Sergei Eisenstein y la revolución del cine dentro de la sociedad mexicana y rusa

En 1924, cuando el cine todavía no tenía palabras, pero sí muchas cosas que decir, llegó Sergei Eisenstein con un filme que cambió, o mejor dicho colocó, al cine como una de las expresiones artísticas más puras y válidas. Estamos hablando de La Huelga, el primer largometraje del director que a través de un montaje increíble, nos mostró (sin necesidad de explicaciones) que la vida, en realidad, es muy similar a un matadero: estamos de paso, no tenemos nombre, pertenecemos a alguien y, en algún momento, morimos en manos de quién sabe quién…

En las últimas escenas de este filme, Eisenstein mostró imágenes de un matadero en el que se ve cómo están degollando a unas vacas, seguidas de varios planos con muchos obreros muertos en manos de los soldados que servían al zar… (Video: minuto 1:16).

Ahora, con esto detrás, no podemos hablar de cine como una forma de expresión humana sin mencionar a este artista y las innovaciones visuales que implantó en cada una de sus cintas.

Eisenstein nació en Riga, un territorio que formaba parte del Imperio Ruso (lo que hoy es Letonia) el 22 de enero de 1898. La vida, tal cual, lo llevó al dibujo; el dibujo a la arquitectura; ésta a la revolución; la revolución al teatro; el teatro a un accidente; y este accidente en el que alguien se partió la cabeza (literal) lo llevó al mundo del cine. ¡Gracias!

Después del enorme éxito y el buen recibimiento de La Huelga, Eisenstein fue el encargado de liderar el proyecto fílmico que retrataría los ideales y valores de la revolución. ¿El resultado? La primera obra de arte fílmica y de la que más se ha hablado en la historia de cine, titulada El acorazado Potemkin, en 1925.

Pero, ¿cuál es la prueba para tratarla así? Una secuencia en específico en una escalera en la que miles de personas huyen de la sangre fría de los soldados del zar. Considerando que estamos hablando de los primeros años del cine como una forma expresiva, Eisenstein, con técnicas innovadoras que han sentado las bases de la narrativa visual, logró manipular las emociones de la audiencia con diversos montajes. (Video: minuto 48).

Eisenstein utilizó el séptimo arte para retratar la realidad de la sociedad y el verdadero conflicto humano a raíz de las clases sociales en Rusia y, sorpresivamente, también en México.

Después de varios intentos fallidos por hacer su obra como la tenía en mente (la revolución comenzó a revisar su trabajo antes de sacarlo) y un entendimiento nulo de la película Octubre de 1928 (demasiado avanzada para su tiempo), Eisenstein se vio obligado a dejar el país, buscar asilo en Estados Unidos y terminar parado en México con la idea de: ¡Que viva México!, una película inconclusa que cuenta una “historia trágica que no necesita actores ni decoraciones”: la historia de México como tal.

Fue hasta 1938 que hizo su primera película sonora, Alexander Nevsky, que le siguió unos grandes del cine ruso como Iván el Terrible, la segunda parte y la tercera inconclusa. En pocas palabras, Sergei Eisenstein contribuyó y sigue haciéndolo en el cine como ciencia, arte y una forma de expresar los sentimientos más involuntarios de los humanos.  

 

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