La seguridad social en México

Por Diego Castañeda

Una vez más pasó una semana sin propuestas relevantes en temas de política económica entre los candidatos, nada que comparar. Para evitar terminar hablando sólo de uno de ellos, mejor hablar del lanzamiento de un libro del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), “El México del 2018: Movilidad social para el bienestar”.

El libro que lanza el CEEY toca una serie de temas que son de enorme trascendencia para el país, México, como en otras ocasiones hemos discutido, es una sociedad sumamente desigual, sobre todo si pensamos en términos de oportunidades. Esto, a su vez, está estrechamente relacionado con la falta de movilidad social del país. Este libro abunda sobre esta falta de movilidad desde distintos aspectos: el acceso a salud, pensiones, educación, la seguridad social universal. En esta campaña presidencial de 2018 estos temas no siempre han estado presentes y por eso es muy importante leer lo que dice el CEEY. Hoy, particularmente, me enfocaré en el tema de la seguridad social en el país.

La seguridad social en México apenas cubre al 37 por ciento de la población ocupada. Los trabajadores del sector público tienen en general una buena cobertura (88 por ciento), mientras que los del sector privado apenas 31 por ciento. En total, todo el gasto social (pensiones más salud más vivienda) equivale a más o menos 3 puntos del PIB; es decir, casi todo lo recaudado con el IVA termina pagando por una cobertura lejana a lo ideal para una proporción pequeña de la población.

seguridad social
Foto: Shutterstock

En específico, dentro de estos rubros uno en el que quiero enfocarme es el de salud. México cuenta con un servicio de salud muy diferenciado, esto quiere decir que el tipo de cobertura que tienen las personas varía desde nula hasta de primer mundo y se vuelve una fuente de desigualdad de oportunidades: diferentes accesos a servicios de salud producen diferentes resultados en la salud de las personas y, por ende, impactan su productividad, rendimiento escolar, etcétera. A final de cuentas, las diferencias de acceso se vuelven obstáculos para uno y ventajas para otros.

45 por ciento de las personas cuentan con el seguro popular, pero éstas no tienen una cobertura total; 41 por ciento tienen acceso al IMSS o al ISSSTE con una mayor calidad y cobertura que el seguro popular; el resto se encuentra regado en sistemas estatales y otros incluso no tienen nada. Muchos de ellos se repiten entre sistemas y, en realidad, no terminan usando ninguno, terminan haciendo gastos de bolsillo.

Al final, México gasta apenas la mitad de lo que se supone sería recomendable en salud: se recomienda 6 por ciento del PIB y apenas gastamos 3. En general podemos concluir que el gasto en salud en México es regresivo: funciona para aquellas personas que tienen acceso al empleo formal, el resto enfrenta situaciones muy complicadas.

Para remediar esto el CEEY propone que nos movamos hacia un esquema de seguridad social universal, algo más parecido al modelo nórdico, financiado con impuestos generales y cuyo acceso no esté vinculado al empleo como lo está en el modelo corporativista de hoy en día. La idea que el CEEY tiene y que en buena medida comparte con el economista Santiago Levy es la de otorgar un paquete básico de servicios a todas las personas, darles todos los servicios que hoy en día da el IMSS, un efecto interesante de esto es que ayudaría a eliminar la informalidad y en general sería un factor que favorece la productividad, el empleo y, en el tiempo, al crecimiento económico.

Otra propuesta del CEEY es la de crear un registro nacional de usuarios del sistema nacional de salud para acabar con la fragmentación y asegurar que la administración de beneficiarios de la política pública si reciban los beneficios.

El libro del CEEY es un libro pequeño pero muy interesante, todos los temas que trata son de mucho interés para México en los años que vienen y para esta campaña electoral es una lectura obligada. Vale mucho la pena leer y debatir estos temas, la informalidad, las pensiones, la salud, la educación, todas son partes de una serie de mecanismos que hoy no funcionan bien en México, que son fuentes de desigualdad de oportunidades y de resultados y que debemos componer para asegurar una mejor calidad de vida.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda

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