Con peras y manzanas: el primer debate presidencial

Por Esteban Illades

Anoche tuvimos el primero de tres debates entre los cinco candidatos a la presidencia de México. El formato, aunque algo acartonado, funcionó mejor que en otros años. Tú tal vez no lo recuerdes, querido sopilector, pero antes hasta los encuadres de los candidatos eran pactados por los partidos. No se podía mover absolutamente nada sin que ellos aprobaran.

Ahora la cosa fue un poco mejor. Al menos algunos se bajaron del podio, otros se hablaron de manera directa y uno, El Bronco, hasta logró colar una bala por los detectores de metal sin que nadie se diera cuenta.

Eso sí, las mentadas bolsitas de tiempo son bien confusas. Saltas en un pie, le restas el número que pensaste y eso es lo que te queda para contestarle a los otros cuatro siempre y cuando te queden segundos impares.

Respecto al contenido, nos podemos aventurar a decir que los candidatos se dividieron en dos bloques y El Bronco. El primer bloque es el de los que ahora sí descartaremos: Margarita Zavala y José Antonio Meade. Zavala nunca tuvo una oportunidad en serio, pero aquí podría haberse mostrado como alguien que ya había logrado algo importante: ser la primera candidata independiente a la presidencia del país. Sin embargo, hasta eso se perdió en lo que dijo. Muchos se quedaron pensando, con razón, que para qué quiere ser presidente. Del debate no quedó ni tantito claro.

Meade, por su parte, demostró ser todo lo contrario a la imagen que buscó transmitir desde que lo nominaron: alguien en control de la situación, de conocimiento superior y mejor preparado que el resto. Pues nada. Se vio a un hombre gris, desconectado, nervioso. Durante medio debate nos olvidamos que ahí estaba. Y cuando reapareció, fue para dar golpes tan suaves que ni registraron en el marcador.

Primer Debate INE
Foto: Especial

En el otro grupo, pero en dos categorías, tenemos a López Obrador y a Anaya. López Obrador, al igual que Claudia Sheinbaum a mediados de semana en el debate por la Ciudad de México, fue a una conferencia de prensa. A hablarle al público y a no debatir. Cuando vas 20 puntos arriba, te puedes dar ese lujo. Y, para su fortuna, no se enojó. Por más que todos se hayan unido en su contra, AMLO aguantó. Bien, mal. Quizás regular tirando a mal. Pero sigue muy arriba. Ya con eso ganó.

Anaya se presentó como el ñoño del salón. El que le deja tarea a los demás. El que trae el libro para citarlo. El que lee en otros idiomas. Y eso a mucha gente le da repele. Pero para los anti-AMLO, pues es lo que hay. El debate fue un triunfo para él en cuanto que mostró que es el menos malo para enfrentarse cara a cara con López Obrador. Claro, 20 puntos abajo y con muchos escándalos a cuestas. Pero aun así superó al resto del pelotón.

Y El Bronco. El Bronco se cuece aparte. Salió con una bala, literalmente. Puso su whats en el podio. Sacó un cheque. Y prometió cortarle la mano a los rateros. Muchos nos burlaremos, pero un sector de la población quiere eso en un presidente.

¿Qué nos deja el debate, a todo esto? Dos candidatos y dos visiones muy distintas; otros tantos se quedaron atrás y otro quiere competir para ser el nuevo Ayatola de Irán.

Pero entre los dos que van arriba, hay uno que representa el camino como va y el que quiere irse por otro lado. Parece poco, pero son opciones, al menos. Y ninguna de ellas es el PRI. En este país eso ya es algo.

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Esteban Illades

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