La nominada de Trump a la CIA promete no reiniciar el programa de tortura

Gina Haspel, la nominada por Donald Trump para ser la próxima directora de la CIA testificó este miércoles frente al Comité de Inteligencia del Senado para ver si le dan el visto bueno a su nueva chamba. La nominación de Haspel corre riesgo por su pasado oscuro —fue agente encubierto— y ha enfrentado varias acusaciones por su participación en tortura. Sin embargo, en contra de lo que se pensaba, la oficial de inteligencia aseguró que “no cree que sirva la tortura” y se comprometió a no reanudar el programa de castigos físicos en contra de los prisioneros de guerra.

En los últimos días, Gina Haspel había ofrecido retirarse del puesto por miedo a las represalias públicas que podría recibir, pero apechugó las críticas y se presentó en el Senado a testificar. Si es ratificada, se convertiría en la primer mujer en tener el puesto más alto en la CIA.

En el evento, había manifestantes dentro y fuera de la sala. Algunos salieron detenidos y pataleando por gritarle a Haspel y a los Senadores cosas como: “¡No premien la tortura!”, “¡Torturadora!” y “¡Gina, la Sangrienta!”.

La controversial agente de inteligencia —que lleva 33 años de servicio— enfrentaba dos cuestionamientos directos. El primero, es su trabajo como líder de una prisión secreta en Tailandia. Esta cárcel, supuestamente era tan brutal que alguna vez torturaron tanto a un sospechoso “que parecía que había muerto”.  Entre las prácticas recurrentes de la prisión de la señora Haspel, estaba meter a la gente en ataúdes, no dejarlos dormir, golpearlos y repartir tehuacanazos a diestra y siniestra.

El segundo de los cuestionamientos involucra la actividad de Haspel en destruir toda la evidencia de sus prácticas de tortura dentro de la misma prisión tailandesa. Según algunos reportes, Gina Haspel desapareció 92 cintas distintas que mostraban las mañas de la Agencia Central de Inteligencia.

“Se que muchas personas alrededor del país quieren saber mi posición en el antiguo programa de detención e interrogación de la CIA”, dijo Haspel sin mencionar nunca la palabra tortura. 

“Quiero ser clara, trabajé en un momento tumultuoso (después de los ataques del 11 de septiembre) y les puedo ofrecer mi compromiso sin reservas que, bajo mi liderazgo, la CIA no reanudará el programa de detención e interrogación”, mencionó la nominada por Trump para dirigir la CIA.


Sobre los videos que se destruyeron, Haspel confirmó que ella no lo hizo. En realidad, según un memo de la CIA, el que decidió hacer todo el chistecito fue su exjefe. Sin embargo, ella confirmó que estuvo de acuerdo con esa decisión, porque tenían información delicada.

Luego le hicieron una pregunta clave para el futuro de la CIA. El senador Mark Warner cuestionó a Haspel sobre qué haría si el presidente le pide torturar de nuevo. Sobre todo, cuando, dice el senador, que Haspel se va a enfrentar con “una Casa Blanca y, francamente, con un Presidente que no está interesado en escuchar y, mucho menos decir, la verdad”.

Haspel respondió que tiene una “brújula moral muy fuerte” y que puede dar su palabra que “nunca llevará a la CIA por el mismo programa de interrogación”.

La nominación de Haspel, en realidad no corre demasiados riesgos. A pesar de las críticas en su contra y de las decisiones que se tomen, Gina Haspel será la nueva directora de la CIA, a menos que pierda el apoyo del Partido Republicano que tiene la mayoría en el Senado. Ahora esperemos que Trump escuche, porque el presidente ha dicho que la tortura sí sirve afirmó que está de acuerdo con atacar a las familias de los terroristas, aunque no tengan ni vela en el entierro.