¿Qué está pasando con el TLCAN?

Por Diego Castañeda

Muchas cosas están pasando en la negociación de TLCAN. En principio, todo parece indicar que la negociación ya puede ser terminada este año por los tiempos de los congresos en Estados Unidos y México; no obstante, muchos avances parecen, paralelamente, estar ocurriendo. La incertidumbre por la negociación crece y el efecto de la misma se siente en el tipo de cambio.

De acuerdo con información que parece haber sido filtrada al Wall Street Journal por alguna de las partes involucradas en la negociación, la parte central del acuerdo pasa por los contenidos de valor de los automóviles, hoy con una regla de contenido de valor del 62.5 por ciento. Estados Unidos demanda una regla de 70 por ciento de contenido regional y 40 por ciento del valor producido en zonas de salarios elevados, con 45 por ciento de contenido de valor en zonas de altos salarios para pick ups y con salarios mínimos de al menos 16 dólares por hora para que se considere “de salarios altos”, algo así como 320 pesos la hora.

México hasta ahora parecía rechazar esta propuesta por considerar que perjudica a las manufacturas en México, haría más difícil que las armadoras compitan en el mundo, encarecer las cadenas de valor podría tener como efecto en el largo plazo que éstas se muevan hacia otras partes del mundo según este argumento.

Lo interesante es que, según esas filtraciones, México estaría dispuesto a aceptar ese arreglo a cambio de que Estados Unidos desistiera en algunas cosas como la cláusula sunset, las restricciones temporales a productos agrícolas y las amenazas de aranceles a vehículos armados en México.

México habría realizado una contra oferta más o menos en las mismas líneas pero con sólo 20 por ciento del contenido de valor en zonas de altos salarios. Algo que en general despierta preocupación dentro de la industria automotriz en México, porque piensan que les será imposible competir en esas condiciones.

No obstante lo anterior, lo más desconcertante que sugieren estas filtraciones es que dentro del equipo mexicano de negociación existen posiciones encontradas. Por un lado, la del canciller que desea cerrar el acuerdo lo más rápido posible (y que en ese sentido habría dado señales o incluso dicho aceptar el acuerdo); por otro lado, la posición de los negociadores técnicos al mando del secretario de economía que no está de acuerdo con aceptar estos términos y desea se prolongue la negociación hasta que se llegue al mejor acuerdo posible.

Lo que preocupa de estas inconsistencias en la posición de México es que siembran mayor incertidumbre en los mercados, industrias como la automotriz pueden pensar que no se negocia para proteger sus intereses, otras industrias pueden pensar lo mismo, Estados Unidos de forma natural puede desconfiar de la posición mexicana o verla como más débil al notar división interna entre los interlocutores de la relación.

Además, no existe claridad sobre dos de los asuntos que más incertidumbre generan y que están trabados en la negociación: la cláusula sunset (que se revise cada cierto número de años el tratado y si no se alcanzan ciertas metas se cancele en automático) y los mecanismos de resolución de controversias.

Dentro de todo, en el drama del TLCAN que dejan ver las filtraciones al WSJ existe algo sumamente interesante que sí debe verse en un tono positivo. Parece que se está llegando a una especie de acuerdo tácito en que los salarios en México deben subir, el debate está en cuánto sería apropiado pero ya no en si deben o no subir. Ésa es una victoria importante si pensamos que el salario del operario del sector manufacturero en México es apenas 10 por ciento el del operario en Estados Unidos o Canadá, pero en términos de productividad son prácticamente indistintos.

Para que los beneficios del comercio se repartan de forma más equitativa, es necesario que los salarios se incrementen, la idea de ser competitivos por tener salarios bajos debe ser desterrada y se debe pensar en fuentes de competitividad verdaderas: innovación, productividad, calidad, no apostar a la maquila sino a la generación de valor agregado. En ese sentido, todo el drama de la negociación puede estar conduciendo a un resultado positivo para el país aunque sea a regañadientes.

Lo que hoy se discute en los círculos especializados y en la prensa parece indicar que existe un muy pequeño margen para llegar a un arreglo benéfico para todos en este año, las probabilidades de que esta negociación se extienda al próximo gobierno son muy altas. Quizá lo mejor, dado la falta de confianza y seriedad que producen las inconsistencias en nuestra posición, es que el próximo gobierno se haga cargo de negociar, parece que cualquiera que fuera el gobierno mexicano se vería obligado a considerar los salarios muy altos, unos obligados porque incluso en media campaña se han pronunciado en contra de incrementos al salario mínimo y otros que parece encontrarán en el aumento una razón para festejar.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda