¿La Academia es racista y sexista o simplemente ya no ve películas?

Este año los premios de la Academia dieron la vuelta en cuanto a los nominados. En algunas categorías aparecieron producciones de plataformas de streaming como Netflix, algo a lo que los viejos dinosaurios se negaban por no ‘apegarse’ a un formato tradicional de cine donde compras un boleto (muy caro), compras palomitas (también caras) y te sientas ver un filme en todo su esplendor. Por supuesto que esto tiene su magia, pero también las plataformas lo tienen y más con la libertad que le dan a sus directores de hacer y deshacer lo que quieren.

En otras categorías escuchamos nombres femeninos que ya llevaban mucho tiempo sin sonar, o bien, nunca lo habían hecho. Greta Gerwig por Lady Bird va para Mejor Director mientras Rachel Morrison por Mudbound (de Netflix) va para Mejor Fotografía. Lo mismo para Jordan Peele como Director, es el quinto afroamericano en ser nominado en la máxima categoría.

Estas nominaciones y la incursión de ciertos títulos a la contienda nos hacen pensar que la Academia está haciendo las cosas bien; sin embargo, ¿qué tan real es esto?, ¿realmente merecían una nominación o simplemente entraron al juego de lo políticamente correcto con las opciones más sonadas?

De Rachel Morrison no hay mucho que decir. Su trabajo en la producción de Netflix, con justa razón, la llevó a ser la primera mujer nominada en Mejor Fotografía. ¿Se lo lleva? Imposible saberlo. Se debe considerar que se enfrenta a Blade Runner 2049, una de las películas menos valoradas pero mejor hechas en mucho tiempo.

Gerwig fue la directora que más presencia tuvo desde la mitad de 2017 hasta la fecha en que anunciaron las nominaciones, pero no fue la única. Ree Dees, directora de Mudbound, hizo un muy buen trabajo que ameritaba más de las cuatro nominaciones que esta cinta se llevó. Sin embargo, no apareció ni siquiera como una posibilidad. Y no se trata de confundir las cosas, el hecho de que Dees sea una mujer afroamericana no obligaba a los Oscars a nominarla. La cosa está en que esta vez, desde un ojo más objetivo, se lo merecía.

Jordan Peele y Get Out fueron un giro de 180 grados dentro de Mejor Película y Mejor Director. Esta cinta es ‘inteligente’, rápida, hábil y, sobre todo, entretenida. Pero para ser honestos y si nos vamos al pasado cuando los Oscars tenían cierta objetividad y amor al arte, Get Out no habría estado nominada ahí. La cosa cambia con su nominación por Mejor Guión Original donde sí lo amerita porque está bien escrita y mantiene su tensión y dinamismo hasta el final.

Ahora llegan las viejas confiables. Las nueve películas nominadas son grandes películas, pero nada memorable que nos haga pensar en las que alguna vez ganaron como The Deer Hunter de Michael Cimino, Gladiador de Ridley Scott,  El padrino I y II de Ford Coppola, American Beauty de Sam Mendes, El silencio de los inocentes de Jonathan Demme, y muchos más.

Un anónimo dentro de la Academia en entrevista con IndieWire dijo lo que nadie quería decir (palabras más, palabras menos): parece que los votantes buscan en qué películas sale Meryl Streep o Denzel Washington para nominarlas. O bien, qué película sacó Steven Spielberg para de una vez nominarla. The Post está muy alejada de la gloria de Schindler’s List o Saving Private Ryan.   

The Shape of Water de Guillermo del Toro, una historia de amor y fantasía se perfila como la favorita mientras Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, un drama político que apuntaba para algo más alto, se ha quedado un poco atrás. “No creo que la Academia le dé Mejor Película a una cinta sobre policías racistas”. ¿De verdad?, ¿cuántas películas podemos mencionar sobre racismo, corrupción, muerte, violencia, brutalidad, desigualdad de género que han sido ganadoras por el simple hecho de ser buenas películas?

Al parecer, la película de del Toro es la opción más viable para darle el Oscar al filme y al director. No significa, de ninguna manera, que no sean buenos trabajos y que otra cinta sea más merecedora; sin embargo, resulta imposible saber hacia dónde van este año en medio de tantos cambios culturales y el terror de nominar algo que no vaya de acuerdo con esos movimientos, o bien, una película “políticamente incorrecta”. No hay manera de leer la mente de todos los que quieren definir hasta dónde llega lo correcto.

Hace unos años la ausencia de mujeres en los Oscars en algunas categorías no causaba tanto ruido porque no formaban parte de la creación. No había manera de que tomaran el mando de un cinta. Eso era ‘normal’, parte de la atmósfera social. En caso de que una mujer apareciera con un proyecto real, lo más probable es que los estudios y las productoras no le apostaran. La primera en recibir un Oscar fue Lina Wertmüller por Pasqualino Settebellezze (Seven Beauties) en 1976. 

“Seven Beauties”, 1975

Hoy es distinto y es un paso adelante en la lucha por la igualdad de género. No obstante, debemos ser pacientes y dejar que las cosas evolucionen, y para eso se necesita tiempo. Si el Time’s Up y todas las acusaciones en contra de Harvey Weinstein no hubieran dado pie a que la revolución cultural naciera, Greta Gerwig y Rachel Morrison quizá no hubieran aparecido en el mapa.

Primer punto, es bueno que sus nombres aparecieran con tanta fuerza. Segundo punto, la Academia no les va a otorgar la estatuilla sólo por ser mujeres… y aquí está el verdadero problema de esta edición.

Si ellos como expertos analizan su trabajo y ven que es lo mejor de la industria en el año, es válido que lo reciban y que den un paso más hacia la igualdad. Pero si después de ver su trabajo deciden que otra persona (sea hombre, afroamericano, hispano u otra mujer) hizo algo que va más allá, entonces no lo deben recibir. Así de simple y complicado.

¿La Academia discriminó a Stanley Kubrick?, ¿por eso nunca recibió un Oscar como Mejor Director? Es uno de los cineastas más famosos, influyentes y distinguidos en la historia del cine, pero nunca recibió un Oscar por ninguno de sus trabajos que incluyen Dr. Strangelove, 2001: A Space Odyssey, A Clockwork Orange y Barry Lyndon.

Una posible conclusión –no respuesta–  a todo el dilema es que la Academia, en realidad, no ha sido racista ni sexista, sino simplemente no ha hecho su único trabajo: ver películas, revisar todas las propuestas cinematográficas del año, analizar cuáles podrían cambiar la historia del cine y otorgarles el máximo galardón.

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