‘Pollitos en fuga’ cumple 18 años de stop motion, plastilina y nihilismo

No podemos olvidar todas las promesas con las que el nuevo milenio llegó a nosotros: un futuro económico basado en las nuevas tecnologías de la información; políticas globales; sociedades multiculturales; y nuevas maneras de ver y entender las artes, en concreto, el cine y la animación

Los dos miles llegaron en una época, por decirlo de alguna manera, post Toy Story, el gran referente en el futuro de la animación (todo a computadora) que hizo de Pixar la empresa que es ahora. Sin embargo, no todos estaban dispuestos a seguir los pasos más altos en este campo y Pollitos en Fuga, Chicken Run para los bilingües, fue la gran prueba de ello.

Era exactamente el año 2000, hace 18 años, cuando el estudio británico de animación Aardman Animations hizo de la plastilina, el stop motion y las expresiones extrañas en sus personajes, lo más original de la época.

La cosa decía así: las gallinas de un enorme corral son propiedad de la señora Tweedy, avara y malagradecida, que decide convertir su granja en una fábrica de pasteles de pollo ante los pocos huevos que ponen. ¿Las víctimas? Todas esas gallinas gordas inútiles que deben hacer algo después de ver el guillotinazo que le meten a Edwina por no ser tan redituable. No obstante, una noche llega “volando” un gallo guapo y carismático que las engaña diciéndoles que pueden escapar de su futuro como pastel si él les enseña a volar

Y con volar, al final de la cinta, descubres que esta historia no era tan de niños como la plastilina lo hacía parecer pero tampoco tan de adultos como la brutal lucha por sobrevivir a como dé lugar y el nihilismo de la aceptación nos hizo pensar. Otra cosa importante aprovechando la situación actual: Chicken Run es un filme con claros tintes feministas que no parecen a propósito.

¿Por qué? Los personajes femeninos representados en gallinas líderes como Ginger, la más astuta que sólo necesita a Rocky para que las ayude a escapar de una engorda que termina en muerte segura. Sí, al final tienen un romance y algunos pollitos; sin embargo, cuando descubren la verdad detrás de Rocky, no se tiran al drama y dejan de ver una salida, sino todo lo contrario: se hacen más fuertes, más comprometidas y logran volar como los humanos lo hacen ante la ironía de la naturaleza (considerando que ellas tienen alas).

Así es como comenzó una aventura en stop motion que logró convertirse en el filme con esta técnica más exitoso en la historia muy a pesar de las críticas positivas que unos años después recibieron Coraline de Henry Selick y Fantastic Mr. Fox de Wes Anderson, ambas de 2009… y la que nos espera con Isle of Dogs del mismo Anderson.

Nota: Es el momento exacto para decir que no hay ningún Pollito en fuga, sino puras Gallinas. Lo correcto habría sido Gallinas en Fuga