventos sobre el futuro.

Una segunda cosa que quizá debemos pensar es que la naturaleza de los flujos de inversión en el mundo es altamente especulativa, por lo tanto, es normal que esa especulación se pueda ver reflejada en movimientos bruscos cuando ocurren sucesos que se prestan a ello, un ejemplo es el posible fin del TLCAN. Es importante recordar que aquello que maximiza las ganancias de aquellos que especulan en el mercado no necesariamente está en el mejor interés de los países. Los negocios, sobre todo aquellos en el sector financiero, ven por sus ganancias (como todo buen negocio debe hacer) y no por los intereses del Estado, debemos aprender a desvincular lo que sucede en lugares como la bolsa (que en un país como México afecta apenas a un puñado de gente respecto a la población del país) de lo que ocurre en el resto de la economía.

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Foto: Shutterstock

Tomando todo esto en consideración, la elección en México de este año si bien tiene algunas condiciones que pueden favorecer cierto nivel de incertidumbre, no parece ser de mayores consecuencias. Ninguno de los 3 candidatos principales (aquellos con alguna posibilidad real de ganar) se desvía de lo que dicta la ortodoxia respecto a la estabilidad macroeconómica (autonomía de Banco de México, políticas de combate a la inflación, finanzas públicas equilibradas, etc). Si vamos a elecciones previas y observamos el comportamiento de variables como el tipo de cambio podemos ver cómo algunos días antes y después de las elecciones existe mucha especulación, la incertidumbre se dispara, pero después tiende a calmarse todo.

Si buscamos razones para preocuparnos este 2018 respecto a la economía y cosas que culpar sobre los movimientos cambiarios, probablemente deberíamos tener los ojos en otros lados, por ejemplo: la debilidad de las finanzas públicas, el comportamiento de los precios del petróleo, lo que sucede en el TLCAN o los elevados niveles de inflación. La elección de 2018 será muchas cosas, pero en sí misma no es un asunto que pese sobre la economía mexicana.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda