La continua búsqueda de un espacio propio: ‘Casa transparente’ de María Luque

Por Karen Villeda

 María Luque no le pide nada al trabajo de la popular Alison Bechdel, Persepolis de Marjane Satrapi, Le bleu est une couleur chaude de Julie Maroh o la Nimona de Noelle Stevenson, una de las creadoras de Lumberjanes. Respecto al avance de las mujeres ilustradoras, ella ha señalado que: “Me da la impresión de que cada vez hay más lugares para ellas. No sé si sea porque nosotras mismas nos estamos abriendo el camino o porque ya no es la excepción una chica por cada mil hombres”. María Luque, ilustradora argentina que vive en Barcelona, es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona con especialidad en Diseño Gráfico. Tiene un postgrado en Diseño Web y Multimedia en la Escuela Superior de Diseño en Barcelona y también ha tomado varios cursos de diseño de tipografías. Tiene su propio estudio desde hace más de diez años y le encanta trabajar colaborativamente pues eso es lo que “garantiza resolver cualquier proyecto con éxito”. Por lo mismo creó el colectivo Merienda Dibujo y es cofundadora del Festival Furioso de Dibujo. Su trabajo ha sido expuesto en Argentina, Chile, Perú, México y España. El año pasado obtuvo la Pictoline Global Residency en donde colaboró con una infografía sobre el carnaval:

Casa transparente es su segunda novela gráfica y obtuvo el Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas. Ella, cuyas influencias son Paul Cézanne, Tarsila do Amaral y Mark Rothko, asegura que: “Me gusta hacer reír a la gente con mis dibujos, o al menos hacerlos sonreír”. Y este libro no es la excepción.

¿De qué se trata?

Casa transparente es la continua búsqueda de un espacio propio, ese lugar defendido a capa y espada por Virginia Woolf en su célebre ensayo (“Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción”). Es así que la autobiografía se mezcla con la vitalidad de los colores. “No tengo casa” dice un personaje en una de las viñetas que es parecido a la María Luque de carne y hueso. ¿El porqué? “No tiene casa porque es pobre”. La protagonista de Casa transparente se dedica a cuidar casa ajenas. María Luque, que se basó en su propia experiencia de vida para realizar esta obra, lo explica de la siguiente manera: “Todo el tiempo soy una vecina nueva, en algunas casas no llego a averiguar cuál es la mejor verdulería del barrio y en otras me quedo varios meses y hasta aprendo el nombre de las calles. Cuando no puedo dormir me imagino que el ruido de los autos es el mar. Me aguanto la respiración y llego nadando a una casa transparente en la que me dejan pagar el alquiler con dibujos”

María Luque tardó dos años en realizar Casa transparente, la cual es una valiosa aportación a la escena de la novela gráfica a partir de un tema preocupante con el que nos sentimos profundamente identificados. Los millennials somos la generación más preparada pero también somos los que viven más precariamente que sus padres. Es prácticamente inviable ser propietario con estos salarios, el freelanceo y la temporalidad de ciertas chambitas que hacemos. Tenemos que vivir colaborativamente. “Creo que estamos en un momento de explosión, todo es más accesible y las cosas se vuelven contagiosas. Entre nosotros invitamos a hacer cosas diferentes que nunca antes hemos hecho. Es más sencillo conectarnos aunque estemos en distintos países“.

¿Por qué leerla?

Casa transparente es la obra ganadora del primer Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas que convoca la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas, la editorial Sexto Piso y el Ayuntamiento de Madrid. Este certamen tiene como objetivo “fomentar las expresiones culturales que giran en torno a las dinámicas de la ciudad, a cómo la ciudadanía vive y sueña la ciudad, cómo se proyecta en ella, cómo la percibe”. María se encarga de regar las plantas, cuidar las mascotas, pagar las facturas… Somos testigos de su proceso de adaptación como la nueva vecina por necesidad y por elección en Rosario, Bariloche, Buenos Aires, Cuzco y México. Por ejemplo, paga su alojamiento en la ciudad peruana con un mural que ella misma hace. Hace un par de años, un columnista de The Australian escribió que lo sorprendente que le parecía que la gente joven pudiera pagar 22 dólares australianos (o más) por  un sándwich de aguacate con queso feta desmenuzado y que “¿cómo pueden los jóvenes permitirse comer de esta manera? ¿No deberían economizar comiendo en casa? ¿Con qué frecuencia están comiendo afuera? Veintidós dólares varias veces a la semana podrían destinarse a un depósito en una casa”. No pues sí. Cuando no puedes permitirte comprar una casa, entonces decides vivir. “El brunch es el opio para las masas. No vamos de brunch en vez de comprar casas: vamos de brunch porque no podemos permitirnos comprar casas” como señala Brigid Delaney, periodista de The Guardian respecto al aguacategate. Casa transparente es un retrato de nosotros, los nuevos nómadas del siglo XXI y saca a colación la casi imposible conciliación de dos temas: la vivienda y la juventud. Estamos viendo con la casa a cuestas.

 Casa transparente de María Luque. Sexto Piso.

***

Karen Villeda es escritora. Ha publicado un par de libros para niños, uno de ensayos y cuatro poemarios. En 2015 participó en el Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa. En POETronicA (www.poetronica.net) explora la relación entre poesía y multimedia. (Ah, y tiene un gato llamado León Tolstói.)

Twitter: @KarenVilleda

#leámoslas es la iniciativa lanzada por sopitas.com para cuestionar el sexismo de nuestros hábitos de lectura. ¿Cuántas escritoras leemos? Hagamos cuentas y hagamos cuenta de ellas.