Murió Sudan, el último rinoceronte blanco macho que existía en el mundo

Una noticia por demás triste: toda una humanidad no pudo hacer nada para salvar una especie cuya desaparición, para variar, fue en parte culpa de la demanda de sus preciados cuernos. Nos referimos al rinoceronte blanco.

Pese a que aún quedan dos ejemplares hembras, la muerte de Sudan (nombre del rinoceronte macho) supone la desaparición de la especie. Aunque bueno, hay que señalar que previo a la muerte de Sudan, científicos recopilaron material genético para, en un futuro, efectuar fertilizaciones in vitro. Sólo será cuestión de que se desarrolle la técnica ideal para preservar a la subespecie.

Sudan, de 45 años, vivía en la reserva de Ol Pejeta, en Kenia. Ayer lunes las personas que estaban a cargo de su cuidado decidieron “ponerlo a dormir”, luego de que las complicaciones relacionadas con su edad empeoraron significativamente.

El rinoceronte blanco se compone de dos subespecies: el rinoceronte blanco del sur y el rinoceronte blanco del norte, este último mucho más raro y en peligro crítico. Sudan era el último macho sobreviviente de la variedad más rara, luego que en 2014 murió de causas naturales un segundo macho.

La población del rinoceronte blanco del norte se distribuía en Uganda, Sudán y Chad… pero lamentablemente fue diezmada por la caza furtiva de las décadas de los 70 y 80. La caza del rinoceronte se debió a la demanda de cuernos, utilizada para medicina tradicional, así como para la elaboración de armas.

Sudan, el último rinoceronte blanco macho que existía en el mundo
Foto: BBC/EPA

De acuerdo con la BBC, la última docena de rinocerontes blancos del norte que se encontraba en la República del Congo fue indiscriminadamente asesinada a inicios del siglo XXI. Para 2008 la subespecie como “extinta en estado salvaje” por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

Por su parte, El Universal recuerda que Sudan era parte de los cuatro rinocerontes blancos (dos machos y dos hembras) que habían sido trasladados del zoológico de Dvur Kralove, en la República Checa, a la reserva de Ol Pejeta, Kenia. Pese a que se esperaba que en condiciones similares a las de su hábitat natural podría darse con mayor facilidad la reproducción, ésta nunca se dio con resultados fructíferos.

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